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Feria de la palabra 2023 de Concepción del Uruguay: El vuelo de regreso de Orlando Van Bredam

 

por Ana María González    –

El viernes 6, vaya a saber porqué magia, me tocó presentar a Orlando Van Bredam quien abriera la III Feria de la palabra de nuestra ciudad llamada El vuelo de regreso y dedicada justamente a él. Fue un tiempo mítico en la carpa que pasó volando, apenas una hora, donde el escritor que  partiera en 1975 para Formosa con sólo el título de profesor de Castellano Literatura y Latín como pasaporte, abrió una valija y desmigajó recuerdos con el público, no faltaron risas y lágrimas, la emoción de la vida y  la palabra compartida, esa bien sincera, sin ostentaciones, la que sale del corazón abierto.

Hacía aproximadamente 15 años que Orlando no andaba por la ciudad, fue cuando presentó Teoría del desamparo obra por la que ganó el premio Emecé (2007), lo hizo en el mismo Colegio Justo José de Urquiza donde su adolescencia creció junto a los bustos y árboles del patio. Es escritor de todos los géneros y divulgador de la literatura,  ha recibido premios importantes,  ha sido finalista de certámenes de relevancia, es jurado en certámenes nacionales (lo fue en la primera edición del Certamen Entre Orillas), ha divulgado literaturapor televisión, es invitado siempre al Foro Internacional por el Fomento de la Lectura y el Libro, en Resistencia, la capital de la provincia de Chaco, que organiza Mempo Giardinelli. Es autor de 18 antologías, sigue publicando en redes y escribiendo. Como escritor acepta su doble esencia: su poesía es bien entrerriana, pura paisaje de ínsula verde y su narrativa es más del NEA. En sus relatos cuelga esa perturbación de los seres solitarios o excluídos,  personajes a los que en una cotidianeidad parecida al abandono de pronto algo irrumpe y cambia el derrotero. Pero lo que más le gusta, es la docencia…

Para empezar, entre mis papeles tenía algunas poesías y comencé con Mientras dure la luz. Luego fueron sus datos: que nació en 1952 en Villa San Marcial y que su familia se mudó a Basavilbaso para finalmente fijar residencia en Concepción. Había hecho parte de la primaria en la escuela Avellaneda y terminó en la Escuela Urquiza, frente al rincón de los poetas entrerrianos, a lo mejor fue eso que le incidió en su poesía pero él reconoció que el deseo de ser escritor se le despertó gracias a la colección de libros de la biblioteca escolarcuando leyó La isla del tesoro” de Robert Stevenson, se prometió a sí mismo ser escritor. Y vaya si lo cumplió con obras y premios que le hicieron tocar el cielo con las manos como el Fray Mocho (1982), el Emecé editores (2007), el José Pedroni (1999) y Finalista del Premio Clarín Alfaguara (2007).

Irse en 1975 de Concepción del Uruguay a Formosa fue una bisagra en su vida. Lo que  se llevó en la valija, apenas nada, el título de profesor de Literatura, algunos escritos como el ensayo dedicado a Armando Discépolo, las poesías clandestinas que ocultaba,  porque entonces  se rotulaba de poco hombre al que escribía poemas.

La época del profesorado en la Escuela Nacional Mariano Moreno había sido dorada, tenía los mejores profesores de la provincia, Parodi, Giqueaux, Izaguirre , estuvo en la gloria cuando era estudiante allí, eran épocas de una verdadera  fuga de cerebros que la historia de Concepción del Uruguay  no registró pero ellos dieron luz por el norte y el sur del país. Dijo que nuestra ciudad debiera ser declarada ciudad de la cultura. A Orlando nada lo ataba a esta ciudad que, ahora no sabe si cambió, pero que entonces olía un poco a rancio y él, del barrio de los tanques, no veía opciones de progreso, pocas escuelas secundarias y muchos egresados con el título de Castellano, Literatura y Latín. Volar al norte o al sur, al norte se dijo, porque no le gustaba el frío. Y luego, después de ir al velatorio del padre del amigo, don Esteve,  partió. Oprimido por la realidad del desarraigo, se tomó el colectivo hacia Formosa capital. Allí el panorama laboral no pintaba mejor que en su lejana ciudad, ahora dormía en una pensión donde compartía cuarto con hombres que nada tenían que ver con sus inquietudes,  pero se juró no dejarse derrotar, no iba a volver cabeza gacha. Otro profesor de literatura le recomendó ir a El Colorado porque ahí siempre había trabajo para profesores y tuvo razón, se hizo de horas cátedra y se le dio el silencio y la soledad propicia,“para que la poesía se presentara desnuda y deseable en su piecita de soltero”, mientras,  se fue integrando al pueblo. Enseguida lo sumaron a los lugares que frecuentaba la juventud  allí y se puso de novio con la mujer de ojos amarillos, Gabriela Martínez,  la señaló porque ella estaba presente en la carpa observándolo con la paciencia de ser la compañera de un escritor, esos seres  llenos de ilusiones que no ganan plata con lo que escriben y creen que con su palabra mejoran el mundo. Pero la verdad es que escribe porque no puede dejar de hacerlo, le urge  para ser más feliz  y lo hace bien temprano, en la madrugada a veces. También leyó un poema para su hijo que manejó hasta acá para que él disfrute del paisaje y del regreso. Había encontrado su lugar en el mundo en Formosa, ahí pudo desarrollar su vida familiar,  su talento de escritor  y lo que más le gusta en la vida, enseñar literatura. Todavía enseña en la UNAF, porque es magister en Literatura Iberoamericana (egresado de la UNR), admite que necesita de las aulas y las charlas con sus alumnos.

