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El libro como proyección simbólica

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[/vc_column_text] [box title=»Por Graciela Guerrero-» type=»whitestroke» pb_margin_bottom=»no» width=»1/1″ el_position=»first last»]

Acciones comunitarias en barrio  “La Higuera”, ubicado al norte de la ciudad, como actividad de extensión de la Escuela Nº 118 de Jóvenes y Adultos “Cristo de los Olivos”, derivó en el año 2016 en una experiencia pedagógica basada en la generación de un espacio de participación y construcción de subjetividades que en palabras de Freire es en el sendero del enseñando y aprendiendo donde pueden  adquirirse saberes que permiten imaginar y construir futuros.

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La idea aspira refundar la autoridad magisterial, sobre las premisas del compromiso con el otro y la igualdad de las inteligencias, en el marco de diferencias materiales concretas y de biografías diversas. Transmitir conocimiento implica sostener esa creencia y promover que las instituciones que habitamos se dispongan a acompañarnos. Esa creencia exige de nosotros mucho más que buenas intenciones: exige revisar en su misma raíz nuestro vínculo personal y político con el conocimiento y las prácticas que compartimos con los estudiantes.

El desafío fue múltiple y en varias direcciones en términos vinculares, pedagógicos y culturales. La creación y generación del vínculo fue arduo, conectado con la presencia constante, donde los niños fueron los primeros que aceptaron las visitas y actividades, ligadas a talleres de lectura y arte. Su participación motorizó el acercamiento de los jóvenes y de las madres. Entonces, fue propicio agregar actividades ajustadas a las expectativas de esta nueva población, generada en intercambios cuyas voces excedían la percepción inicial.

La igualdad será inalcanzable mientras el garante del proceso sea la figura del examen de verificación, no las lecturas compartidas. Así las cosas, la autoridad pedagógica volverá siempre a reducirse a la explicación y al examen. Frente a ello, la construcción de un lugar con más palabras y más voces circulando, terminó enriqueciendo la bitácora de las docentes, necesitadas también de más pedagogía y cultura.

Surgió la idea de una biblioteca para los niños, que permitiera a las madres ayudar a sus hijos en la realización de las tareas extraescolares. Las escuelas respondieron a la solicitud y muchas de ellas donaron ejemplares;  al finalizar el ciclo lectivo 2016, centenares de libros ya estaban a disposición para iniciar el nuevo rumbo.

El 27 de marzo de 2017, jóvenes, madres, niños y docentes inauguraron la primera biblioteca. Trescientos ejemplares dieron vida al espacio construido por esas manos, que pintaron, ensamblaron y ubicaron también sueños en cada estante. Diferentes editoriales del país, contactadas en la Feria del Libro, enviaron donaciones de ejemplares y material didáctico.

En 2019 una nueva biblioteca, esta vez en el comedor comunitario del ex Circuito Mena, fue inaugurada utilizando la misma metodología de trabajo. El planteo inicial fue idéntico, aunque la apertura allí de un Anexo de la Escuela 118, obligó a redimensionar la labor de apoyo y convocar a una estudiante universitaria de Bibliotecología para afianzar el proceso. Empresas, personas e instituciones comunitarias y educativas de la ciudad se hicieron presentes con donaciones de ejemplares y mobiliario.

“Si la educación transforma, tiene el poder de transformar solo porque mantiene aquello que transforma”. P. Freire e Illich

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