¿Es difícil educar niños felices? En las últimas décadas, y gracias al cambio de roles en la figura de la mujer, resulta curioso ver como está apareciendo un nuevo fenómeno que podría describirse casi como “el síndrome de la mala madre“. Es fácil de comprender y estamos seguros que más de una de nuestras lectoras se verá identificada.
La mujer de hoy no solo aspira a tener una buena carrera profesional, a disponer de independencia económica, una buena pareja que la comprenda, un grupo social de amigos con los que identificarse. Dentro de este complejo círculo, se encuentran también ellos: los hijos. Lo más importante de su vida, pero a los que, de algún modo, tiene la clara sensación de no dedicarles todo el tiempo que desearía.
Es entonces cuando surgen las dudas ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y si no estoy atendiéndoles lo suficiente? ¿Y si estoy cometiendo algún error? Todo ello, les lleva en ocasiones a padecer lo que se conoce últimamente con el “síndrome de la mala madre”.

¿Cómo podemos educar niños felices en medio de esta sociedad tan exigente, en la que habitualmente, no tenemos tanto tiempo como deberíamos? Te damos una serie de claves que pueden servirte de ayuda, ya seas padre, educador, o una madre que piensa, erróneamente, que no está siendo una “buena madre”.
1. Para educar niños felices, ayúdales a tomar decisiones
Es posible que no puedas dedicarles todo el tiempo que te gustaría. Tienes un horario de trabajo determinado y a veces, no llegas a tiempo a casa para hacer con ellos los deberes o para salir a pasear un rato. No importa.
Si tienen algún problema, no lo resuelvas por ellos, ofréceles estrategias y consejos para que lo hagan por sí mismos. Para educar niños felices hemos de conseguir primero que sean responsables de sus propios asuntos, dándoles medios con los cuales, afrontar esos pequeños problemas cotidianos.
Hazlo con cariño, preocupándote, pero ofreciéndoles autonomía. Si se equivocan en alguna ocasión, jamás los reprendas o los sanciones.
Ayúdales y enséñales que en la vida también hay fracasos y que de todo se debe aprender. Es necesario también que vayan gestionando el importante concepto de la “frustración“.
2. Ofréceles autonomía dentro de unos límites

La educación empieza desde el momento “cero” del nacimiento, y recuerda, es cosa de dos. Los dos progenitores deben estar de acuerdo en qué pautas educativas hay que aplicar, delimitar qué se va a permitir, qué horarios establecer, qué prohibir y qué negociar.
Los niños deben saber desde muy pequeños que en casa, como en la sociedad, hay unos límites que debemos respetar, y cuanto antes lo sepan más seguros se van a sentir, por que van a saber a qué atenerse en cada momento. Una vez establecidas las normas, ofreceremos derechos, y todos los derechos se negocian y se dialogan.
Es importante, además, que ofrezcamos a los niños una autonomía adecuada según sus edades. Es un modo de que puedan sentirse capaces y seguros de sí mismos, teniendo siempre nuestro apoyo y nuestra orientación en cada momento.
Ofréceles siempre tu confianza, dialoga antes de sancionar, escúchales antes de reprenderles y habla, habla todo lo que puedas con ellos. Que jamás te vean como a un enemigo.
La autonomía es un factor clave en la educación de los hijos. A medida que pasan los años sentirán que gozan de un pensamiento propio y querrán tomar sus propias decisiones. Será positivo dejar que sean ellos quienes comprueben si su decisión es acertada o incorrecta. Muchos padres, por miedo a que sus hijos sufran, tienden a sobreprotección sin percatarse que los están mermando en su capacidad de aprendizaje.
3. Nunca intentes compensar el tiempo que no puedes pasar con ellos

Es un error que cometen muchos padres y madres de hoy en día. Al no poder pasar con ellos todo el tiempo que nos gustaría, acabamos cayendo en el recurso fácil de compensarles con un regalo, con un juguete, con ese videojuego que siempre piden, con esa tableta, con ese móvil… Es un gran error.
Compénsales con “calidad” de vida. El tiempo que estés con ellos, que sea siempre el mejor, el más sincero.
Así que no dudes en hacer cosas juntos con ellos, en jugar, hablar, cocinar, pasear… Cierra el móvil y ríete con tus hijos, sin preocuparte en si eres o no eres el padre o la madre “perfecta”. No importa, hay mil formas de ser un buen progenitor y todos nos valen para educar niños felices.
4. Inteligencia emocional
Educar a nuestros hijos desde que son pequeños en inteligencia emocional será, sin duda, un acierto. Recordemos que la inteligencia emocional, como describe Daniel Goleman “es la capacidad para reconocer los sentimientos propios y los de los demás, motivarnos a nosotros mismos, para manejar acertadamente las emociones, tanto en nosotros mismos como en nuestras relaciones humanas”.
Fuente: lamenteesmaravillosa.com