De pronto eleva la mirada y lo ve al profesor Héctor Izaguirre, “El Flaco”, quien fuera su profesor y lo señala: “Yo quería ser como él, le copié sus muletillas, lo admiraba totalmente”.  Se levantó y se abrazaron largo y se me vino a la mente la historia del hijo pródigo,  pero en  este caso éste no se malgastó el legado del padre sino que lo hizo crecer y abundar ( el sábado le tocaría presentar a su hijo de la literatura, Mariano Quirós). Luego siguió hablando sobre que la poesía es pura intuición,  sentimiento, sensibilidad que no puede enseñar a escribir poesía, sí narrativa,  que escribir novela es como caza mayor, era su objetivo y lo logró. En su Arte poética, que leyó, sintetiza en versos el paradigma que lo ha guiado,“ la poesía como larga conversación, como momento de trepidaciones, noche interminable, hoja que perdió el árbol que crece solo en nuestro pensamiento…donde se ocultan aquellos que hemos sido y que ahora negamos tenazmente, es no solo el entendimiento de los cuerpos sino el rechazo feroz con que aceptamos nuestra vida”,  porque la poesía “sintetiza a la filosofía”.

Dijo que le preocupa la falta de religiosidad del hombre de hoy, narró la génesis de su novela Colgado de los tobillos,(2001)  reeditado por Editorial Fundación La Hendija y también  El retobado: Vida y pasión y muerte del Gauchito Gil (2011), historias que cuentan su  experiencia personal donde Antonio Gil (El gauchito de Mercedes) le hizo sentir su poder y desde entonces es creyente. Cree que la fe es muy importante,  hizo en su casa una biblioteca grande que está custodiada por El Gauchito. No le tiene miedo a la tecnología ni al lenguaje inclusivo, los prefiere a los que usan el castellano con faltas de ortografía. Le disgustan los negacionistas de la dictadura y del cambio climático,  los autoritarios que cancelan,  reprimen,  aconsejan llevar armas, pero “la democracia se cura a sí misma”, aún con sus defectos cree en ella.

Para finalizar leyó un cuento, donde relata que rompió una silla al enterarse que tenía un hermanito, a esa silla la conservó su madre…y el hermano causante de su desolación escuchaba ahora al que volvió y entonces entre lágrimas se abrazaron. Y fue casi todo así, con voz que se adelgazaba cuando se desanudaba alguna emoción, una liberación del tiempo que pasó y la nostalgia por los que ya no están. Y el poeta salió de la carpa seguido  por vecinos, amigas y amigos que quisieron tomarse fotos con él y después se fue a la plaza donde habló de la palabras ante cámaras con el fondo imponente de un día que de por sí era luminoso y ahora más brillante. Nos dejó mucho: la luz de su poesía y la hondura de su palabra, su sabiduría, sus muchas risas, sus lágrimas. Al otro día volvería más distendido revestido de felicidad  su cuerpo delgado, brillantes sus ojos de poeta entrerriano a charlar con su hijo de letras, Mariano Quirós. A la noche, serio, dio un discurso magistral en el auditorio,  sobre la lectura y la palabra, la democracia y sus valores.

Y voló de retorno como ave migratoria a su nido, a su Ítaca, para pasear con el nieto Gael que le pide que apacigue un poco el calor del sol ardiente en El Colorado. Nos dejó mucha sabiduría, palabra poética, fuerza narrativa, lágrimas y sonrisas, calidez del NEA, de esa que comparte con sus alumnos y seres cercanos…Me pregunto qué se llevó de acá, esta vez, en su valija.

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