por Pablo Stein –
Que después de un enfrentamiento armado muchos de los vencidos fuesen pasados por las armas, lamentablemente se había hecho costumbre, pero el fusilamiento de soldados propios fue una distinción macabra practicada por Justo José de Urquiza y debemos retroceder un poco en la historia para encontrar las razones de tan extraño proceder.
No tan enemigos
Si se tienen las mismas o al menos muy parecidas ideas sociales y políticas, las enemistades que aparecen en la escena pública, no son más que distracciones para acarrear militantes a filas propias y aunque aún aparecen por virtud de los falsificadores de la historia, a poco de investigar comprobaremos que el enfrentamiento entre Mitre y Urquiza nunca paso más allá de los fuegos artificiales entre ellos y que sin embargo costaron miles de vidas inocentes.
Aunque resulte difícil de creer, el caudillo federal (Urquiza)y el unitario (Mitre) eran socios que reportaban ante el mismo jefe (las Logias masónicas)
El papel de las Logias
La masonería presentada como factor de progreso, en realidad encubría muy bien las disposiciones de las potencias imperialistas gobernantes en el siglo XIX (Inglaterra y Francia)
Muchos esforzados patriotas la sirvieron ingenuamente y nunca buscaron beneficios personales al hacerlo y esto lo demostraron en la ejecución de muchas obras que dejaron al país, pero no puede decirse lo mismo de quienes se reunieron el 18 de julio de 1860 con el Consejo Supremo presidido por el Comendador General Roque Pérez.
Fabián Onsari que tuvo a su vista los archivos secretos de las Logias, relata que esa noche participaron: Domingo Sarmiento de la Logia “Unión del Plata”” Santiago Derqui, de la “Confraternidad”, el general Gelly y Obes, Bartolomé Mitre (“Confraternidad) y Justo José de Urquiza de la “George Washington”.
Se comprende claramente entonces, la entrega de Pavón y luego la guerra contra la naciente República del Paraguay que molestaba el desarrollo capitalista de Inglaterra, nación a la cual los reunidos esa noche rendían pleitesía a cambio de participar en sus negociados.
La noche de navidad de 1864
Fue una noche que lleno de vergüenza a los entrerrianos.
El Comandante Tamandaré bombardeaba Paysandú desde su nave de guerra y el General Venancio Flores sitia por tierra la heroica ciudad. Son 16.000 enemigos contra unos 700 que comandados por Leandro Gómez resisten el asedio.
Esa trágica noche don Mariano Osorio, marqués de Erval y servidor del Imperio brasileño, aliado a Inglaterra, se entrevista en el palacio San José con don Justo José y al vil precio de 13 patacones cada uno, le vende 30.000 caballos, dejando a 15.000 jinetes entrerrianos como simples infantes.
Paysandú resiste hasta el 2 de enero y luego vendrán los fusilamientos de Leandro Gómez y su gente. Fue la batalla previa a la guerra de la triple alianza y necesaria para vencer la oposición del gobierno Blanco (Federal) que se oponía a la guerra contra Paraguay.
Fusilando a su propia gente
En abril de 1865 Mitre recibió la noticia que su antiguo “enemigo” Justo José de Urquiza le ofrecía su colaboración para enfrentar al Paraguay. El ministro de guerra de Mitre era otro de los masones reunidos aquella noche de 1860, el general Juan Andrés Gelly y Obes.
Urquiza recurrió al engaño para reunir tropas en el campamento de Calá,
Recuerden que había vendido toda su caballada al Imperio del Brasil y pese a ello y en convencimiento que se lucharía una vez más contra los porteños, fueron llegando los federales entrerrianos montados en sus propios caballos.
Además, se agregaron los batallones “Entrerriano” y “Urquiza que estaban encargados de la seguridad y al mando del jefe Político de C. del Uruguay, el coronel Pedro Melitón González y todos los “vagos” que tuvieran penas por cumplir por delitos menores.
Sin embargo, cuando partieron al mes siguiente rumbo al norte y al llegar a la altura del arroyo Basualdo en el departamento de Feliciano, límite con Corrientes, el 3 de julio de 1865, se produjo la deserción masiva de los soldados que comprendieron el engaño y se negaban a enfrentar al hermano pueblo paraguayo.
Urquiza que no dormía en el campamento, sino en la estancia de Gregorio Castro cuando retorna al campamento comprueba que más de 3.000 de sus hombres se han marchado y recurrió a fusilar a su propia gente para frenar las fugas que sin embargo se siguieron produciendo razón por la cual decidió licenciar a todos los soldados y hacer una nueva convocatoria.
Siguen los fusilamientos
Urquiza volvió a reunir “voluntarios” en Yuquerí, pero fueron llegando de a pie esta vez
Fueron unos 6.000 y nuevamente se produjo un desbande en arroyo Toledo en el departamento de Federación el 8 de noviembre por lo que Urquiza volvió a emplear el único método que conocía, fusilando a su propia gente cuando no obedecía sus órdenes.
Finalmente, solo logro embarcar unos 750 soldados que fueron los entrerrianos que participaron del genocidio del pueblo paraguayo.
Cientos de verdaderos patriotas fueron fusilados, pero no se revindican sus nombres, ténganse en cuenta al momento de repartir méritos porque ellos son los verdaderos héroes de la patria.
Y nunca olviden que: El pasado, siempre explica el presente.
Bibliografía consultada:
Atilio García Mellid; “Proceso al liberalismo argentino”, Ediciones Theoria; Bs. Aires; 1957
Bernardo Horacio Salduna; “La rebelión jordanista”; editorial Dunken; Bs. Aires; 2005
Beatriz Bosch; “Historia de Entre Ríos”; Editorial Plus Ultra; Bs. Aires; 1991