La cuarentena sirvió para muchos de excusa para reencontrarse con la lectura. Según una encuesta privada, el 45% volvió a leer durante el confinamiento, sin embargo esos números no se traducen en el sector de las librerías que apenas comercializan el 30% de sus productos en comparación a los primeros meses del año.
Pero así todo, ante los nuevos hábitos, los números de las librerías siguen en rojo. Los negocios más chicos y denominados “comercios de cercanía” fueron los que más rápido pudieron adaptarse a la nueva coyuntura. Si bien en la mayoría de los casos los locales no cuentan con páginas de ventas, utilizan Instagram, Facebook y hasta WhatsApp como ventana al público para buscar nuevos clientes. “En general son los mismos dueños los que hacen los repartos porque hay que tener en cuenta que un libro tiene en promedio un precio de $900 y el envió ronda los $300 por lo que no es rentable si hay que terciarizarlo”, indicó al respecto Pampin.
Otro canal que utilizan algunos libreros para comercializar sus productos es el sitio de Mercado Libre. “Analizando el periodo comprendido entre el 27 de julio al 10 de agosto versus el mismo periodo 2019 la categoría de “Libros” registró un aumento en unidades vendidas del 176%”, detallaron voceros de Mercado Libre.
“A través de la pandemia se modificaron muchísimo los hábitos de compra. Si bien ya contábamos con las redes sociales, cuando tuvimos que cerrar nuestras puertas, al principio las ventas se daban sólo por redes sociales”, contó a este diario Tamara Cefaratti dueña de la librería Vuelvo al Sur, en Parque Patricios. “Si bien al ser un negocio de barrio nosotros atendemos el público, estamos vendiendo un 50% de lo que vendíamos antes de la pandemia”, explicó. Es que si bien están dentro de los negocios habilitados a funcionar, no lo están haciendo al 100% “tenemos horarios reducidos y solo permitimos el ingreso de dos personas al local”, describió.
La venta online vino para quedarse en todos los rubros, aún así, para los libreros es esencial conservar el local con las puertas abiertas. Vender un libro tiene otros ingredientes, como la recomendación y el pasar un buen rato eligiendo entre autores. “A pesar de las redes sociales, nosotros queremos que vengan al negocio, por todo lo romántico que tiene el trato entre en vendedor y los clientes. No queremos que se pierda la esencia de nuestro negocio”, agregó Cefarratti.
“Hoy las más beneficiadas son las librerías barriales que cuentan con poco personal o están atendidas por sus propios dueños y sólo tienen que pagar el gasto del comercio abierto. “Yo sola me encargo de la librería y soy yo misma quien hago los envíos en el barrio. Sin embargo muchos vienen a buscar el paquete al local. Las ventas a través de los canales digitales nos ayudan a sobrevivir este contexto pero no logramos equiparar los números previo a la pandemia”, concluyó Cefaratti.
Fuente: Ámbito