La suerte de la República de Entre Ríos fue efímera. A la muerte de Ramírez, Ricardo López Jordán, que se venía desempeñando como comandante general de Entre Ríos, ocupó el lugar de aquél.
Aconsejado por su ministro Cipriano de Urquiza, intentó una política de paz con los gobiernos de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Pero la tentativa fracasó puesto que estos gobiernos coaligados habían sellado el destino de la República de Entre Ríos: tanto ella como su gobernante, López Jordán, debían desaparecer. El entendimiento de los gobiernos de Santa Fe y Buenos Aires con Lucio Mansilla, que era porteño, no constituía un misterio para nadie. La actitud de éste con respecto a Francisco Ramírez así lo había demostrado. Por ello no puede extrañar su participación en los sucesos que sobrevendrán después de la desaparición del Supremo de Entre Ríos.
El 23 de setiembre de 1821, Mansilla desconoció la ya maltrecha autoridad de López Jordán quien en actitud pacifista, se retiró al centro de la provincia. Hereñú recibió orden de perseguirlo y el propio Mansilla avanzó hacia Nogoyá, desde donde dirigió una proclama cargada de severos calificativos contra el jefe entrerriano: «Paisanos y compañeros de armas – expresó – no hay para el hombre un día más grande que aquel en que se ve libre, tal es el que os ofrece hoy el ejército combinado, a la destrucción de una administración tan mezquina como arbitraria, encabezada por el supuesto supremo don Ricardo López Jordán, que por muerte de su hermano se creyó heredero de mandaros, sin vuestra voluntad».
Mientras Estanislao López se hacia cargo del gobierno de Entre Ríos, Eusebio Hereñú destrozó en Gená a la vanguardia jordanista a las órdenes de Gregorio Piriz, el 20 de octubre de 1821. Quedaban fieles a López Jordán dos de las mejores espadas del supremo: Anacleto Medina y Gregorio Piriz. Pero la derrota del Gená, más los pronunciamientos de Corrientes y de Misiones en favor de la disolución de la República de Entre Ríos hicieron insostenible la situación de López Jordán, quien junto con Cipriano de Urquiza y algunos otros jefes, cruzó el Uruguay y se asiló en Paysandú.
Sin embargo, el Congreso entrerriano reunido en Paraná, el 8 de diciembre, procedió a elegir gobernador de la provincia al propio López Jordán. La reacción de Estanislao López no se hizo esperar. Indignado ante el alzamiento, aconsejó a Mansilla: «No hay que pararse en los modos y las formas legales». La presión fue demasiado fuerte y el Congreso entrerriano rectificó la elección del día 8, designando, cinco días después, como gobernador provincial, al coronel Lucio Mansilla. Ricardo López Jordán quedaba, así, definitivamente desplazado.
No obstante esta situación, y apoyado ahora por los portugueses, el hermanastro de Ramírez no cejó en su propósito de hostilizar al gobierno de la provincia, tratando de promover una revuelta que le devolviera el poder. De inmediato, Mansilla puso el hecho en conocimiento del gobierno de Buenos Aires, el que le remitió armamento para que pudiese dominar a los insurrectos. Junto a Cipriano de Urquiza y a algunos jefes militares, debió emigrar a la Banda Oriental, donde permaneció por casi dos años.
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(fuente: Historia de Concepción del Uruguay del prof. Oscar Urquiza Almandoz, Tomo I)
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 24/9/2020