Por Daniel Oscar Almada –
Hace unos meses, cuando teníamos libertad de caminar, paseaba por mi nuevo barrio cordobés, Alto Alberdi, recorriendo sus calles y leyendo la nomenclatura para ubicarme, me encontré de pronto con el cartel identificatorio de un pasaje cuyo nombre me resultaba vagamente conocido.
Había leído en algún lado sobre este personaje que merecía el nombre de calle y que no era oriundo de esta provincia. Sí, de la mía –Entre Ríos- y recordé: Melchor Lavín, a quien el reconocido historiador y escritor Efraín Bischoff nombró como “el correo de Virrey” (remedando quizá a Miguel Strogoff), publicando como redactor del diario “La Voz del Interior” más de un artículo donde aparecía este personaje. Y me interesé en profundizar más en detalles de su vida como para merecer una calle- No recordaba escucharlo nombrar en los 28 años que viví en La Histórica.
Melchor José (tal su nombre completo) nació en el pueblo del Arroyo de la China el primer día del año 1792, pocos años después que la misma villa, en el hogar de los Lavín/Chaves, personajes importantes de este lugar, apenas 6 años después que su vecino “Panchito” Ramírez.
Siendo aún niño, en los primeros años del 1800, sus padres lo enviaron a Córdoba de pupilo para que estudiara junto a tantos jóvenes venidos de distintas regiones; allí tuvo como maestro al Deán Funes con quien además forjó amistad, lo mismo le ocurrió con nuestro primer héroe nacional Santiago de Liniers que habitaba en ese entonces en Alta Gracia.
Sus estudios parece ser que fueron brillantes en la Facultad de Artes, al punto tal de considerarlo el Rector G. Funes como el “príncipe del curso”. Afirmado esto por Paul Groussac en 1907 en la publicación que hizo en Bs As relatando la vida del Reconquistador de Bs As.
En La Docta se alojó en el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, pero se duda que haya tenido intenciones de seguir la carrera eclesiástica.
Entre 1809 y 1810 viajó a Buenos Aires para seguir estudios en el Real Colegio de San Carlos y llevando cartas reservadas de Liniers al nuevo Virrey Cisneros en las que aquél comentaba algunos rumores de independencia, se dice conoció a hijos del gobernante y otros jóvenes realistas defensores de Fernando VII.
Esto le permitió ganarse la simpatía y confianza del soberano, a tal punto que a medida que se iban desarrollando los acontecimientos de la Semana de Mayo decidió encomendarle al entrerriano, entre la noche del 24 y madrugada del 25 cartas para Gutiérrez de la Concha y Liniers en las que les advertía de la desobediencia civil que se gestaba en la capital del Virreinato y pedía aprontaran tropas y la resistencia en la región de la Córdoba de Tucumán, tenía 17 años.
Como cualquier chasqui; Melchor gastó leguas y caballos siguiendo probablemente la ruta Morón Cañada de Escobar, zonas de Santa Fé, Cruz Alta Esquina de Medrano, Impira, Rio Segundo llegando en la madrugada del 30 en medio de una tormenta, (según lo estudiado por Celedonio Galván en 1944).
Lo primero que se le ocurrió fue ir a la casa de su viejo maestro Gregorio Funes. Enterado el deán del motivo de su llegada fueron a la casa del Gobernador G. de la Concha y se convocó a los vecinos más conspicuos de la ciudad quienes resolvieron comunicar la noticia a “todas las ciudades del reino”.
Recién el 4 de junio llegó el chasqui con noticias oficiales de la Junta de Gobierno patriota y nuevamente se cita a la reunión de notables, esta vez con la presencia de Liniers a quien Cisneros en su carta le pedía ponerse al frente del ejercito de la contrarrevolución, era imperioso recuperar el puerto de Bs As para la Corona.
Allí se produjo un fuerte entredicho entre el Deán y el ex Virrey Liniers, retirándose el religioso, quien, abrazando ya la causa de la Revolución comenzó a difundir versiones que no coincidían con las de las autoridades españolas.
El 8 de junio ante la noticia que la Junta de Bs As enviaba una expedición armada, el Cabildo cordobés pidió que se suspendiera esa maniobra ya que la ciudad estaba en orden y quietud púbica. Las tropas de Bs As igual siguieron marchando-
El 15 de junio los contrarrevolucionarios decidieron cortar toda relación con la Junta, y enviaron comunicaciones al Alto Perú, Mendoza y Montevideo. La Junta calificó de crimen el alzamiento a su autoridad.
Las cosas comenzaron a complicarse en Córdoba, el gobernador expulsó a algunas personas dudosas, empezó a circular una gaceta manuscrita “El duende americano” supuestamente confeccionado por el Deán Funes.
