Por Alfredo Guillermo Bevacqua –
Dicen que Dios ordenó a su guardabarrera, que elevara la de ingreso al cielo. Está llegando una Henscheld V, a vapor; iguales a esos colosales monumentos de hierro, oxidados no solo por el ocio de su quietud a la intemperie, también por el avance tecnológico, pero por sobre todo es fruto de la gelatinosa conciencia antinacional de quienes no trepidaron en levantar rieles y desaparecieran pueblos.
Viaja en ese “último tren” Luis Amarillo , para los compañeros de la Cooperativa de Seguros Rìo Uruguay, el querido “Viejo”, que se sumó a un grupo humano lleno de pasión por hacer y compartir. Aportò su palabra sabia y serena; llena de la experiencia de muchos años en el ferrocarril, donde creció su admiración por Scalabrini Ortiz, Jauretche, y todo aquello que se identificara con lo nacional y popular., desde Perón hasta Boca.
Recordaba sonriendo su época de “pantalòn cortito, de un solo tirador”. En Rìo Uruguay se reconoció su capacidad, responsabilidad y compromiso, y fue designado para cumplir elevadas funciones, pero nunca dejó de ser, orgullosamente, un trabajador, identificado siempre con sus compañeros.
La Henscheld, aquella que llegara a la Estaciòn –hoy multieventos-, con dos banderas en la parte frontal –en la puerta de caja de humo-, aturdiendo a todos con sus ronca sirena, va tirando un vagòn, con lo que se lleva “El Viejo”, un montòn de cariño y respeto; se lleva también un sueño incumplido, la reactivación del ferrocarril; y tiene asegurado el recuerdo de quienes lo trataron, compartieron con èl sus tareas y militancia sindical y política. Ha quedado una familia, con su sello: ; hijos que honran sus profesiones.
Era, serena e intensamente bueno, pero murió. Ayer. Tenìa 88 años.-