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Murió en 1974 y sus palabras son, hoy, de rigurosa actualidad

por Celeste Perez                     –

No podía ser de otra manera: la eternidad lo abrazó el día de la Patria. Todos sus desvelos, sus creaciones, sus obras y sus luchas tuvieron un solo destino: la Patria, su grandeza y su felicidad.

Entre todas sus frases certeras y criollas, surge con rigurosa vigencia: “El drama de la Patria enfrenta dos personajes solamente: el pueblo encadenado y la finanza imperialista. Lo demás no cuenta. Cuando están en juego los
destinos de un pueblo, toda reclamación particular perturba y divide. Cuando los enemigos del Pueblo deciden el destino de la Patria, los nacionales necesitamos estrechar filas y dejar de señalar a los costados con acusadores dedos…”. Nuestro límite debe ser encontrar “puntos de coincidencia” para construir la patria en base a sus intereses, que son los del pueblo.

Por eso, frente al avance violento del criterio imperialista, sostenemos un único objetivo que no debe cederse:
“Rehacer la Nación, esa es nuestra tarea y traición es todo
lo que se le oponga… Es forzoso unirse bajo la gran bandera
Celeste y Blanca frente al régimen, alternativamente
democrático o fascista, de los entregadores.”.

Debemos recurrir más a su pensamiento, a su ejemplo docente. Toda
su vida fue pelear por la dignidad popular aferrado a un apotegma:

“Hasta que un día el paisano
acabe con este infierno
y haciendo suyo el gobierno
con solo esta ley se rija:
es pa’ todos la cobija»

En estos apocalípticos tiempos, donde el pueblo resulta el receptor de la quita de derechos y queda sujeto al hambre y a la carencia total de salud y educación, sus palabras y enseñanzas son presente y dolor a diario. Volvamos sobre don Arturo… leyéndolo y aprehendiéndolo.

Encaremos la lucha con fervor y alegría: “…nada grande se puede hacer con la tristeza, desde la ciencia al deporte, desde la creación de la riqueza a
la moral patriótica. El tono está dado por el optimismo o por el pesimismo.

Nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos y los pueblos
deprimidos no vencen ni en la cancha de fútbol, ni en el laboratorio, ni en el ejemplo moral, ni en las disputas económicas.

Por eso venimos a combatir alegremente, seguros de nuestro destino y
sabiéndonos vencedores al corto o a largo plazo”.

Gracias, Don Arturo. Esperamos estar a la altura de sus enseñanzas.

Prof. Celeste Pérez
Rectora del Instituto de Formación Política del P. J. Entre Ríos

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