En plena votación de la reforma laboral, la legisladora apareció con unas gafas inteligentes modelo Ray-Ban Meta que incorporan funciones de inteligencia artificial, capaces de grabar, traducir y reproducir audio en tiempo real.
Lejos de tratarse de un detalle anecdótico, el episodio reavivó cuestionamientos sobre la ética y la transparencia en el ejercicio de la función pública. Diversos asistentes señalaron que la senadora habría utilizado el dispositivo como apoyo para leer o recibir indicaciones durante su exposición, lo que abrió un debate incómodo: ¿es compatible el uso de tecnología “asistida” con la responsabilidad de intervenir en un debate parlamentario de manera autónoma y transparente?
Más allá de la legalidad estricta —ya que no existe una prohibición expresa sobre este tipo de dispositivos— el hecho pone en discusión la coherencia entre el discurso político y la práctica. En un recinto donde se exige preparación, solvencia y claridad argumentativa, el recurso a herramientas que permiten “machetearse” en tiempo real debilita la credibilidad institucional y proyecta una imagen de improvisación encubierta por tecnología.
El episodio generó bromas y comentarios en redes sociales, pero también un trasfondo más serio: la falta de reglas claras sobre el uso de dispositivos con inteligencia artificial en espacios de deliberación pública. En un contexto donde la ciudadanía reclama mayor transparencia, la escena dejó una pregunta abierta sobre los límites éticos del uso de tecnología en la política y el ejemplo que ofrecen quienes ocupan cargos de representación.
(fuente: https://primereando.com.ar/)