Por Juan Martín Garay (*) –
Existe una expresión conocida como “el hilo de Ariadna”. Con dicha frase uno se puede referir a las observaciones y apreciaciones, argumentos o deducciones que, luego de relacionados, se entiende pueden conducir con facilidad a la solución práctica de un problema del que parecía no tener salida.
Proveniente de la mitología, se cuenta que Ariadna, hija de Minos, ante la llegada de Teseo a Creta para matar al Minotauro y liberar a su ciudad, se enamoró de él y le brindó una espada junto a un hilo de oro. Con esos elementos ella pretendía que él le diera muerte al Minotauro y paso posterior pudiera salir del intrincado laberinto. Porque el problema residía en que ingresar al laberinto era muy peligroso, pero salir mucho más, e incluso considerado hasta imposible. Consumado el hecho de terminar con el Minotauro, Teseo se valió del hilo que le dio Ariadna para poder salir, y pudo hacerlo porque a medida que iba ingresando al laberinto lo fue desenrollando para no perderse en el regreso. El “hilo de Ariadna” le sirvió así de guía para encontrar la salida una vez que dio muerte al monstruo.
Los conflictos y la anomia
La sociología, se dice, nace con Augusto Comte, quién había vivido la Revolución Francesa y anhelaba por sobre todas las cosas “lograr el orden social debido a que la revolución había provocado un gran desorden”. Al decir de Comte: “ni revolución, ni restauración, solamente orden social y progreso social. Solo en la medida en que no se alterara el orden”. Su lema fue conocido como “orden y progreso” (el mismo que se encuentra en la bandera del Brasil), pero en el sentido que considera solamente a la sociedad capitalista como capaz de lograrlo. Esta tesis de Comte fue continuada por Durkheim y otros sociólogos clásicos.
Durkheim introdujo una nueva palabra al mundo del estudio social, la anomia. Para este sociólogo, una sociedad puede desplegar no solo un grado de solidaridad, sino también todo lo contrario, un grado de anomia. Así, nos habla de anomia social cuando identifica ciertos “momentos en el que los vínculos sociales se debilitan y la sociedad pierde su fuerza para integrar y regular adecuadamente a los individuos, generando fenómenos sociales que hacen inestables las relaciones del grupo, impidiendo su integración”.
Esta concepción se caracteriza por sostener una idea “consensualista” o “funcionalista” de la sociedad. Donde se la entiende como un organismo humano en que cada miembro cumple una determinada función que beneficia al acto social en sí mismo. En consecuencia, la idea social básica es la del orden, concibiendo al conflicto social y al enfrentamiento de intereses sociales como una enfermedad, como algo patológico que se debe suprimir. Para esta concepción, “todo elemento que no cumpla una función deseable” es considerado una “disfunción social” y por ende es necesario suprimirlo.
En nuestro país, ¿podemos concluir que estamos en una especie de “anomia social” en los términos sociológicos de Durkheim?, pareciera que la respuesta a este interrogante sería afirmativa. Pero como dijo una pensadora contemporánea, “lo dejo a tu criterio”.
El laberinto
“El hilo de Ariadna” nos tiene que servir para poder encontrar ese “hilo” que nos permita salir de este laberinto social en el que nos encontramos y del que no podemos encontrar la salida así como está dado. Pensemos que el Minotauro argentino es el propio boicot por el que nos autoflagelamos de manera cíclica y constante como un problema real que se presenta a la vista de todos y que sigue sin resolverse. Por el contrario, se agrava cada vez más.
El Rabino Alejandro Avruj nos interpela con suma claridad cuando expresa que “la vida no es una tragedia griega. A veces nos perdemos en nuestros propios pasillos, olvidamos adónde nos llevaba el hilo y equivocamos la puerta. Pero somos nosotros, en el final, quienes tenemos las llaves de nuestro propio laberinto. El hilo de Ariadna es el que une el ser que somos y el que podemos ser. El alma que tenemos y a las que estamos enlazados. El Misterio interior, con la belleza del mundo. Nuestros pensamientos, con nuestras acciones. Nuestros sentimientos, con nuestras palabras. Lo genuino del ser, con ese amor que nos hace saber que lo tenemos todo”.
La salida de este laberinto la podremos encontrar mediante ese “hilo” o bien saliendo hacía arriba como solución pragmática. Tenemos que dejar de recorrer esos oscuros caminos que nos aislan y enfrentan permanentemente, paralizándonos también con el temor generado por ciertas acciones. No nos acostumbremos al conflicto que agobia y cansa al conjunto de la sociedad, pues las heridas que esto genera perduran en el tiempo y no nos permiten construir entre todos una comunidad organizada.
Por el sentido social y humano que nos caracteriza como seres sentipensantes, para poder utilizar nuestro propio “hilo de Ariadna” que nos deje salir triunfantes del laberinto social en el que nos encontramos por este tiempo, las aspiraciones de un mañana esperanzador son un gran estímulo que nos permiten pensar en un futuro con orden, progreso y justicia social, sí, pero fundamentalmente con inclusión social, sino no nada tiene sentido. Con “todos adentro”, sin exclusiones de ningún tipo. Como el amor de Ariadna por Teseo, busquemos nuestro “hilo”, lo necesitamos.
(*) Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Concepción del Uruguay desde el 2019. Presidente de Bloque Concejales del PJ 2017-2019. Presidente Comisión Hacienda y Presupuesto 2015-2019. Decano del Colegio Mayor Universitario de Santa Fe 2003-2004.
(fuente: La Calle)