El último sol de otoño rosarino encontró al presidente de la Nación en la ciudad, en el Día de la Bandera, pero no en el Monumento a la Bandera.
El último sol de otoño rosarino encontró al presidente de la Nación en la ciudad, en el Día de la Bandera, pero no en el Monumento a la Bandera, sí en un club de barrio Tablada. Y no se lo escuchó hablar ni una vez de Manuel Belgrano. Sí, de Pablo y Hugo Moyano.
En un mediodía desangelado, el club Ciclón abrió sus puertas de par en par y recibió a Mauricio Macri, quien encabezó uno de los actos más cortos de la historia: 14 minutos. Rodeado de niños y niñas de escuela primaria, Macri se dedicó a apostrofar sobre “la patota del transporte” y los Moyano, mientras los chiquitos jugaban, y estaban en otra cosa.
El extrañísimo acto (es la primera vez que un presidente está en Rosario el Día de la Bandera y no concurre al Monumento) no tuvo presencia popular ni funcionarios de la provincia. La única que dio el presente fue la intendenta Mónica Fein, con rostro enjuto y cara de pocas amigas. Es que no cayó bien, ni siquiera a los propios macristas (aunque ninguno lo hará público), que el jefe de Estado haya decidido hacer un acto político.
Al tiempo que las autoridades del club Ciclón mostraban indignación por los 52 mil pesos que tuvieron que pagar por la última factura de gas, ponían sus mejores intenciones para ser buenos anfitriones. Y vaya si lo fueron. El acto, llave en mano, contó con una banda musical de Gendarmería que también llegó desde Buenos Aires.
Antes de los 14 minutos que duró el acto, afuera intercambiaron cantitos en contra y a favor del presidente un grupo de personas que se había concentrado para recibir a Macri, quien ingresó por la puerta de atrás (calle Buenos Aires)..
Con más gendarmes, integrantes de la PSA, periodistas y dirigentes que gente convocada de manera espontánea, Macri fue el único orador. Llegó con un discurso estudiado, destinado a la política interna. Raro, tratándose del Día de la Bandera.
Antes del mediodía, el presidente ya estaba volando hacia su quinta del Gran Buenos Aires, el club se aprestaba a recibir a sus parroquianos y el barrio volvía a su paisaje bucólico. Un olvidable 20 de junio.
(Publicado en La Capital, Rosario)