En las últimas semanas se habló muchísimo en Argentina acerca del “mérito”. Mientras que algunas voces sostienen que el contexto socioeconómico en el que nacemos determina en gran medida nuestra prosperidad futura, otras argumentan que el esfuerzo y la perseverancia pueden motorizar el crecimiento de un individuo cuando realmente se lo propone. Hay un lugar de encuentro entre esas dos posturas aparentemente irreconciliables. En líneas generales, una persona que es criada en un entorno económico muy desfavorable tendrá que luchar mucho más que otra que tiene sus necesidades materiales ampliamente resueltas.
En esa línea, celebro los pasos que estamos dando las mujeres en pos de nuestra independencia económica. Según un estudio de Finnovista y el BID presentado el año pasado, a nivel global la proporción de startups fintech que cuentan con una mujer en el equipo fundador es del 7%, pero, en Latinoamérica, el 33% están cofundadas por mujeres.
Este dato es realmente alentador para las nuevas generaciones, sobre todo porque las finanzas y el Real Estate han sido mercados predominantemente masculinos. Y eso tiene que ver, en parte, con un aspecto cultural. Históricamente los recursos económicos de los hogares familiares estuvieron en manos de los hombres, aunque de a poco veamos un cambio gradual. Esa tendencia decantó en un papel más pasivo de las mujeres en las decisiones económicas y financieras.
No es mi intención entrar en largos debates sobre este último punto, sino mirar a futuro y resaltar todas las transformaciones que se están produciendo, aún cuando todavía falta mucho por hacer. La tecnología hoy ofrece instrumentos fáciles y ágiles de inversión, como puede ser el crowdfunding inmobiliario, que permite a una persona entrar en el Real Estate, un sector usualmente reservado para individuos con muchos recursos económicos, con montos muy bajos (1.000 dólares).
Las mujeres tenemos que empezar a familiarizarnos cada vez más con este tipo de herramientas que nos permiten gestionar nuestros ingresos y ahorros con mayor autonomía, así como también involucrarnos en trabajos y emprendimientos que sirvan para impulsar un cambio e incluir a la mujer en el mercado laboral, sobre todo en el mundo de las finanzas.
Quedar estancados en la discusión del mérito no va a resolver el problema. En un mundo cada vez más globalizado, las herramientas tecnológicas están derribando fronteras y abriendo puertas. Eso también es una oportunidad para las mujeres que buscan la independencia financiera.
Fuente: Ámbito