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LOS CUENTITOS PEREGRINOS DE SUSY QUINTEROS: El mocasín izquierdo

El mocasín izquierdo

A las 9 y 10 minutos, puntual como las sombras que dejan el día, entró al salón la señorita Menéndez, nuestra profesora de historia de ese secundario recién nacido. Sin lograrlo, tratábamos de esconder los temores en el olor de los libros y las carpetas. La temida, una mujer de pequeña estatura, de cabellos muy negros y muy peinados, saludó sin atisbo de sonrisa (no sea que nos tomáramos confianza), y con esa lejanía despectiva hacia los indefensos, se sentó al escritorio que era oscuro, en la silla oscura. Nos miró desde su omnipotencia, una omnipotencia que le daba la autoridad del conocimiento y con esa morosidad de los expertos en hacer sufrir tomó la libreta que tenía sobre el escritorio y la abrió. Acurrucados en los duros bancos, sin posibilidad de desaparecer o dejar de ser el apellido de la larga lista, esperábamos que ella recorriera nuestro destino de la segunda hora de clases. Finalmente y, ya con la amenaza abierta escuchamos el nombre del primer cautivo. Era el de mi compañera de banco. Fingiendo indiferencia ella se puso de pie, acomodó las tablitas duras de almidón de su guardapolvo y se paró en el frente sin dirigir los ojos hacia la señorita Menéndez. Tenía que hablar del Peloponeso y de sus guerras. Nada dijo, ni siquiera el título. Se dedicó a mirar la punta del mocasín de su pie izquierdo que, adelantado sobre el piso histórico del colegio honorífico, se movía de adelante hacia atrás en un recorrido malsano. Absorta en esa ceremonia de bailes repetidos, guiaba al nuevo mocasín recién comprado hacia un futuro de inmediatez que se abatiría otra vez sobre nosotros cuando la exigente llamara de nuevo. Ante la blanca ignorancia la señorita Menéndez dijo: -¡Siéntese Arias, tiene uno!- y el obediente zapato izquierdo volvió a su escondite debajo del pupitre. Después, la indagadora que jamás explicaba y sólo daba para estudiar de la página tal a la página cual, se calzó otra vez los anteojos, acomodó el mechón de pelo que se le escapaba del peinado impecable, y lentamente volvió a abrir la libreta.

 

SusyQ

 

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