De esa forma, desde el CEPA concluyeron que no se trata de «más impuestos a la clase media» sino que «los gravámenes a la riqueza sirven para limitar el aumento de la desigualdad«, teniendo en cuenta que en Argentina «solo 440 personas poseen entre el 6,5% y el 9% del patrimonio nacional». Y agregaron: «El 83% de los bienes los tienen afuera, ya que la riqueza es offshore».

El viernes, la Secretaría de Hacienda publicará el resultado fiscal de octubre. Pero, teniendo en cuenta lo ocurrido hasta septiembre, se observó que la dinámica de gastos e ingresos se vio fuertemente afectada por la pandemia. Por un lado, los ingresos sufrieron el impacto de la caída de la actividad económica, de la dificultad por parte de hogares y empresas para pagar las obligaciones y de las propias medidas de Afip para aliviar esa carga. Por el lado de los gastos, el Gobierno hizo un esfuerzo fiscal extraordinario por la vía del IFE y el ATP.

Así, los gastos crecieron al 70% nominal y los ingresos al 22% nominal, en el período pandémico, lo que generó un déficit primario de entre 6,5% y 8,3% del PBI. Un número histórico. Prácticamente en su totalidad, ese rojo fue financiado inicialmente por el BCRA, que mediante Adelantos Transitorios y Transferencias de Utilidades, entre el 20 de marzo y hoy, le envió $1,5 billones al Tesoro.

Si bien el gasto fiscal se realizó principalmente en IFE y ATP, una vez que la los beneficiarios comenzaron a realizar gastos para sobrevivir, esos pesos se fueron moviendo hacia los sectores de más riqueza.

Por eso, un impuesto extraordinario a los más ricos tiene un potencial para volver a captar esos pesos que hoy presionan sobre las distintas cotizaciones del dólar.

Por Mariano Cuparo Ortiz

(fuente: Bae Negocios)