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Este capitulo del libro «Bajo la Bandera de Artigas» va en recuerdo de esa fecha memorable para los entrerrianos.

por Pablo Stein     –

El arroyo de la China es hoy la histórica ciudad de Concepción del Uruguay, pero sin embargo quienes de verdad hicieron su historia no suelen aparecer en las crónicas que redactan los escribas del poder.
Es que, no estamos nombrando a Pancho Ramírez.
Ni a su madre Tadea Jordán
Menos aún a Delfina su amante.
Tampoco al hijo del esclavista monárquico Joseph de Urquiza, su hijo Justo José tan alabado por los sectores más conservadores de nuestra sociedad.
Nos estamos refiriendo a sus gauchos, a sus pueblos originarios, a los esclavos que supieron rebelarse contra la infamia del poder monárquico español.
 
Joaquín y el Congreso de Oriente
Joaquín era un excelente jinete y además, hombre de confianza de “Ansina”
Por ello fue uno de los chasquis encargados de citar a los delegados para el Congreso de los Pueblos libres que preparaba Artigas en Arroyo de la China.
A caballo partió Joaquín a recorrer todo el territorio oriental que por entonces se extendía hasta Sao Borja.
Cuando llego a esta localidad en el mes de marzo, cruzo el Rio Uruguay y se internó en territorio de Misiones para entrevistarse con Andrés Guacurarí (Andresito). Llevaba consigo una convocatoria para: “Tratar la organización política de los pueblos libres, el comercio interprovincial y con el extranjero, el papel de las comunidades indígenas en la economía de la Confederación, la política agraria y la posibilidad de extender la confederación al resto de las Provincias Unidas”.
Con una circular que entregaba a todos los responsables de organizar en cada lugar las elecciones que se realizarían por asambleas, siendo este tipo de sufragio universal el único en el cual de recomendaba: “Dejar a los pueblos en plena libertad para elegir sus delegados a su satisfacción, pero cuidando que sean hombres de bien y de alguna capacidad para resolver lo conveniente”
El rancho de la Independencia
En un terreno elevado que actualmente ocupa el ejército argentino y una delegación de gendarmería se levantaba un rancho que habitualmente fungía de pulpería.
Un salón bastante amplio, con piso de tierra, techo de paja y paredes de adobe fue elegido como escenario para llevar a cabo el Congreso de Oriente
A medida que llegaban los delegados, iban atando sus cabalgaduras en los palenques que se encontraban frente a la única puerta del establecimiento.
El mobiliario era más que escaso. Algunas mesas rusticas que se utilizaban para las partidas de cartas y unos pocos asientos que no llegaban a considerarse como sillas.
El mostrador se corrió a una habitación que hacía las veces de depósito, una de las mesas se cubrió con una tela roja y en una de las paredes se acondicionó la bandera que, el 13 de enero flameara en el campamento de Arerunguá. La misma tenia las franjas celestes de la bandera de Belgrano, atravesadas por dos listones horizontales rojos.
Diez de Andino, delegado de Santa Fe, José Antonio Cabrera de Córdoba y Miguel Barreiro de la Banda Oriental, llegaron en carruajes. Los caballos fueron desenganchados y luego conducidos a la sombra de un gigantesco ñandubay que se encontraba a unos cien metros de la reunión.
 
29 de junio de 1815
Pasado el mediodía, hizo su aparición José Gervasio Artigas acompañado de su secretario “Ansina”, Manuel Antonio Ledesma y Joaquín.
De inmediato le comunicaron que haciendo uso de las facultades que poseían, los delegados después de algunos debates, habían decidido cambiar las dos franjas rojas horizontales de la bandera, por una sola que de una esquina a la otra la atravesara por completo. Así nació la bandera de Entre Ríos.
Guidai se encontraba afuera y junto a una multitud que se congregó para conocer las resoluciones del Congreso, lentamente se fue acercando a la puerta con el niño Severo en brazos.
Cuando Joaquín paso a su lado, el pequeño extendió sus manitas y alcanzo a tocar a su padre antes de que entrara al rancho.
Se hizo un silencio total cuando pidió la palabra Don José.
-Ya tenemos oficialmente un pabellón, que desde hoy llamaremos “de la libertad” y podemos jurar fidelidad al mismo e invitar a las demás provincias para que en unidad seamos libres no solo de España, sino de cualquier otra dominación extranjera.
El niño Severo ya tiene 3 años, aprendió en el campamento del Hervidero a dar sus primeros pasos y eso hacía a la felicidad de sus padres que había decidido que solo cuando fueran libres tendrían sus hijos.
Ahora están allí, en ese momento histórico y la emoción estrangula la voz de Joaquín en su garganta.
En sus curtidas mejillas corren las lágrimas.
Era el 29 de junio de 1815 y duras pruebas aguardaban en el futuro a los patriotas.
Nuevas traiciones deberán sortear, pero ese día todos apostaron a la esperanza.
 El cuadro que ilustra la nota es obra de Castells, pintor uruguayo.
Exta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 28/6/2024

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