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EL 22 DE ABRIL DE 1996 MORÍA EL SACERDOTE HERNÁN BENÍTEZ, CONFESOR DE EVA PERÓN.

Sacerdote, escritor, docente, militante peronista, confesor de Eva Perón, colaborador de las revistas Rebeldía y Cristianismo y Revolución.

Mereció el Premio Nacional de Filosofía y fue autor de interesantes trabajos sobre Ernesto Guevara y el cura guerrillero Camilo Torres en los que intentó conciliar el cristianismo con el socialismo.

En su libro «El precio de mi traición» relató cómo había pagado su amor por la causa del pobre, su traición a la oligarquía, a la orden de los jesuitas, de la que fue separado debido a sus opciones políticas.

Había nacido en 1907 en la localidad cordobesa de Tulumba.

Procedía de una familia dueña de tierras en el norte de la Provincia de Córdoba en la cercanías de esa localidad, pero extrañamente su padre se cansó de la vida en el campo y terminó cediendo las tierras a los puesteros para instalarse en la ciudad capital de Córdoba donde se estableció con un almacén de Ramos Generales.

Así contaba Benítez su vida en la ciudad de Córdoba en los años infantiles: “Mi padre era el dueño de la Artística en Córdoba, allí se vendían desde cuadros hasta maquinarias. Murió en 1915 de una pulmonía doble, y mi madre me internó en el Corazón de María dos años, el 16 y el 17, como a mis hermanas, que fueron a las mercedarias. En verano no íbamos a Tulumba, porque mi madre era enemiga de la gente de allí. No podía pasar a los tulumbanos, le chocaban muchísimo. Mi abuelita y tía María no decían una palabra, pero debía dolerles terriblemente que a los chicos, quienes nos idolatraban, nos llevasen a Pilar de Río Segundo, quedando la casa solariega vacía de vacaciones”.

Desde muy chico tuvo la obsesión de convertirse en jesuita, a tal punto llegaba su decisión que a los 12 años escapó de su casa para incorporarse a la Compañía de Jesús, al mes siguiente su hermano Enrique siguió su camino. En tanto su madre y sus hermanas se instalaron en Buenos Aires.

Antes de cumplir los 21 años debió enfrentar a su madre en los tribunales ya que ella quiso retirarlo de la Compañía, pero como el Juez decidió de manera favorable a los deseos de Hernán pudo seguir con la que era su vocación, cuando escuchó la decisión en el juzgado se acercó a su madre y le dijo después de darle un beso: “Te gané, vieja”.

En 1944 las autoridades eclesiales le pidieron que predicara los sermones de Cuaresma, los que eran transmitidos por Radio Belgrano, la tarde del Viernes Santo una mujer lo observaba desde atrás del vidrio, al finalizar con su sermón se le acercó emocionada, Benítez se enteró que se trataba de una artista que trabajaba en el radioteatro de la radio, la mujer le dijo que necesitaba realizarle una consulta y le preguntó dónde podía atenderla, la actriz le dijo que era urgente y quedaron en encontrarse el domingo a las 16 horas en el Colegio El Salvador.

Benítez no se presentó al encuentro y la dejó plantada. A mediados de 1945 Benítez concurrió a entrevistarse con Perón a su departamento de la calle Posadas, cuando se despedía Perón le anunció que su esposa quería conocerlo, Evita entró y le dijo: “Usted me conoce de Radio Belgrano. Me citó al Salvador. Y me dejó plantada ¿No se acuerda? Claro que si yo hubiera sido una Anchorena…”

En repetidas oportunidades Evita le recordó su incumplimiento, sin embargo, siempre lo hizo con amabilidad y como además tenía razón, Benítez nunca respondió, éste recordaba el incidente: “Quien me hubiera dicho que pocos años después, aquella pobrecita niña a la que planté por no apellidarse Anchorena moriría en mis brazos, convertida en figura mundial. Y el día en que muera yo, si alguien publica mi muerte, dirá sólo estos: ‘Ha muerto el confesor de Eva Perón’. La brizna de nombre que deje en el mundo, si dejo alguna, la deberé a quien dejé plantada en el Colegio del Salvador…”

(fuente:  Pensamiento Discepoleano)

 

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