por Guillermo Cichello    –

 

“Mire doña Soledad, póngase un poco a pensar,

qué es lo que quieren decir con eso de la libertad”

Alfredo Zitarrosa, Doña Soledad

 

I) Narremos una serie de acontecimientos que ocurrían con los estibadores en los primeros años del siglo XX en los puertos argentinos. El detalle se lo debemos a la pluma y la observación que Juan Bialet Massé realizó en los puertos desde San Nicolás aguas arriba hasta el Colastiné, en la provincia de Santa Fe. Recordemos que Bialet fue el enviado oficial del gobierno del presidente Julio Argentino Roca para que elaborara en 1904 el famoso Informe sobre el estado de la clase obrera, recorriendo 14 provincias argentinas. No quiero abundar en sus conclusiones sobre el grado de desnutrición y las pésimas condiciones en las que los criollos llevaban adelante sus extenuantes jornadas por una paga miserable. Menciono solamente que su informe fue una de las piedras fundamentales para una legislación laboral moderna y más justa en nuestro país, derecho que tardó años y enfrentó tenaces resistencias patronales. El trabajo de Bialet Massé bien podría haberse titulado Informe sobre el estado de la clase empresarial argentina, porque sus observaciones no sólo describen las condiciones del trabajo obrero, sino –y sobre todo- las características de una elite patronal tan carente de interés nacional, tan renuente a tributaciones, tan hija de la prebenda y del subsidio estatal y con un grado de codicia que la degradó al ejercicio de una crueldad impiadosa con los trabajadores y con el territorio, muchas veces depredado sin perspectiva de futuro.

Pero volvamos al puerto y a los estibadores porque, como se dice, el diablo está en los detalles. “Las bolsas primitivas eran de 50 o 60 kilogramos” –escribió Bialet Massé. “El envase es caro, para economizarlo se fueron agrandando poco a poco, y se llegó así a pasar de 100 kilos hasta 110 y 112, y si no se pone coto iba en camino de llegar a los 200, aunque hubiera en cada carga quedado el tendal de estibadores”.  Todos podemos imaginar los duros trances de aquellos hombres sometidos a jornadas de 10 o 12 horas, los desgarros musculares, las hernias y las compresiones vertebrales, los esfuerzos cardiovasculares extremos. Si la ciencia ergonométrica actual no recomienda levantar manualmente más de 20 o 25 kilos de forma repetida, podemos hacernos una idea de lo que significaba aquel ahorro en el costo de las bolsas.

“Los estibadores se apercibieron” –continúa el informe- “de que la economía se hacía sobre su sangre y protestaron; no fueron oídos, acudieron a la huelga, y al fin se ha llegado a que el peso máximo sea de 70 kilos”.

Pero ¿cuál fue entonces la respuesta empresarial ante ese laudo?  “No crea Vuestra Excelencia” –le escribe Bialet Massé al presidente Roca- “que los patrones cumplieron lealmente lo convenido; pidieron una prórroga para dar salida a las bolsas grandes que tenían, y que no se acababan nunca. Parecían brotar como los cereales, hasta que al fin los estibadores se negaron a cargar ni una bolsa más ni por un kilo más. Es preciso haber estado en el asunto para darse cuenta de todos los ardides que emplearon los patrones para lograr la prolongación de aquello”.

 

II) Esta situación de explotación de los obreros portuarios no era excepcional, sino la constante en las observaciones que Bialet realizó en las estancias, los obrajes, los ingenios, la zafra, las minas, las caleras, los ferrocarriles, las bodegas y los talleres, las realidades laborales de lavanderas, costureras y planchadoras. Notemos también que este es el momento histórico que la administración Milei añora como Edad de Oro de la Argentina: una economía centralmente basada en la obtención de materias primas, ganadas con una lógica productiva brutalmente abusiva. Notemos que la reforma laboral sancionada recientemente –presentada como “modernización laboral”- busca reponer aquellas condiciones de principios del siglo XX.

“Lamentablemente nuestra dirigencia decidió abandonar el modelo que nos había hecho ricos y abrazar las ideas empobrecedoras del colectivismo” –ha dicho y repetido el presidente Milei, y en esa clave debe entenderse no sólo su rumbo de gobierno, sino el verdadero sentido de la palabra libertad: la desregulación, la abolición de cualquier norma que limite la acumulación de riqueza o que la encauce respetando la vida de los que la generan y los bienes naturales del territorio nacional.

Aquel modelo que había hecho ricos –tan similar al promovido hoy- se lograba con el lomo de los estibadores, verdaderos deslomados de la historia laboral argentina.

Cuando uno escucha esa palabra en la boca floja del jefe de gabinete del gobierno nacional, Manuel Adorni, invocando su derecho al traslado de su esposa en el avión presidencial, su alojamiento en sitios lujosos y sus cenas glamorosas costeados con fondos públicos, ya que ha ido a deslomarse cinco días a Nueva York, recuerda a aquellos trabajadores portuarios y le vienen ganas de depositar una de aquellas bolsas de 100 kilos sobre su pobre espinazo y presenciar así una de sus tan audaces conferencias de prensa.

 

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