Por Susy Quinteros –
El señor Eugenio es gentil, con la gentileza bien aprendida de sus mayores. Cada vez que nos cruza, ya sea en la calle, en la vereda o en la entrada, saluda tocando la gorra que siempre lleva en la cabeza, una de esas que usan los españoles, con visera pequeña, que prende adelante con un broche. De lana en invierno, de algodón en verano, nunca lo vimos sin ella y nunca deja de saludar con extrema educación. Bajito y de bigote cano, don Eugenio vive en el consorcio desde hace treinta y un años. Desde que se fundó porque antes los grandes edificios de departamentos se fundaban. Su mujer murió una primavera y todavía viven los tres en el 4º D, el padre y los solteros como los llaman. No quieren casarse, no tienen apuro. Son como el padre, tranquilos, trabajadores y gentiles. Los tres se parecen, en el bigotito, el pelo y la forma de la cabeza. Como don Eugenio ya no trabaja, pasea por el barrio. Es un lindo barrio, con árboles grandes y calles tranquilas. Al atardecer se sienta en la ventana a mirar los techos de los edificios cercanos. –Pensar que antes cuando yo era chico, los pobres vivíamos en una sola habitación y ahora lujosos departamentos se levantan en cada calle— Pero el aire es el mismo o quizás no, pero hay que saludar, eso sí, ser siempre gentil con los vecinos—.