Primera parte
Por Angel J. Harman –
Quienes nacimos en la década de 1950 conocimos una Argentina muy diferente a la actual. Me refiero a los aspectos sociales, pues existía una amplia ‘clase media’, mientras que no era desmedida la riqueza del sector de mayores ingresos. Por ejemplo, en la provincia de Entre Ríos había pobres, pero éstos podían acceder a los alimentos básicos y a la educación pública. La marginalidad era insignificante en relación con la realidad que se vería en el país desde la década de 1980.
Por otra parte, la emigración rural en la provincia de Entre Ríos era un fenómeno que se vivía desde la crisis de 1930 y que continuó con oscilaciones en las décadas siguientes, en particular como consecuencia del nuevo ordenamiento legal para arrendamientos y aparcerías rurales (ley nº 17.253 sancionada en abril de 1967, durante la dictadura encabezada por Juan Carlos Onganía). Esa emigración se dirigió hacia los centros urbanos y a otras provincias argentinas, en las que existía oferta laboral en la industria, el comercios y servicios. También existía una emigración de jóvenes hacia los centros universitarios, y muchos egresados no regresaban a nuestra provincia.
Fueron las políticas económicas antiindustrialistas y la inequitativa distribución del ingreso, aplicadas después de 1975 las responsables de la pobreza y marginación que han caracterizado a la Argentina desde hace más de 40 años. En forma paralela, en esa etapa crecieron el trabajo informal y el delito.
* Distribución del ingreso en Argentina:
Hacia 1950 se alcanzó el punto de mayor equidad histórica, el 50 por ciento de la riqueza para los trabajadores. Y hacia 1974 también se volvió a dar una participación muy elevada. Pero, en estos 60 años la evolución fue muy inestable, y la participación de los trabajadores fue descendiendo bruscamente hasta bajar a su mínimo en 2003, con un 20 por ciento, para recuperarse en estos últimos años, pero sólo en forma leve. Por otra parte, en 1974, la población del Gran Buenos Aires por debajo de la línea de pobreza no pasaba del 5 por ciento. En 2002, los pobres llegaban al 53 por ciento.
Consecuencias de una política económica: hacia 1990, en nuestro país sólo el 18 por ciento de la población estaba bajo la línea de pobreza, era el más equitativo de la región. A fines de los ’90 ya ocupaba el cuarto lugar en equidad. En 2002 ya había descendido al octavo puesto y muy pocos países lo superaban en desigualdad.
* La “clase media” argentina en la pendiente: “(…) Pero ciertamente la década del ‘90 significó una fragmentación muy grande de la sociedad argentina en todos sus estratos sociales. Se produjo un gran quiebre en el mundo de los sectores medios, parte de ellos se vieron empobrecidos y otros beneficiados. A partir de eso las características de todo lo relativo a la vida cotidiana también se vio fragmentado, incluso los consumos culturales y los valores de esos sectores.” [Ezequiel Adamovsky, “La identidad de clase de los sectores medios surge de contextos políticos”- Ciclo de Entrevistas Conicet, Publicado el 30 de noviembre de 2012]
⊛ La etapa 1976-1983
– Industrias con caídas en su nivel de actividad y en su participación en el producto industrial: En primer lugar se destaca el sector de maquinarias y equipos que entre 1970 y 1990 disminuye su actividad a una tasa anual del -1,6 %. Esta caída es de tal magnitud que en 1990 produce menos de la mitad de bienes que a mediados de los años ‘70. De esta forma no sorprende que su participación actual en el producto industrial sea menor al 20 %, mientras en su pico de 1977 había sido del 31,6 %. Con igual comportamiento se observa a un conjunto de industrias asociadas al consumo y a la construcción, como son los textiles y confecciones, maderas y muebles, y minerales no metálicos.
– Los empresarios centraron sus reclamos en la necesidad de solucionar sus críticos problemas de endeudamiento. Hacia mediados de 1982 se establece un sistema de financiamiento de mediano plazo de las firmas basado en tasas de interés reguladas que asociadas al creciente ritmo inflacionario, provocó una verdadera “licuación de los pasivos” de las firmas y un fuerte alivio a las instituciones financieras. Asimismo, con la implantación de seguros de cambio el Estado se hizo cargo de la mayor parte de la deuda externa del sector privado.
– Asociado al fuerte proceso de concentración económica, la participación de las remuneraciones en el ingreso nacional, cae permanentemente (del 45 % en 1974 al 32 % en 1990, con el incremento notable del porcentaje de hogares pobres (del 8 % en 1980 al 27 % en 1990). Esta regresividad en la distribución del ingreso se vio profundamente complementada por la caída per cápita y mala asignación de los gastos sociales que condujeron al deterioro global de los servicios públicos, afectando sobremanera a los sectores de menos ingresos. Estos, están imposibilitados de acceder al “costoso” Sector Privado, que se potencializó como alternativa a los prestadores públicos.
– El estancamiento de la ocupación industrial se produce en el contexto de desarticulación en la formación de recursos humanos, una caída en la calidad de vida de la población y la aparición de problemas estructurales en el mercado de trabajo.
– El incremento del grado de subutilización de mano de obra fue primero suavizado por el efecto del trabajador “desalentado” por la baja de salarios y el incremento de la informalidad. A medida que la tendencia se profundizaba se verificó un notable crecimiento de la tasa de desocupación (del 4,2 % en 1974 al 7,4 % en 1990) y de la tasa de subocupación (del 5 % en 1974 al 9 % en 1990). De esta forma el mercado de trabajo no estructurado se convierte en “refugio” con una fuerte disminución relativa del trabajo formal. Dentro de este último, se produce a su vez una pérdida de importancia del empleo industrial, con un incremento de la “terciarización de baja productividad” en los sectores de servicios. El conjunto de estos cambios tienden hacia una “desalarización”, con el incremento del autoempleo y el cuentapropismo.
En 2012, las fortunas sumadas de los 40 más ricos del país totalizaban 34.790 millones de dólares, equivalente al 8 por ciento del Producto Bruto Interno y casi el 85 por ciento de las reservas del Banco Central. ¿Cómo ha sido posible esto? Entre otras razones, debido a que la herencia y su tratamiento impositivo es uno de los temas menos mencionado cuando se habla de construir una estructura tributaria más progresiva. Esa ausencia puede concluir en que nunca se aplicó esa carga impositiva en el país. Sin embargo el Impuesto a la Herencia existió hasta 1976, cuando fue eliminado por una Ley impulsada por el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martínez de Hoz. En cambio, se ha mantenido un régimen impositivo regresivo e injusto, que hace que quienes tiene menos ingresos paguen más impuestos (por ejemplo: impuestos al consumo).
Para fines de 2016, la brecha entre el ingreso familiar promedio del diez por ciento de los hogares más pobres y el diez por ciento más rico llegó a 18,7 veces en el último trimestre de 2016. De modo tal que la porción correspondiente al 10 por ciento más rico de los hogares es mayor que la suma de los ingresos del 60 por ciento de la población; en consecuencia, el 20% más rico se apropia del 48,4% de la renta.
⊛ El 10% más rico de la población obtiene un tercio de los ingresos totales, mientras que el decil inferior obtiene sólo el 1,2 por ciento, según datos dados a conocer hoy por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Esto implica una diferencia de 25 veces, equivalente a un 2500% (Datos del Indec: 2017).
© Ángel J. Harman