Históricas

Fantasmas recorren la Argentina

* Por la licenciada Graciela Guerrero (concejal del Frente Justicialista Creer Entre Ríos)  -.

Algunos fantasmas recorren la Argentina desde su alborada. Cosa rara: siempre van en yunta y cada cual se sostiene en el otro que, a su vez, cataliza el desconcierto galvanizando el error.

Uno de ellos es la ingenuidad. Cada argentino tiene escondida en su visión de país, una extremada dosis genética de ingenuidad. Así lo garantiza la didáctica Billiken, con la que nuestra escuela ha vuelto símbolo lo que apenas constituye una visión iconográfica estrecha, volviendo vana la representación perceptible de la idea original.
A la par de la ingenuidad marcha la soberbia, socio sine qua non. Eso que nos hace argentinos por el Che, Gardel o Maradona. Nunca por Videla, Masera o López Rega. Somos el recorte predilecto, por supuesto, hasta que la tragedia nos toca la puerta. Ocurrió en los años previos a 1976, también durante la dictadura y, justo es decirlo, volvió a llamar la atención en los cacerolazos y los cortes de ruta. No es una clase, lo que traería cierto alivio; tampoco una ideología de carácter puro: es una línea del ADN argento, al palo.

La lista es extensa, el resultado semejante

Obligados ahora a elegir entre la ciencia y la política, sin opciones, los argentinos hemos sacado una vez más a la calle nuestra razón indolente, nuestra pereza consuetudinaria. Eso que nos hace quedarnos en casa cuando hay que poner el pecho y salir de vacaciones cuando una pandemia amenaza la vida en serio. Lo peor es que no hay que ir a ninguna parte para toparse con ese individuo: ayer tomaba mate en la plaza o corría por la costanera.
Esa parte de nuestro ADN fue la que provocó el desencuentro de los años de plomo y, aunque algunos jóvenes de ese entonces hayan reflexionado, se hayan cansado o vendido en buena plata su alma al sistema que combatían, lo cierto es que no era de ellos toda la culpa. Su mayor pecado fue la ingenuidad. Aprovechada, claro, por quienes conocían el final de esa asonada y que ahora saben que “no es nesario” matar a nadie para que sus negocios progresen y se afiancen.
Pero junto a los compañeros que ya no están, la estrategia se llevó las empresas más importantes de nuestro Estado. Fijamos la vista en nuestra desgracia más cercana, la de hijos y hermanos, mientras se sentaban las bases para el saqueo que vendría diez años después. Petróleo, gas, electricidad, bancos, acero, líneas marítimas, ferrocarriles, telefonía, se transforman hoy en cuestiones imposibles de explicar.
Quizá por eso la responsabilidad de la acción política se concentre en luchar contra esa porción de nuestro acervo genético. Hacerlo en el marco del recordatorio de quienes murieron por defender una causa, sabiendo que hoy necesitamos que esa presunción se convierta en una evidencia clave, para enfrentar lo que viene.

Fuente: La Calle

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