
por Roque José Giovenale –
El tradicional festival del Valle de Punilla volvió a pleno, mostrando una vez más su gran convocatoria a la plaza Próspero Molina y a diversos espacios de la ciudad hacia donde la vida festivalera se extendía y parecía multiplicarse en encendidas fiestas populares. El uruguayense Facundo Torresan hizo gala de su destreza en el acordeón acompañando a Nacha Roldán durante la octava luna.
El gran encuentro coscoíno convocó a consagrados como Abel Pintos, (quien celebró los 25 años de su debut en Cosquín), Jorge Rojas, Soledad, El Chaqueño Palavecino, Sergio Galleguillo, Raly Barrionuevo y Los Tekis. No pudo evitar la ausencia de Luciano Pereira, Peteco Carabajal y Los Nocheros, entre otros, pero exhibió y en abundante número a artistas destacados, entre ellos exponentes calificados y en ascenso, tales como; Nahuel Pennisi, Ayhre, Lucio «El Indio» Rojas o Lázaro Caballero. Otorgó el premio Consagración a Juan Fuentes(ex vocalista de Los Huayra) y a Destino San Javier, Eligió a Sergio Fasoli como ganador del premio Revelación.
Adquirió rostro joven con músicos y cantantes de las nuevas generaciones como Maggie Cullen o Marina Gonzáles, abriéndose camino de manera prometedora, e inclusive en la noche de la despedida tuvo la presencia de Milo(Marotti), un niño de 11 años, quien cantando clásicos del género con admirable soltura y dominio del escenario se ganó la simpatía y el aplauso de la multitud. Para completar su gran noche, Milo volvió más tarde al Atahualpa Yupanqui a cantar un tema junto a Abel Pintos. Este niño viene de una infancia particular, recién pronunció sus primeras palabras a los cuatro años, siendo conocido por Abel en un hospital.
Desde los desfiles inaugurales, la versión 63 del festival deparó hermosos momentos.
Numeroso y apretujado público acompañó en el mediodía del sábado 21 de enero el desfile de las agrupaciones gauchas, ¡cuantas familias desfilando! ¡cuantos niños! ¡Todos a caballo! ¡Todos bellamente ataviados!. Allí el payador Nicolas Membriani describió lo que acontecía, encantando con su virtuosismo en el arte repentista. -Improvisa como los dioses- comentaba un admirado espectador.
El atardecer del mismo día, fue el momento del colorido desfile de más de mil quinientos bailarines de muy diversos grupos de danza de todo el país realizando igual recorrido con cálido apoyo de la amplia concurrencia apostada sobre la calles principal.
Las peñas volvieron a ser una gran atracción; «La Fiesta del Violinero»(la de Néstor Garnica), «La Salamanca» y la Peña de Cosquin(peña oficial del festival)hicieron honor a sus buenos antecedentes, A ellas se sumaron, la «Horacio Guarany» en el Club de Ajedrez y otras como la del Chelo Valdivieso, quien viajó desde Concepción del Uruguay para instalarse en Ruta 38 y Elpidio González, donde se dió rienda suelta al fervor peñero y festivalero en horas del mediodía y de la noche.
A partir de las 3 de cada tarde los balnearios se colmaban de músicos, de cantantes, de bailarines, de chacareras, de gatos, de zambas, a orillas del Cosquín que corría mansamente, conformando junto al hermoso paisaje de las sierras toda una postal.
Molinari, un sitio aledaño a Cosquín reunió a gran cantidad de público en la tarde de los cantores del monte, con Lucio «El Indio» Rojas y Lázaro Caballero como figuras ampliamente convocantes.
En otra tarde para recordar, «La Callejera», festejando sus 20 años en Cosquín junto a Juan Abregú y otros artistas, atrajeron e hicieron bailar a una multitud en la plaza de la familia cercana al mítico río.
«El Patio de la Pirincha, un espacio alternativo, intimista y contestatario tuvo entre otros momentos imperdibles, el de la presencia de José Luis Aguirre, cantante de Traslasierra, quien fuera, años atrás, ganador del premio Revelación del festival.
Sentimos alegría y orgullo de uruguayenses al ver a Facundo Torresan en el emblemático escenario acompañando a Nacha Roldán en la octava luna, noche del sábado 28, haciéndonos recordar sus incursiones en ediciones anteriores, en especial, aquella en que acompañara a Yamila Cafrune. Por su parte, Nacha, figura del folklore litoraleño con largo recorrido, tras su actuación recibió el Premio -Nelly Omar- a la trayectoria de parte de la organización del festival.
Siempre polémico, no sería Cosquín si no lo fuera, tuvo en el Pre-Cosquin como ganadora en el rubro pareja de danza estilizada a la integrada por los hermanos Ezequiel y Facundo Posse, quienes por consecuencia adquirieron el derecho de lucir sus virtudes en el festival, constituyendo un hecho, quizás sin precedentes, muy celebrado por unos y paralelamente criticado duramente por otros. Al culminar su baile con un beso en la boca, multiplicaron fuertes reacciones en uno y otro sentido
Como un plus infaltable en la previa de cada octava luna, una marcha ambiental hizo escuchar sus planteos en pleno corazón de la ciudad.
Cosquín, como sucede cada año, mostró la actualidad del folklore y puso de manifiesto muchos aspectos de la realidad cultural y social de los argentinos.
Reunió artistas y público de todo el país, en agradable clima de encuentro, y como si esto fuera poco, nos mostraba para emocionarnos, a una pareja de bailarines japoneses danzando sobre el Atahualpa Yupanqui al ritmo de «joyas» de nuestro folklore y en otro sitio a una joven polaca entusiasmada con la música chamamecera, aprendiendo a dibujar pasos de su danza.
Con cientos de banderas de Córdoba(rojas, blancas y celestes) agitándose en toda la plaza, ofreció un anticipo del festejo de los 450 años de la capital provincial fundada el 6 de julio de 1573 por el español Jerónimo Luis de Cabrera.
La gran fiesta coscoína estuvo cargada de momentos para atesorar por siempre, sin saber de pausas hasta el cierre de Abel Pintos ante una plaza repleta en la noche del domingo 29, marcando un final, no deseado aún y demorado por músicos y bailarines en peñas como la Fiesta del Violinero o La Salamanca, hasta las 6 de la mañana del lunes.
De Cosquín se puede contar poco o mucho, todo jamás! Así es de extenso, enorme, múltiple, inabarcable y a la vez sorprendente por su brevedad, hace sentir a tantos apasionados que los nueve días y las nueve noches se pasan -volando-, dejando la sensación de ¡Oh…ya termina!, cuerpos cansados, corazones felices y miles de almas prometiéndose volver en la próxima edición.



