Por Aida “Marisa” Toscani –
La noticia publicada en Revista La Ciudad, referida a las gestiones del presidente de la Municipalidad de Concepción del Uruguay, Dr. Lauritto, es preciso entenderlas como actividades que sólo se logran desde el hacer político. El artículo informa sobre acciones para lograr la continuación de obras tan necesarias como la defensa Norte, como el Plan Maestro de Agua y otras que fueron tratadas con funcionarios provinciales. Frente a esa información que difunde y pone en valor la gestión municipal, mostrando resultados positivos, hay, sobre todo en los últimos tiempos, una campaña feroz de los medios como Clarín y Nación tratando de demonizar la obra pública realizada durante los gobiernos kirchneristas, para desprestigiarlos.
Se menoscaba entonces la obra pública, que es algo tangible, que proclama una acción virtuosa, y se la convierte en el símbolo de la corrupción con la complicidad de un Poder Judicial que juzga sin pruebas válidas.
También se utilizan otros recursos, como una frase muy frecuente en la charla cotidiana y en los discursos de políticos, de técnicos, de analistas, para desprestigiar la gestión de un adversario u opositor. “Los políticos hacen obras para sacarse la foto” concepto que configura una suerte de comodín difícil de rebatir rápidamente, pues no se accede con facilidad a las motivaciones profundas de las personas señaladas. Sumado que, al simbolismo de corrupción, se agrega la idea sobre la motivación, indicando que atañe únicamente a un apetito personal de poder. La frase arriba citada fue el disparador, junto a una foto de políticos cuya gestión había incidido en la construcción del puente Victoria-Rosario, de un trabajo muy interesante de la antropóloga Julieta Gastaña donde explica el alcance perverso de esos conceptos, al conferir un valor negativo a una práctica del hacer político que valorativamente, debería ser muy reconocido y festejado por las personas. Luego agrega: “Su potencia es la falacia de su contenido sustantivo, no tanto por lo que dice sino por lo que hace”. Para mostrar la efectividad del uso de cierto lenguaje en campañas de desprestigio a políticos, relata que el intendente de Victoria, quien había empujado la concreción del puente de manera tenaz, perdió las elecciones a pesar de las ventajas que la obra significó para esa población entrerriana.
El trabajo de Gastaña, se enmarca en una corriente de investigación de las Ciencias Sociales, que busca romper transitados marcos de análisis que definen de manera peyorativa al peronismo. Por este camino, ha tenido enorme peso la definición conceptual de Gino Germani, creador de la carrera de sociología en Argentina, al concluir que la relación entre Perón y los sectores trabajadores se caracterizó por una fuerte manipulación.[1] Si bien la afirmación estuvo avalada por una rigurosa investigación, lo criticable es la utilización que de él hicieron los opositores al peronismo, entre los cuales se encuentran los grupos económicos concentrados y convertirla en ley universal, cristalizarla. Se sabe que una categoría conceptual es abierta, sus conclusiones no son definitivas, siempre está sujeta a discusión. Así fue que frente a esos posicionamientos vinieron otros estudiosos como el caso de Miguel, Murmis y Juan Carlos, Portantiero, discípulos de Germani que lo refutaron y definieron como racional la conducta de los obreros que adhirieron al peronismo. Consideraron que la decisión de los trabajadores constituyó “la elección más adecuada dentro de las alternativas posibles.” Las afirmaciones sostenidas por Juan Carlos Torre, enriquecieron el planteo anterior, al introducir la idea de la importancia de la identificación política de la masa trabajadora con el peronismo, lo cual fortaleció su cohesión como clase, pero que a su vez, en una relación de retroalimentación, sostuvo a ese gobierno. Ernesto Laclau, por su parte, en su análisis sobre el discurso populista, se opuso a la visión académica de amplios sectores, que definen al peronismo como “ambiguo” y por lo tanto como falto de racionalidad. El autor revierte este señalamiento peyorativo y le confiere en cambio un rasgo de “racionalidad propia […] que le permite una adecuación a una realidad caracterizada por su vaguedad e indeterminación […] lo que facilita construir significados políticos relevantes. También, cabe mencionar las apreciaciones de Daniel James, quien otorga preeminencia al discurso articulado por Juan D. Perón, en torno a la dignidad de los trabajadores y a la posibilidad de éstos de ser representados como fuerza social y no de manera individual -tal como postulaba el discurso liberal-, en tanto elementos que permiten explicar la adhesión de sectores obreros al peronismo.
A los académicos críticos al peronismo ya mencionados se pueden agregar Felix Luna, Halperin Donghi, Claudio, Belini, quienes sostienen la característica de verticalidad del Partido Peronista y señalan que esos rasgos se definen por la coacción ejercida por ese gobierno, para disciplinar toda oposición, pues la divergencia se tornaba ilegítima.
Oponiéndose a las anteriores conclusiones Moira Mackinnon, quien estudia el desenvolvimiento del Partido Peronista, explica que “La conformación de esa fuerza desata un proceso muy rico de conflictos de intereses y debates que creó el marco para una intensa participación política”. Así comenzó la búsqueda para descubrir los procesos de discusión y negociación, que le dieron vitalidad a ese espacio político. Lo valioso de esos estudios, fue que incursionaron en una escala abarcativa de lo regional. Ejemplo de esto fueron las obras de Nicolás Quiroga, José Marcilese, Claudio Panella y Oscar Aelo, entre otros. En el caso de los dos últimos, se focalizaron en el gobierno de Domingo Mercante en la provincia de Buenos Aires 1946-1952, lo que posibilitó que se mostrara la calidad de la gestión de este dirigente con sus colaboradores. Para el análisis del Partido Peronista Femenino están las obras de Marysa Navarro, Silvana Palermo Susana Bianchi, Norma Sanchis, Alejandra Barry, Adriana Valobra y otras que describen la lógica organizativa de ese espacio y la eficacia con que lo manejó Evita, que posibilitó el ingreso de la mujer como ciudadana y el abrumador triunfo del peronismo por más del 62% de los votos en 1951.
Se puede concluir entonces que la crítica a los gobiernos populares como lo fue el de Perón y el período kirchnerista, recorre diversos caminos pero con un mismo objetivo: ocultar sus grandes realizaciones.
Enfatizamos aquí la obra pública porque a través de ella se transparenta el uso que los gobernantes dan los impuestos, que se pagan entre todos.
Porque la obra pública se sostiene con una economía en crecimiento y requiere de planificación a largo plazo.
Porque un importante desarrollo de la obra pública caracterizaron los gobiernos del general Perón y de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Esta es la razón por la cual el macrismo en alianza con los intereses de USA busca esmerilar esa realidad tangible.
Sin embargo la Historia al transitar los caminos de la memoria desbroza las alquimias mentirosas, los sujetos pierden sus caretas falsas y los justos ocupan lo principal del escenario. Pero para esto se necesitan investigadores formando parte de su pueblo y defendiéndolo al construir conocimiento.
[1] Gino, Germani; Torcuato, Di Tella; Octavio, Ianni; Marcelo, Cavarozzi; Darío, Macor; Julio César, Tcach; Esta es una lista reducida de autores que sostienen esta proposiciones.