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El mundo después de mañana

Por Ana Hernández   –    

Hoy todo es incertidumbre, pero lo único que no tiene discusión en el marco de la pandemia son las bondades del neoliberalismo; la mano invisible del mercado regulando y haciendo equilibrio.

Lejos de un acertijo o una predicción la próxima discusión es discursiva y quien narre o quien se sienta con derecho a hacerlo será decisivo. Ya dice la canción si la historia la escriben los que ganan eso quiere decir que hay otra historia.

La batalla será discursiva y es en la arena de la política, esa construcción de la realidad definirá si emerge el nuevo paradigma. Ya es una confirmación la inverosimilitud del discurso mágico sobre las bondades del neoliberalismo. Instancia que invita a barajar y dar de nuevo. No es pequeño el detalle. Para el análisis del Discurso la realidad no existe se construye. Quien lo haga y ponga el sello determinará si esta “crisis es una oportunidad “como se dice en Oriente o una reafirmación de lo viejo.

No es un nombre propio es un proceso complejo en el entramado social con múltiples sentidos en pugna. Instancia en la que habrá nuevos y nuevas protagonistas; intervendrán sujetos políticos como el movimiento de los feminismos y otro todavía no conformado como tal, y son quienes naufragan en el mediterráneo; los condenados de la tierra como tituló Fanon.

El optimismo en los nuevos tiempos es cuasi obligatorio e imperdonable; se escribieron párrafos kilométricos sobre la puesta en cuestión del capitalismo y su posible muerte, lo cual es poco probable ya que en su génesis siempre estuvo la virtud de regenerarse. Su versión más cruel; la que no tiene rostro humano tiró litros de tinta. Basta una recopilación de las noticias de sus defensores llamando a revalorizar el Estado como órgano regulador de la vida de las personas.

Macron elogiando la salud pública y el conservador Boris Johnson contagiado con rasgos de Churchill y la lista sigue. Ya no causan asombro las postales que recorren el mundo; 110.000 muertes una cifra que cambia todos los días. Manhattan vacía de personas con un hospital improvisado en el Central Park.Pero si sorprende la ausencia de preguntas sobre cómo sacudir la precariedad de este modelo tan impregnado en las trayectorias de todos y todas.

 La ideología es todo y absoluta, no hay nada por fuera decía Althuser.Ésta cala tan hondo que el “establishment” con todo su significante ya viejo sigue vendiendo que todo seguirá igual porque es lo que sabe hacer y venía haciendo. Vende la sensación de lo eterno e infinito. Sin embargo, hay algo que el cumplimiento de la cuarentena trajo es la confirmación que el ser humano puede también ser finito y extinguible. No estamos sobre el mundo, apenas formamos parte del mismo.

“El Coronavirus es el primer eclipse serio del dominio norteamericano, que ya no parece disponer de ninguna idea de Civilización. Queda por ver cómo los países emergentes, los únicos aún capaces de una invención política distinta…” dice Jorge Alemán.

Los emergentes como nos denominan con sus particularidades; el realismo mágico de Márquez que nos representa; los recursos naturales no renovables en su diversidad y el ingenio de sobrevivencia. Con todo ese combo tenemos la oportunidad de apropiarnos de la historia, nombrar categorías propias y transitar el desafío de escribir el propio relato. Dejar de ser hablados para ser hablantes.