Por Susy Quinteros

 Un cambio de colegio puede resultar beneficioso si los alumnos no estaban bien en el sitio al que iban, pero puede afectar el desarrollo de su personalidad si el cambio es impuesto. El cambio repercute de distinta manera según la edad. En los adolescentes juega un papel fundamental por la pertenencia al grupo y la identificación con los amigos

 

 Cambiar de escuela

El cambio de escuela depende de los niños y de las circunstancias. Hay situaciones en las que un cambio es altamente recomendable; por ejemplo si ha sido maltratado por cualquier razón en el lugar al que concurría, por medio de agresiones o discriminación, como suele suceder bastante más seguido de lo que se supone. En algunos casos se los discrimina por ser de otro país (bolivianos, paraguayos, coreanos, japoneses, gitanos), y en otras situaciones cuando los niños tienen alguna característica diferente, también los compañeros pueden convertirlo en blancos de “cargadas” o simplemente aislarlos.

El cambio de escuela repercute de distinta manera según la edad. No es lo mismo un cambio en el jardín de infantes, que en el primario o el secundario

 

En la adolescencia

En la adolescencia el cambio suele resultar más traumático. Si los alumnos pertenecen a un grupo de afecto hay mucho sufrimiento porque el proceso de identificación es muy fuerte (adónde va uno van todos). La mayoría no elige una orientación por el área de los intereses sino que juega de manera preponderante lo que harán los demás integrantes de los grupos en los que participan. En la adolescencia es fundamental el contacto con sus pares. Esa relación hace al logro de su identidad, identidad que evolucionará hacia la adultez. Los cambios son más fuertes en esta etapa porque pierde al grupo de pertenencia, salvo que los vínculos no hayan sido buenos con los docentes o con los mismos compañeros. Si han sufrido discriminaciones o agresiones el cambio es bueno para ellos.

 

Un cambio no deseado

. Sacar a un chico del colegio contra su voluntad, ya sea por cuestiones disciplinarias, por razones económicas o por cambio de domicilio, significa descontextualizarlo y puede generarles inestabilidad emocional. Puede ocurrir que desarrollen nuevos mecanismos de integración, pero hay efectos no visibles del cambio que pueden traducirse en violencia, en adicciones u otras patologías. Los que van a una nueva escuela en contra de su voluntad, lo hacen con resentimiento hacia el sistema y desarrollan una conducta difícil, cuyo origen no es fácil de identificar.

 

Si quiere ir a otro colegio

 Cuando es el chico el que quiere ir a otro lugar, el impacto psicológico es positivo, ya que abandonará una situación de disconformidad diaria, de bajo rendimiento y hasta en ocasiones de mala relación con los docentes. Los chicos piden un cambio de colegio cuando hay razones, de lo contrario no desean ir a un nuevo lugar. Hay que analizar esas razones que lo afectan, que no lo dejan estar cómodo en el aula, ya que las horas que se pasan dentro de la escuela no sólo son de aprendizaje sino también de convivencia. A veces los directivos o las maestras operan también como discriminadores con fuertes exigencias o con sanciones desmedidas.

 

Desde los padres

Es imprescindible que hablen con los hijos explicándoles con claridad los motivos del cambio, cuando ese cambio obedece a las razones expuestas, para que pueda aceptar la separación del grupo de pertenencia. A su vez es importante también que los padres no sientan culpa, ya que sólo ellos pueden ponderar si ese cambio es inevitable. Cuando la familia participa en la búsqueda del nuevo lugar, los niños se sienten partícipes de la nueva elección y sufrirán menos el desarraigo.

Desde la escuela

Las escuelas deben estar atentas al ingreso de los nuevos alumnos para que  asimilen de la mejor manera el cambio de lugar,  de compañeros,  de maestros y de los directivos. Sería oportuno un “acompañamiento psicológico” en una primera etapa que les permita una integración positiva.

Los cambios no deberían ser dramáticos porque se cambia todo el tiempo en todos los órdenes. La vida es un cambio permanente. Es necesario poner en la balanza las pérdidas y las ganancias para seguir adelante.

La escuela ideal

No existe la escuela ideal, está hecha por seres humanos, a ella concurren seres humanos y por lo tanto siempre habrá conflictos. Pero sí podemos pretender que la escuela sea tolerante, que se pueda acordar con los padres, que haya cercanía. Tienen que tener un objetivo familiar, también objetivos religiosos y  económicos comunes.

Si los padres deciden solos, no se cumple el objetivo familiar.

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