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NO SE OLVIDEN DE CABEZAS

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José Luis Cabezas fue un trabajador de prensa precarizado asesinado en Pinamar el 25 de enero de 1997. Ésa madrugada estaba cumpliendo la rutina habitual de un reportero gráfico en verano, esa que en la jerga periodística se denomina “la recorrida”: cronista y fotógrafo recorren durante la madrugada diferentes lugares en busca de fotos de personalidades, que luego irán a poblar las “vidrieras” que reflejan ese también precario star system criollo.

Aquella noche, la recorrida de Cabezas incluyó la casa en la que se festejaba el cumpleaños de Oscar Andreani, empresario postal relacionado con el gobierno de turno, entonces liderado por Carlos Menem, y en la provincia de Buenos Aires, por Eduardo Duhalde. Pinamar era una plaza que para ambos dirigentes políticos tenía una connotación especial. Algo así como su punto de resonancia mediática en época de verano. Fue allí, justamente, en la ruta que solía recorrer Duhalde cuando iba a pescar, que apareció el cadáver de José Luis Cabezas, calcinado, con las manos atadas en la espalda y dos tiros en la cabeza.

La noticia apenas ocupó un recuadro en el diario La Nación con el título “Apareció un cadáver en General Madariaga”. En cambio, fue toda la tapa de Clarín, producto de la presión que ejercieron las y los editores de ese diario para difundir el crimen. Comenzaba así la primera gran reacción organizada del gremio de prensa, tras el traumático disciplinamiento que impuso en el sector la dictadura.

La campaña que reclamó justicia por el crimen de Cabezas se sintetizó primero en una frase: “No se olviden de Cabezas”. En las redacciones eso implicó llevar una cinta negra en el pecho, no solo para recordarlo sino para tejer lazos.

Finalmente, el gremio de prensa tomó la frase que en una redacción gritó un compañero de Cabezas: “La peor opinión es el silencio”. Apelaba así a romper aquello que había permitido que la libertad de prensa y el trabajo periodístico se conviertan en blanco de la violencia del poder corrupto. Refería también al auge del llamado “periodismo de opinión”, que en los hechos implicaba hablar sólo sobre aquello que la agenda del poder imponía, y callar lo que gritaba la calle.

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Miedo y sumisión fueron también las armas que dispararon el crimen de Cabezas y hacerlo explícito fue la forma de enfrentar no sólo a quiénes los habían asesinado, sino a las causas que habían generado esos monstruos que actuaban en las sombras del poder, con impunidad y en democracia.

 

La impunidad de poder

José Luis Cabezas había fotografiado caminando por la playa al empresario Alfredo Yabrán, dueño de una empresa postal, quien días ante fuera denunciado públicamente por el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo: “Hay una mafia enquistada en el poder”, dijo Cavallo y señaló al hasta entonces desconocido Yabrán.

Cabezas lo descubrió.

Y así, un desenmascarado Yabrán declaró: “El poder es impunidad”.

La reacción sostenida y solidaria fue la clave que permitió derretir esa inapelable sentencia.

Así también, supimos que a José Luis Cabezas lo mataron sicarios que trabajaban bajo las órdenes de la Policía Bonaerense de Pinamar.

 

Y así, finalmente, fueron condenados el 2 de febrero de 2000, en juicio oral y público:

Gustavo Prellezo, policía, condenado a prisión perpetua. El 23 de septiembre de 2010 fue beneficiado con prisión domiciliaria. Su defensa alegó cuestiones de salud.

Miguel Retana, condenado a perpetua. Enfermo de SIDA, murió en 2001.

Sergio Camaratta, policía de Pinamar, condenado a prisión perpetua. Murió el 3 de abril de 2015, tras una larga enfermedad.

Aníbal Luna, policía de Pinamar, condenado a prisión perpetua.

Gregorio Ríos, jefe de custodia de Alfredo Yabrán, fue condenado como instigador del crimen. Su condena a perpetua cambió a 27 años, que ahora cumple en prisión domiciliaria.

José Luis Auge, condenado. Fue liberado en 2004.

Sergio Gustavo González, condenado a prisión perpetua. Fue liberado hacia febrero de 2006 por reducción de pena a 20 años.

Horacio Anselmo Braga fue condenado a 18 años de prisión y liberado el 25 de enero de 2007.Ese día, seis mil personas se reunieron en Pinamar para exigir justicia por Cabezas.

Alberto Gómez, (a) la Liebre, comisario de Pinamar, condenado por haber liberado la zona.

La última información disponible sobre los asesinos de Cabezas da cuenta de que se revocó la libertad condicional de Auge, González y Braga por haber violado sus términos.

(fuente: lavaca.org)

Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 31/1/18

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