Se llegó al punto que los contrarrevolucionarios debieron abandonar la ciudad, esperando que llegaran contingentes realistas desde el Norte.
De todo estos aprestos fue testigo y protagonista el chico entrerriano, soñaría con marchar al lado de su admirado Liniers a reconquistar nuevamente Bs. As para gloria de España; por otro lado el Deán le advertía que los revolucionarios ya sabían de los planes de Liniers e iban por su cabeza y que su deber de estar del lado de los patriotas por ser criollo.
No lo escuchó al cura y fue el único que escapó con vida en la emboscada de Cabeza de Tigre el 26 de agosto conde fueron fusilados los revoltosos por orden de Mariano Moreno y el pelotón al mando de Juan José Castelli.
Un grave error histórico, Liniers era muy querido por ser héroe de la Reconquista.
Si Melchor fue perdonado o consiguió escapar, se ignora, lo cierto es que pudo llegar al Norte junto a una reducida tropa que había logrado juntar el desdichado Liniers y unirse al ejército español que respondían al Virrey del Perú por los 11 años siguientes.
Luchando a las órdenes del futuro Virrey del Perú general Joaquín de la Pezuela fue escalando en grados militares.
Ya en 1814 accedió al grado de teniente coronel a sus 22 años, logrado por su valentía y fiereza que adoptó cuando los soldados nativos desertaban en masa para unirse al ejército argentino; se sentía obligado a demostrar su fidelidad al Rey de España, bañando con sangre y cuerpos decapitados las ciudades que conquistaba, vencedor o derrotado en su lucha contra las Republiquetas altoperuanas comandadas por Manuel Ascencio Padilla, Juana Azurduy, el sacerdote Muñecas, el Coronel Warnes y otros designados por Manuel Belgrano, las guerrillas de los “Infernales” de Güemes. Se había jurado que por tierra sus enemigos patriotas jamás llegarían al Alto Perú.
El 23 de mayo de 1815 venció a los criollos comandados por Francisco Zuviría en Padcaya (actual Bolivia).
El 14 de octubre de 1816 venció en la batalla de Tarija, siendo Comandante y Gobernador de ella, ante el intento del patriota chileno Francisco Pérez Uriondo de querer conquistarla. Allí se distinguió por su crueldad, entró en Tarija llevando sus soldados atadas las cabezas de los vencidos a las colas de los caballos y provocó una tormenta de fuego al ordenar fusilar a 90 vecinos del pueblo adictos a la causa americana en la plaza principal a la vista obligada de los pobladores.
Como decíamos más arriba el Comandante Lavin estaba convencido que la frontera de Salta era inexpugnable, los enemigos de España no podrían entrar por allí al Alto Perú.
Quizás San Martín tuvo la misma percepción cuando se hizo cargo del diezmado Ejército del Norte, tras las derrotas en Ayohuma y Vilcapugio de Belgrano.
Por otro lado la noticia del triunfo en Cepeda, de su ex vecino de Concepción, Francisco Ramírez derrotando al Director Supremo Rondeau el 1 de febrero de 1820 causó la caída del Directorio y el Congreso Nacional, provocando la anarquía en el nobel país dividido en 13 provincias y dejando sin recursos a los ejércitos nacionales, abandonando al Gobernador de Salta don Martín Miguel de Güemes con su irregular ejército para la custodia de la frontera.
El peligro era ahora el avance de Bolívar desde el Norte y por San Martín desde el sur quien se instalaría meses después en Paracas (al norte de Lima).
Y pronto llegaron las órdenes del Virrey Pezuela, su antiguo comandante, de marchar con su tropa hacia el Océano, concentrándose en Arequipa para luego ir subiendo hacia Lima para defenderla ante el avance del correntino de Yapeyú.
Melchor se despidió de su esposa e hijas y no muy convencido marchó. Una vez llegado a Arequipa, espías que había enviado San Martín logran conectarlo y persuadirlo de apoyar a la misión independentista del Libertador.
En ese momento toma la decisión que cambiaría su vida y su destino, se integra a la Logia Lautaro y se pasa de bando. Inmediatamente dispone a sublevar a su tropa, triunfar y facilitarle las cosas a San Martín. Desgraciadamente la trama fue descubierta por los godos siendo sofocado ese intento revolucionario, puesto preso con algunos de sus hombres y enviado más tarde hacia Cuzco con la denuncia de conspirador donde lo ingresaron a la prisión del cuartel local.
