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Enriquito

Por Eduardo Gradizuela  –  

El muchacho se muestra con la gestualidad segura del que quiere ser (y esa vocación es absolutamente consustancial a la política en general, pero especialmente una demostración de carácter para el que se supone peronista)

Domina la escena entre funcionarios experimentados en el ejercicio discursivo y hasta se permite asumir el rol de amigable anfitrión, sirviendo agua mineral al distinguido panel de oradores que lo acompaña.

No es el funcionario de mayor rango entre los invitados, y sin embargo en la rueda de expositores le corresponde el cierre, que es el turno generalmente reservado para el personaje sobresaliente.

De estampa juvenil –jeans gastados y saco al tono-, Enriquito –como cariñosamente lo llaman los íntimos y como maliciosamente lo tratan (por las espaldas) sus descalificadores-, toma el micrófono y habla como lo que definitivamente es: un político consumado.

Se dirige al auditorio de pie y desde la omnipotencia espiritual, fundada en el generoso presupuesto para agua y cloacas (base fundamental de aspiraciones futuras), evoca a cada intendente uruguayense, con familiaridad, sin impostación.

Dice:

“Tengo cuarenta y cuatro años, pero conocí ABSOLUTAMENTE a todos los intendentes de Concepción del Uruguay”.

Hasta el más encumbrado dirigente de la oposición se lleva una mención elogiosa:

 

“Mario Cafiero, (NR: hoy ya fallecido), me pidió que trabajara con Juan Carlos Lucio Godoy, por todo lo que tenía que ver con el cooperativismo en Entre Ríos y en la Nación”.

Por supuesto, no faltó una mención para el Doctor, con sesgada conmisceración: “Siempre le digo, Pato a vos te sacaron las ganas de hacer política. Primero, la crisis del 2001 y después estos últimos cuatro años…”

Y apelando al eficaz (y festejado) recurso lauritiano de la pícara anécdota, regala un imperdible diálogo entre el viejo caudillo del peronismo uruguayense y la figura ascendente del partido del General, allá por fines de 1987:

“Carlos Scelzi, que había jugado con Vairetti, fue el último intendente de la vieja tradición peronista en Entre Ríos. Busti, con tan sólo 37 años, era gobernador. Y el día que se sentaron a negociar, Scelzi (Enriquito nunca lo nombra por el popular apelativo con el que todos lo conocieran, “al hombre”), le dijo:

–         Quiero todos los cargos en el departamento, quiero manejar Vialidad, quiero manejar la Departamental de Escuelas…

–         Mire, Don Carlos, no puedo, tengo otros compromisos…

–         Mirá, o me das todos los cargos o no asumo la intendencia…

“Y así fue…”, cerró la historia Enriquito (a la misma hora en que el mundo concentraba su atención en el extraordinario fenómeno del eclipse de luna). A su lado lo aguardaba el respetable cardiólogo, firme timón de la administración municipal, para la firma de un generoso convenio.

 

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