Por Aída (Marisa) Toscani –
Los mas de 100 años cumplidos de Evita recorren ese largo camino de militancia de las mujeres por la conquista de derechos, lo que les permitió desenvolverse en situaciones de mayor equidad y justicia.
Eva tuvo una clara y rotunda dimensión del poder que significó contar con las herramientas de la política y se propuso con ellas voltear las barreras que los sectores de poder, oponían al mejoramiento de la vida de las masas populares.
Para alcanzar esos altos objetivos construyó un aceitado andamiaje organizativo sustentado en dos grandes columnas la clase trabajadora y la mujer.
Con los trabajadores continuó la tarea iniciada por Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, transformándose en la vocera directa del líder y permitiendo que las problemáticas cotidiana de los obreros sean escuchados y evitar el aislamiento que las tareas gubernamentales imponen al presidente.
El otro tema fundamental era el papel subordinado y secundario que jugaba la mujer en la sociedad. A pesar que en 1919 durante el gobierno de Irigoyen, el diputado radical Araya presentó un proyecto para reconocer el derecho al sufragio de la mujer, este no fue aprobado. En ese momento faltó la decisión política del partido y sus dirigentes. Los socialistas y comunistas trabajaron mucho para que sean reconocidos los derechos políticos femeninos, pero esas fuerzas partidarias nunca tuvieron capacidad de construir poder para concretar sus ideas.
A diferencia de las anteriores experiencias, Perón y Eva transformaron estos justos reclamos por parte de las mujeres, en política de Estado y el 9 de septiembre de 1947 se sancionó la Ley que otorgaba el derecho político a las mujeres. Evita había promovido movilizaciones de mujeres frente al Congreso, para demostrar el interés que ellas tenían por participar en decisiones fundamentales, como era elegir y ser elegidas para gobernar el país. Además través de los medios radiales, explicó la importancia que la mujer participara en política, al reconocer que la generosidad y sensibilidad que la caracterizaban, iba a transformar muchos de los males que aquejaban a la política tradicional, teñida de egoísmo y soberbia.
Eva en el Teatro Nacional Cervantes
El 26 de julio de 1949, en el Teatro Cervantes, se reúne la primera Asamblea Nacional del Movimiento Peronista Femenino y Eva como única oradora proclama:
“Por primera vez en Argentina y en América las mujeres están representadas casi en su totalidad y convirtiendo el Partido Peronista Femenino en un espacio efectivamente nacional y democrático”
En otra parte del discurso dice Eva:
“El objetivo único del peronismo es la felicidad de todos los que trabajan, condición esencial para la grandeza de la Patria, porque no hay Patria grande donde no la alienta un pueblo feliz. Un pueblo, que ha reiterado su voluntad de ser económicamente libre, socialmente justo y políticamente soberano”
Esos conceptos; que afirmaban la calidad de un pueblo de hombres y mujeres, que luchaban por el bien común, se contraponen a las afirmaciones de otras dirigentes como Alicia Moreau de Justo del Partido Socialista que expresa en un acto de campaña en Pergamino que:
“Al socialismo lo guía una aspiración, la de educar al pueblo argentino, esclarecer su conciencia política que hoy vemos disminuida y embrutecida»[1]
Las palabras de Lebensohn también son despectivas para calificar a la masa peronista cuando dictamina que:
“Está sorprendida y engañada por el gobierno, pero en estas elecciones recuperaría su racionalidad pues votaría al radicalismo, único representante de una tradición democrática y republicana”.[2]
El contrapunto de conceptos ayuda a entender la razón por la cual las trabajadoras y trabajadores adhirieron con fervor al peronismo.
Para entender en toda su dimensión la revolución social que implicó la participación de la mujer en la política, es preciso intentar reproducir la atmósfera de la época de 1950, donde la mujer para las leyes hasta ese momento estaba sujeta a la tutela del varón. Su espacio de acción era lo privado y la maternidad y el hogar el fin último.
El modelo industrialista que despliega el gobierno peronista no sólo ofrece variadas posibilidades de inserción laboral a la mujer, sino que además fue acompañado por leyes que las protegían y con salarios justos que les permitía mejora sus condiciones de vida. Los cambios producidos por las políticas gubernamentales convirtieron así a la mujer, pero en especial la mujer trabajadora, en una protagonista fundamental de la realidad histórica que vivía la Argentina.
Evita elige como delegada censista para Entre Ríos a una porteña, a su amiga Juanita Larrauri, una cantante de tangos que había abrazado la causa peronista, y enfrentó con ahínco la responsabilidad de ocupar territorialmente toda la provincia, abriendo Unidades Básicas Femeninas hasta en las más recónditas geografías, cuyas funciones era afiliar y registrar las necesidades de las familias y orientar a la mujer en el empoderamiento del nuevo derecho conseguido y garantizar que todas tengan la Libreta Cívica, primer documento de ellas.
Enormes dificultades para transitar los caminos polvorientos, pues la delegada tenía la responsabilidad de asistir a cada una de esas inauguraciones. Se sumaba lo complicado para comunicarse vía telefónica, pues había demoras de varias horas. A lo que se agregaban los interminables y cansadores viajes fuera de la provincia, cruzando los ríos con las balsas. Todo eso sorteó Juana Larrauri y con su hermosa voz explicaba en cada acto los alcances de la doctrina peronista y el modelo de militancia que significaba Evita e instaba a las mujeres a seguir su ejemplo. Ella fue quien grabó la canción Evita Capitana, que se convirtió en la versión oficial que se escuchaba en cada acto militante del Partido Peronista Femenino. El premio a tanto esfuerzo fue el ser electa como senadora por la provincia de Entre Ríos y constituirse en la primer mujer que lograra ese lugar de representación.
El trabajo de las militantes de las UBF “a ras del suelo” como lo describe el historiador Nicolás Quiroga, permitió que a pesar de las persecuciones y proscripciones, el peronismo llegara hasta el presente y nuevas mujeres tomaran la posta, alcanzadas por la memoria de una abuela como en el caso de Celeste Pérez, o de un abuelo como recuerda Viviana Sansoni, o una abuela que cebaba mate en una calabaza con la cara de Perón según apunta Marita Petrone.
Mas, como el peronismo muda su piel según se vayan sucediendo los tiempos, sin modificar sus banderas de justicia social, independencia económica y soberanía política, busca siempre sumar actores al gran escenario de la Historia.
Así, son hoy los jóvenes, aquellos convocados por el kirchnerismo, los que acompañando a la dirigencia con fuerte militancia, han logrado un triunfo claro en las últimas elecciones de las PASO para el Partido Justicialista.
Hoy cuando se cumplen, el 7 de mayo, 100 años del nacimiento de Evita, siguen vigentes las prácticas militantes que ella enseñara, de recorrer barrio por barrio en especial los más humildes y promover el trabajo como único camino de dignificación de la persona.
[1] La Opinión 23 febrero 1951.
[2] La Opinión 12 de marzo 1948
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 6/5/2019

