Por Ana María González –
Seguramente las dos teníamos la idea en danza en nuestras cabezas, en alguna reunión la habíamos planteado sin encontrar el eco deseado. Coincidíamos en la necesidad de mayores reconocimientos para las mujeres que roban tiempo a su multiplicidad de actividades, para pensarse y escribir.
Corría enero de 2020, la pandemia todavía era un problema lejano en tiempo y espacio y aunque el calor sofocante derretía entusiasmos nos reunimos con Marga Presas en la Rys. Pizza y cerveza de por medio analizamos posibilidades, hablamos detalles y consideramos que era una buena idea organizar una convocatoria dirigida a mujeres que escriben, ahí fijamos los lineamientos y pensamos en que Bien pudiera ser era un nombre adecuado para el llamado.
Así pensamos que sería, además de una catarsis, una posibilidad de dejar registro poético de mujeres que atravesamos esta época de cambios y dar apertura a esta bisagra que nos interpela.
Buscamos ser sencillas en el formato requerido, en épocas de flexibilidad de géneros literarios, y en no limitaciones etarias o por antecedentes culturales o profesionales; nos decidimos entonces por una convocatoria abierta y no por una competencia: era lo ideal (un certamen hubiera significado armado de tribunales de expertos).
Como destinatario, pensamos en todas y todes, para que tengan espacio tanto personas con un recorrido literario como las que se animan a publicar por primera vez (sean jóvenes o adultas). Es decir, crear un espacio donde expresar lo que el complejo mundo femenino encierra tanto en lo personal, lo colectivo, lo ancestral, lo actual y urgente, así como también poder homenajear a mujeres valiosas.
Nos pareció necesario el respaldo de instituciones abiertas a esta problemática, que son muchas, pero acudimos a las más cercanas: AGMER Uruguay, ALQUIMISTAS 222 y la Secretaría de Mujeres, Diversidad y Género de Concepción del Uruguay.
Luego del lanzamiento por redes y medios locales, recibimos diecinueve trabajos enviados tanto desde nuestra ciudad como desde Colón, Gualeguaychú, Gualeguay, La Plata y hasta de Mar del Plata.
Lo que se lanzó como una aventura y una utopía nos descubrió que es quizás una necesidad abrir espacios a quienes necesitan vivenciar a través de la palabra las angustias, luchas, sueños y esperanzas de mujeres muy otras entre sí y tan hermanas a la vez.
Si hablamos de las vivencias, tanto en prosa como en poesía, muestran generaciones distintas, experiencias diferentes, paradigmas disímiles, estilos, poéticas muy, muy particulares y ni qué hablar de las temáticas.
Hay textos que hablan de las luchas por los derechos que las mujeres del mundo emprendieron durante siglos con optimismo; otros son historias cercanas o sabidas sobre acoso sexual, maltrato, violación, la lucha colectiva de los pañuelos verdes, también homenaje a mujeres artistas o admiración ante la propia deconstrucción.
Otras mujeres manifiestan el placer de por fin jugar al fútbol y hacerlo con orgullo sin la mirada desaprobadora tanto de hombres o mujeres mismas empecinadas en sostener el patriarcado con más fuerza y vehemencia que los propios hombres.
Se expresan luchas interiores y poéticas, las intramuros de conversaciones solapadas, las nuevas de las plazas, calles, tribunas y megáfonos: coloridas, con farolitos, murgas, cantitos, perfumes o con la música de Miss Bolivia…
Sobre las mujeres que escribieron podríamos hablar de profesiones: estudiantes de derecho, de literatura, de psicología, de ingeniería civil; profesoras de literatura, psicología, francés, de lengua y cultura italiana; ex directivas de instituciones; de trabajadoras: amas de casa, abogadas, dueñas de blogs, coordinadoras de agrupaciones culturales o sociales, en tribunales, organizadoras de eventos, psicoanalistas, artistas plásticas, escultoras, actrices, cantoras… Algunas con varios de estos trabajos combinados entre sí, todas ellas admiten ser amantes de la lectura y escritura y hasta enamoradas del lenguaje. Alguna, como Cecilia, afirma ser “miembro de la sociedad de aprendices de brujas que buscan encontrar la noche y sus lunas en el acto de crear con la palabra (único miembro)”.
La belleza del proyecto creció al incorporar a artistas plásticas locales que brindaron generosamente sus obras, hablamos de Silvi Colombo, Lili Delmonte, Sol Hegglin Miotti, Tamara Matzkin y Virk Pontelli.
A ellas les agradecemos infinitamente y extendemos la gratitud a Rodolfo Negri que publicó las vivencias en Revista La Ciudad, a Pascual Pontelli que nos ayudó con la edición, a Ileana Fernández Escobar (titular de la Secretaría de Mujeres, Diversidad y Género de C.del U) y a Guille Lugrín y Ata Puchulu (titulares de la Secretaría de Cultura local) que colaboraron con la difusión y finalmente a Agmer y Alquimistas 222 que auspiciaron nuestro trabajo.
Nos quedan anhelos pendientes, hubiéramos deseado la impresión de la Antología Bien pudiera ser, un encuentro de presentación entre las artistas y escritoras y otras actividades que tal vez a futuro podamos concretar. Pero al menos queremos compartir la Antología Bien Pudiera Ser en formato PDF para descargar gratuitamente picar aquí.
Bien Pudiera Ser – Antologia – Jul 2020
