Por Ana María Gonzalez –
«Antígona, la necia»: Teatro por los Derechos Humanos, Casa de la Cultura.
La tragedia Antígona de Sófocles fue presentada en el 442 a C. en Grecia, la historia ya era popular como mito desde que Esquilo la escribiera. La temática de una heroína de tragedia dispuesta a morir por sepultar a un hermano, a primera vista parece una historia poco cercana a nuestras vidas, sin embargo, las luchas fratricidas la instalan en el mundo. La historia de la Argentina reciente cuando la última dictadura cívico militar (1976-1983) articuló la maquinaria de exterminio de opositores reales o potenciales y las madres de la Plaza deambulaban en busca del paradero de sus hijos hacen de Antígona una súplica lamentablemente sin fin. Y justamente, ya en democracia, vivimos la extraña circunstancia de la desaparición forzada de Santiago Maldonado en medio de un operativo estatal y del cual no se dan certezas ni se avanza en datos. La obra se vuelve tremendamente actual y su temática nos mira de frente. De esto trató Antígona La necia, texto de Valeria Folini presentado por teatro del Bardo en la Casa de la Cultura.
El miércoles 30, en la Casa de la Cultura se presentó Antígona la necia, unipersonal a protagonizado por Valeria Folini (autora del texto), la dirección estuvo a cargo de Walter Arosteguy. Este proyecto, es impulsado por la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), la Subsecretaría de DDHH de la provincia, la Dirección de Derechos Humanos local y la Dirección de Cultura de esta ciudad. A sala completa un público principalmente joven disfrutó de una obra, pensada para la reflexión y la interacción, se parte del mito griego, se sobrevuela el holocausto nazi y se aterriza en la historia reciente y actual de Argentina.
Las tragedias griegas tenían una finalidad didáctica, generalmente apuntaban a que los humanos no se deben guiar por sus pasiones ni violar las leyes divinas a riesgo de pagar con sus vidas o la de seres queridos. Antígona, hija de los reyes Edipo y Yocasta de Tebas decidió dar sepultura a su hermano Polinices a pesar de que el rey Creonte, tío a cargo del trono, había puesto pena de muerte por traición a la patria a quien lo hiciera, ya que el deceso del mencionado se produjo cuando se enfrentó en lucha por el trono contra su hermano Etéocles y ambos murieron. Lucha fratricida, pero el poder determinó que a la razón la tenía quien ejercía el gobierno y por lo tanto Etéocles tuvo funerales de rey y su hermano como escarmiento por pretensión a usurpar el trono debía pudrirse devorado por cuervos y perros, sin sepultura ni rituales. Antígona desafió al poder político para sentirse en calma con su conciencia, ni siquiera estaba de acuerdo con la subversión de Polinices, pero no le parecía correcta la sanción de Creonte que condenaba a unos de los hermanos a que su alma no descanse porque la no sepultura en sus creencias dejaba al alma penando, esa era una ley divina, es una ley natural que los familiares tengan derecho a una despedida y sepultura digna de sus seres queridos en ese traspaso al mundo desconocido.
La representación se realizó mediante dramatizaciones de escenas importantes de la historia, como la sepultura del muerto y de monólogos de personajes protagonistas del mito, La parte más fuerte es la antítesis que se sugiere entre Ismene, la otra hermana, y Antígona. La primera pretende sin éxito detener a la otra, no se anima a enfrentar las consecuencias de desobedecer la ley, aunque sabe que Antígona tiene razón, le preocupa el juicio social, no quiere ir contra la corriente, admite que no es valiente, quiere disuadir a su hermana, la quiere convencer de que el muerto insepulto no era tan bueno…pero Antígona entiende la cobardía de la hermana no le pide complicidad ni siquiera apoyo, solo le pide que la deje hacer. También interviene Creonte encarando a su sobrina o a su propio hijo Hemón, Creonte es una víctima del deber, no sabe cómo administrar un poder que recayó circunstancialmente en su persona, tiene que ser duro aún sin total convicción, no debe dar marcha atrás para no mostrar debilidad, es el mandatario cuyo ejercicio del poder se basa no en la justicia sino en la demostración de fuerza. Se detiene la autora en el personaje que ejecuta las órdenes de Creonte, un soldado, duda mucho en su actividad, no siente interés en atacar a ser tan respetado como la hija de un rey a quien conoce desde pequeña, entiende que todo se ha desmesurado, pero se siente amenazado si desobedece, se quedaría sin trabajo, seguramente le costaría su vida. Entonces el mandato se ejecuta y Antígona debe morir, es la obediencia debida que colabora con la ejecución de una inocente.
En el mito griego el ciego adivino Tiresias advierte que pedazos del cuerpo y las prendas de Polinices son distribuidos por lo perros a los altares familiares, pero Creonte en su soberbia y cebado por el apoyo del pueblo lo desoye para no cuestionar la ley que el mismo dictó. Finalmente, Antígona muere a causa de que es sepultada viva, su prometido hijo de Creonte, suplica clemencia para su novia cuando la consigue ya es tarde y al encontrarla muerta se suicida. La mujer de Creonte, Eurídice, se suicida también ante el panorama de horror.
A lo largo de la obra se intercalan canciones, alusiones a Brecht o Primo Levi, comentarios acerca del teatro como género e interpelaciones al público a partir de frases fuertes del texto. Las escenas se acompañan con economía de vestuario y finalmente la autora invita al cierre de la obra con debate orientado a la temática de los DDHH, donde se da intervención a quienes promovieron el espectáculo, a saber, la subsecretaría de DDHH, centro de estudiantes de Humanidades, la casa de la cultura, se puso el acento en temas como “Democracia, libertad individual y autoritarismo”. Se eligió la sede uruguayense porque durante la última dictadura cívico-militar la ciudad fue escenario de La Noche del Mimeógrafo, de la que fueron víctimas estudiantes secundarios. Por este caso fue condenado recientemente el represor José Darío Mazzaferri, ex agente de la Policía Federal. “Sostener la memoria fue y sigue siendo la clave para derribar el muro de silencio e impunidad”, señalan desde la organización.
La obra puso la lupa y esto se dio en el debate, en los roles que cumplimos en comparación con los personajes del clásico griego: antigonas son los que exigen justicia los que piden que se respeten las leyes superiores de los dioses no de los hombres, los que se guían por el correcto proceder, no por la conveniencia ocasional. Las madres irrumpen en la obra pidiendo por sus hijos desaparecidos, la obediencia debida y sus planteos morales, las complicidades. Inesperadamente nos superan los acontecimientos del hoy, un Santiago Maldonado a quien se da entidad fantasmagórica, pone al personaje Antígona en un primer plano, un reclamo del derecho a la información al saber qué lo condenó a la ausencia, una advertencia a tragedias futuras hacia quienes tejen velos de silencio encubriendo la situación que no se aclara, ¿por qué lo hacen? Qué rol jugamos ¿somos Ismenes o Antígonas? esa parece ser hoy día la cuestión…