Encerrado allí con otros soldados y oficiales, y haciendo gala de su carisma y leyenda de su coraje y crueldad, exhibida en tantos combates logró seducirlos incluyendo a parte de la guarnición entre ellos el Capitán Villalonga y el Capitán Zamora convenciéndoles de pasarse a la ola libertadora que se veía venir, comprometiéndolos a pronunciarse en la noche del 21 al 22 de marzo.
Otro de los apalabrados era el teniente Vidal, peruano, quien fue elegido para soltar a los presos y oficiales arrestados, a la una de la mañana. Pero los delató y traicionó.
El presidente de la Audiencia de Cuzco Pio Tristán y el Brigadier Antonio M Álvarez, tomaron las precauciones de sorprender en infraganti delito de fuga a los conjurados , de manera que apenas iniciada las acciones, Lavín y Zamora cayeron valientemente y espada en mano, Villalonga se rindió pero fue fusilado por la espalda como traidor.
También cayeron los oficiales Guillén y Salgado, el asistente de Villalonga y el cabo de la guardia de prevención.
En el bando difundido por el general Pio Tristán, español y presidente de Cuzco se declara que José Melchor Lavin fue muerto dentro del cuartel “sindicado por delito de infidencia en la ciudad de Arequipa y venido a ésta (Cuzco) por un fatal destino”. Apenas tenía 29 años.
A lo largo de este relato han entrelazado sus vidas varios personajes históricos de los albores de nuestra Independencia y de alguna manera fueron paralelas con la de José Melchor Lavín, se conocieron entre sí, lucharon en uno y otro bando, sus actos y decisiones influyeron en sus distintos destinos.
Me ilusiona pensar que Melchor y Francisco (Ramírez) corretearon de gurises en las hoy calles de Concepción del Uruguay, en una época en que éstas eran montes.
Güemes y Liniers con los futuros integrantes de la Primera Junta lucharon juntos en las calles de Buenos Aires durante las invasiones inglesas.
Mariano Moreno y Castelli estuvieron a punto de ejecutar a Lavín.
Belgrano, Güemes, Juana Azurduy, Manuel Ascencio Padilla, enfrentando a Lavín, en batallas por conquistar el poder en las fronteras Norte y Alto Perú.
Y por fin la figura inconmensurable del Padre de la Patria, que si bien nunca conoció personalmente al Comandante entrerriano; éste se sintió atraído, atrapado y al fin convencido por la causa libertaria del correntino a la cual se brindó de la manera en que siempre vivió: con coraje, pasión, valentía hasta entregar su vida, tan lejos de su Concepción natal.
El 18 de enero de 1871-El Gobierno del Perú le concedió pensión vitalicia a la única hija que le sobrevivía a esa fecha doña Elena Lavín a los 50 años del fallecimiento de su padre el Coronel Melchor José Lavín “ejecutado por los españoles durante la independencia”.
En su ciudad natal –Concepción del Uruguay- no existen calle o pasaje que lo recuerde, de acuerdo a la recopilación realizada por el amigo Jorge Bonvín y publicada en el libro Calles con Historia editado por la Municipalidad de CdelU Mayo 2019-
En estos dos primeros años de la segunda década del siglo XXI se recuerdan los doscientos de los fallecimientos de algunos de los protagonistas de esta historia:
20 de junio de 1820 fallece Manuel Belgrano
21 de marzo de 1821 fallece José Melchor Lavín
7 de Junio de 1821 fallece Martin M de Güemes
10 de Julio de 1821 fallece Francisco Pancho Ramírez
En C del Uruguay, hay calles, plazas o bustos que recuerdan a tres de ellos, menos Lavín
Una calle de la ciudad de Tacna –Perú- lleva su nombre-(ver mapa)
La Municipalidad de Córdoba ha honrado su recuerdo poniéndole nombre a un Pasaje en el Barrio de Alto Alberdi-(ver imagen y mapa)
¿Habrá llegado el momento que la Histórica lo conozca, rescate y premie su aporte a la causa de la Emancipación Americana?
Bibliografía-
Bischoff, Efraín – Un hombre en la borrasca, El Clamor en llamas-artículos en La Voz del Interior
Paniagua, Guillermo- Pagina 12
Instituto histórico del Perú- Revista Histórica 21
Memoria Militar del General Pezuela – Perú -1955
Junta provincial de Historia de Córdoba-1960
Horacio Villanueva -Simón Bolívar en el Cusco
Canales Ruiz, Jesús- Monografía del Gral. Arenales
Diccionario histórico biográfico del Perú Tomo 1
Balmaceda Daniel – Historias de Corceles y de aceros
Historia General de Chile Vol 10
Urquiza Almandoz, Oscar F Historia de Concepción del Uruguay-
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 11/7/2020

