CulturaEconomiaNacionalesPolíticaSociedad

El Estado fue condenado a pagar más de $375 millones por una masacre de aborígenes ocurrida hace casi un siglo

El el 19 de julio de 1924, la policía mató a centenares de cosecheros de algodón de las etnias toba y mocoví que se habían declarado en huelga por los bajos salarios

 

Por Mario Vidal

Ésta es una historia que comenzó el 19 de julio de 1924, el día en que se registró una horrenda matanza de aborígenes en el entonces Territorio Nacional del Chaco.

Ese día, ochenta policías nacionales masacraron a centenares de cosecheros de algodón de las etnias toba y mocoví que se habían declarado en huelga por los bajos salarios y porque se les dejaba salir del territorio en busca de mejores horizontes.

La matanza perpetrada a unos setenta kilómetros de Resistencia fue un baldón negro para el gobierno del presidente Marcelo T. de Alvear. Por este hecho, su ministro del Interior, Vicente S. Gallo, fue interpelado durante seis horas por el Congreso Nacional.

“El país reclama justicia y es obligación nuestra aparecer ante el mundo como nación civilizada que castiga a los bárbaros”, dijo durante esa interpelación el diputado Francisco Péres Leirós.

La masacre

Apareció un avión planeando sobre los mismos, como ya lo había hecho un día antes. Al mismo tiempo, en las inmediaciones decenas de policías a caballo echaban pie a tierra, y avanzaban.

Las víctimas fueron enterradas en fosas comunes. Algunos de ellos estaban quemados porque tras el ataque la policía había procedido a incendiar la toldería.

Unos veinte represores invadieron seguidamente la Reducción de Napalpí, palabra que –como una burla del destino- en el idioma toba significa cementerio o lugar de los muertos.

Ese mismo día y lugar, el comisario Roberto Sáez Losa, jefe del operativo, elevó su informe a sus superiores. “La paz, el orden y el respeto a la autoridad han sido restablecidos. Dios guarde a Vuestra Excelencia”, terminó diciendo en su escrito.

La hora de la impunidad

A raíz del tremendo episodio, en uno de los tribunales locales con el número 910/24 se abrió un expediente que llegó a sumar 168 fojas. Lo caratularon “Sublevación indígena en la Reducción de Napalpí”.

La causa estaba en manos del juez Justo F. Farías, pero no por mucho tiempo. El gobernador Fernando Centeno lo desplazó de su cargo y puso en su lugar al abogado “centenista” Juan Sessarego.

El 1 de diciembre de 1924, éste sobreseyó a todos y cada uno de los represores. Su fallo decía: “Se encuentra probado que el Cuerpo de la Policía de Territorios fue forzado a entrar en combate en defensa propia, sufriendo heridos entre la tropa. Por ello, resuelvo: archívese sin más trámite la presente causa, ante la inexistencia de delito”.

Mataron a más de cien indios, entre los que había muchos menoresMataron a más de cien indios, entre los que había muchos menores

El valiente fiscal Jerónimo Cello elevó una nota a Sessarego pidiéndole que no cierre el caso “porque su gravedad ha llamado la atención del país”, y porque además no se había citado a declaración a indios que todavía permanecían prisioneros.

Siendo preciso sacar del medio al molesto fiscal, lo ascendieron y lo enviaron lejos, a Paraná, Entre Ríos.

Así se abrió el camino hacia una impunidad judicial que hasta hace unos días parecía no tener fin.

Al fin, justicia

Transcurrieron setenta y cuatro años de silencio, hasta que en 1998 un libro titulado “Napalpí, la herida abierta” reinstaló el tema en la sociedad y fue tomado como caso testigo para un juicio que era inédito en su tipo en América Latina.

La demanda (que fue rechazada por los gobiernos de los Kirchner como de Mauricio Macri) fue presentada en el 2004 por la Asociación Comunitaria “La Matanza”, con patrocinio de un equipo de abogados.

En febrero pasado, la jueza federal de Resistencia Zunilda Niremperger dictó un desafortunado fallo estilo “sí, pero no”.

Reconoció que hubo masacre pero que no correspondía reparación económica alguna, debido entre otras razones a que la acción prescribió dos años después del hecho, en 1926.

Pero hace unos días la Cámara Federal de Resistencia dio vuelta su decisión y falló en el sentido de que el Estado Nacional debe reparar económicamente “al sujeto jurídico agraviado”. Es decir, a las comunidades indígenas de la provincia en general.

Carlos Alberto Díaz, abogado de la Asociación Comunitaria “La Matanza”, remarcó que este fallo sienta jurisprudencia en tres cuestiones fundamentales relacionadas con otros casos de crímenes de lesa humanidad.

En primer lugar, dijo, sienta una jurisprudencia que va más allá de los pueblos originarios, y consecuentemente es aplicable a cualquier grupo humano víctima de un genocidio.

También establece la imprescriptibilidad resarcitoria independientemente de la penal, aunque no hayan sobrevivido los ejecutores materiales o intelectuales, explicó.

“Finalmente –señaló el referido profesional- da legitimidad a las asociaciones civiles aborígenes para peticionar un resarcimiento no sólo por sí sino también en nombre y representación de todos los integrantes de su etnia”.

Fuente: Infobae

Related Articles

NacionalesActualesEconomiaEntrevistasJusticiaPolítica

Raúl Zaffaroni: «Estamos en un momento de decadencia política»

El reconocido jurista y exintegrante de la Corte Suprema dialogó con Nora...

NacionalesJusticiaPolítica

El durísimo comunicado de la AFA contra los medios que fogonean una «desestabilización institucional»

Emitió un documento para rechazar las versiones periodísticas que vinculan a las...

NacionalesEconomiaPolíticaSociedadTrabajo

Desde que asumió Milei, más de 60 mil personas dejaron de trabajar para el Estado

La mayor parte de los despidos se concentraron en la administración centralizada,...

NacionalesJusticiaPolíticaSociedad

El Gobierno disuelve la ANDIS y transfiere sus funciones al Ministerio de Salud

Lo confirmó el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. “Durante años acumuló toneladas...