El historiador y político, Jorge Abelardo Ramos, nació el 23 de enero de 1921 en el barrio de Flores, Buenos Aires. Desde muy joven actuó en política en los finales de la “década infame”; frecuentó ámbitos culturales e ideológicos de grupos de izquierda opuestos al estalinismo soviético; se dispuso a estudiar y difundir la verdadera historia argentina alejándose de las interminables y singulares discusiones comunes en esas ligas. En esta columna, se brinda una síntesis de su extensa trayectoria.
Actuó en los grupos movilizados contra la participación argentina en la IIª Guerra; integró una agrupación política que acompañó las jornadas del 17 de octubre de 1945 que con matices respaldó la Revolución encabezada por el Cnel. Perón elaborando un pensamiento crítico y apoyo militante a la Revolución Justicialista.
Integró el Partido Socialista de la Revolución Nacional, creado en 1953, el que con ínfimos recursos obtuvo 100.000 votos en las elecciones del año siguiente.
En 1962 organizó el PSIN (Partido Socialista de la Izquierda Nacional), una decisión que se debatió sobre la oportunidad política de construir un partido de la clase obrera. Las tesis fundacionales fueron luego revisadas internamente en 1979.
“Historia de la Nación Latinoamericana” y “Revolución y Contrarrevolución en Argentina” -sus principales obras- sintetizan los procesos políticos explicados desde el socialismo criollo, nacionalismo popular- latinoamericano, en la construcción de una sola nación inspirada en las luchas de Bolívar, Artigas y San Martín. O sea, una unión de las repúblicas, las que separadas no tendrían destino.
Ramos era portador de enorme formación cultural y gran coraje político al momento de tomar decisiones. Fue un extraordinario orador, polemista, pensador y escritor sobresaliente que hizo de la política la razón de su existencia con absoluto desinterés personal. Junto a Arturo Jauretche fue uno de los pensadores nacionales más leídos. Fue perseguido por los “libertadores del ’55” cuando se fusilaba peronistas en nombre de la libertad y la república. A ellos los desafió levantando tribunas, publicando artículos y libros y organizando editoriales.
En los finales de los años ’60 alcanzó influencia en miles de jóvenes de una generación que comenzaba a ver con simpatías a Perón, aunque idealizando a Cuba que progresivamente giraba hacia la Unión Soviética y lo que denominó “los desvaríos del foco guerrillero”.
En agosto de 1975 denunció públicamente desde Córdoba el golpe de estado en ciernes, ante al silencio o simpatía de los partidos que rechazaban el gobierno de Isabel, y advirtió sobre las graves consecuencias que asumirían las FF. AA. por la acción golpista preparada cuando el gobierno ya había comunicado el adelanto de las elecciones.
En los años de la dictadura vivió, con pocos recursos, con su familia en Alta Gracia, Córdoba , ocupado en la reorganización de su partido, fundado en 1971 como Frente de Izquierda Popular (FIP) un rótulo que curiosamente no definía su política que esencialmente consistía en reconstruir el frente nacional y de ninguna forma organizar un frente de izquierdas.
En 1982, cuando Argentina recupera las Islas Malvinas, fue el dirigente que con mayor decisión y actividad sostuvo y explicó la imprescriptibilidad de los derechos argentinos ante la sesquicentenaria usurpación colonialista. No se equivocó al decir que la recuperación histórica conmovería a toda Latinoamérica transformando la Causa Malvinas en bandera unificadora de la Patria Grande.
En 1983 regresó a Buenos Aires, dispuesto a asumir obligaciones inherentes a la convocatoria a la elección presidencial. La retraída justicia argentina rechazó la sumatoria con el Partido Justicialista, aprobada por el FIP, invocando una jurisprudencia ventajosa para el régimen que en adelante nunca más se aplicó. Pero ni Ramos, ni los dirigentes del partido que merecen un reconocimiento por militancia y esfuerzo al organizarlo en todos los distritos provinciales, desistieron de participar en los históricos comicios.
En 1989 se conformó el FREJUPO – por la candidatura presidencial de Carlos Menem- en un gran acto público en La Rioja. Ramos fue designado embajador en Méjico, el único reconocimiento oficial de su prolongada vida política, funciones que le significaron algunas críticas por las contradicciones del gobierno con la plataforma electoral.
Ramos falleció el 2 de octubre de 1994 a los 73 años. Su figura sigue gravitando en Argentina y en varios países latinoamericanos por su esencial aporte histórico y político a la autoconciencia de América Latina actualmente arrasada por la globalización financiera.
(fuente: InfoGEI)
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 25/1/2018