Por Alfredo Guillermo Bevacqua –
Durante el verano, y antes de la reanudación de la Superliga, el diario deportivo Olé, en su contratapa de los sábados rescató las figuras de futbolistas que actuaron en el principio de siglo y hoy están retirados o son técnicos. Tres sábados atrás recordó a Pablo Facundo Bonvín, en su paso por las inferiores de Boca Juniors y su debut en primera, un 9 de febrero de 2000, frente a River, dirigido por Ramón Díaz. Bianchi –que nunca le tuvo miedo a River- le puso en un clásico de verano “la tercera”. Ganó Boca 2 a 1; esa derrota, “ignominiosa”, provocó la renuncia del técnico millonario. Hoy, cuando la pena no ha desteñido del todo, recordamos con nostalgia –al fin, una negación del presente-, la carta que, henchidos de alegría boquense, y porque no familiar, le escribiéramos a Facundo, con motivo de su debut en primera división con un triunfo frente a River. Decía así:
“Facu:
Antes que cualquier otra cosa, voy a convenir que pertenecemos a generaciones diferentes, con diferencias que se acentúan aceleradamente. Pero diferentes en todo, hasta en el fútbol…
Seguramente no ha cambiado lo mas importante, lo substancial: la pasión que despierta y arrastra. Pero después, ha cambiado todo…
No es necesario que te lo cuente: uno creció y fue creciendo con un amor descomunal por esa camiseta azul y amarilla. Desde los seis o siete años pasó a formar parte de nuestra vida misma; y es mucho mas que el grito por un gol de Palermo o el recuerdo y la nostalgia que nos provoca El Diego…
Es casi el recuerdo de nuestra misma infancia, porque ese amor nació con nuestro amor por el fútbol; ese juego tan formidable y hermoso, que nos tuvo por protagonistas en épicos picados que solo terminaban con la primera estrella, cuando el sol –caído y rojo- le había anunciado los minutos de descuento…
Y en eso no tenemos diferencia. Si recuerdo que repasabas la lección de parado y haciendo “jueguito”…
Uno creció en otro tiempo; ni mejor ni peor, solo distinto. Cuando todo costaba mas. Cuando no teníamos televisión para formarnos nuestro propio juicio; cuando solo opinábamos por lo que leíamos o escuchábamos, y cuando los estadios porteños eran cielos inalcanzables. Las viejas radios eléctricas, con caja de madera, nos acercaban con la voz de Fioravanti, de Veiga o Lalo Pelliciari, ese mundo ignoto, grandioso, casi mágico, del fútbol de Buenos Aires. Y así se nos hizo un nudo en la garganta en el ’54 cuando con un gol de Prado, River nos ganó en el último minuto después que Musimessi se atajara todo; y nos llenamos de alegría la mañana aquella en que Borello gambeteó a Carrizo para concretar un fantástico 4-0, y sentimos por la radio el dolor de ese menisco roto que terminó con la carrera de nuestro primer ídolo, porque seguro que River en el ’55 no nos daba la vuelta en la Bombonera si hubiera estado Pepino Borello…
Ese amor y esa pasión gobernó nuestra infancia, al igual que la de millones de argentinos, y porque no, forma parte irremplazable de una cultura popular que aún sabe de sentimientos.
Y todo aquel que se ha vacunado contra el virus antisentimental que se ha instalado en este tiempo, sabe lo que significan la camiseta, los colores, el nombre de un club, y todos los sueños que se han acunado.
Porque esto tan hermoso que te tocó vivir el miércoles 9, es el sueño de muchos y la realidad de muy pocos; solo de los elegidos…
Un día, en nuestro caso muy pronto, nos dimos cuenta que nuestro lugar en el fútbol estaba mas allá de la línea de cal, apretándonos en los rombos de un alambrado, o sentado en la altura de un cemento, mudo receptor de todas nuestras angustias y ansiedades. Nos dimos cuenta entonces que éramos parte para siempre, para la eternidad diríamos, de ese jugador número doce, o de ese “clishé” (¿viste que antiguo?) nunca refutado, jamás desmentido, de la mitad mas uno…
Por eso, por todo eso, porque un día en el ’81, nuestras mejillas fueron dos canaletas, cuando pasaba Diego dando la vuelta olímpica, uno sintió tan intensamente, tan hermosamente, que esa camiseta número 15 mas que movida por el viento, era agitada por el latido anhelante de un corazón que vivía un momento único e irrepetible.
Es cierto son tiempos distintos. Pero ese mítico cariño por un club, por una camiseta, por todos los recuerdos, no son antigüedades, es la impronta de la memoria, y en definitiva, un modo de transitar la vida, seguramente agradecido por tantas alegrías, y porque las penas, fueron por amor y sin broncas…
Tu tiempo es del marketing, de los empresarios, del gerenciamiento, de los representantes, de los sponsors. No lo niego, sentimos temor por nuestros sentimientos amenazados por procesos económicos que se meten en el fútbol y no tienen colores, que nunca supieron de camisetas, que no tienen rostro, ni saben de pasiones, que casi nunca se sabe adonde atacan y si dejan a alguien sin derrota…
Es cierto que muchos han desertado de las utopías y escapan a las anhelantes expectativa generadas por sueños que esperan… Pero es cierto también que muchos mantenemos vivos sueños e ilusiones.
Y escribo esto, que puede ser cursi o puedes estimarlo tonto, porque el miércoles 9, cuando entrabas a la cancha, en primera y contra River, era un sueño cumplido, seguramente el mismo que tantas veces ha tenido en su eterna inocencia el Fede…
Ojalá el fútbol, o la vida –es lo mismo-, te depare decenas de Boca-River, y tantas alegrías como esa de la vuelta olímpica con sombrero, pero estoy seguro que siempre llevaremos en nuestra memoria y en nuestro corazón estos inigualables diez minutos de tu debut en primera…
Un abrazo – Guille
11/02/2000.-
La síntesis del partido:
09/02/2000
BOCA: Roberto Carlos Abbondancieri; Pedro Méndez, Nicolás Andrés Burdisso, Matías Adalberto Marchesini, Facundo Jorge Imboden; Julio Javier Marchant, Sebastián Alejandro Battaglia, Gustavo Hernán Pinto; Marco Bahamonde; Emanuel Ruíz, Alfredo David Moreno.
DT: Carlos Bianchi
RIVER: Roberto Oscar Bonano; Gustavo Adrián Lombardi, Roberto Luis Trotta, Mario Alberto Yepes, Pedro Alcides Sarabia; Marcelo Alejandro Escudero, Cristian Raúl Ledesma, Leonel Fernando Gancedo, Víctor Eduardo Zapata; Sebastián Pascual Rambert, Juan Pablo Ángel.
DT: Ramón Ángel Díaz
GOLES: PT 14m. Juan Pablo Ángel (R), PT 28m. Alfredo Moreno, de penal (B), PT 34m. Sebastián Battaglia, de cabeza (B).
CAMBIOS: ST 11m. Ariel Horacio Franco por Mario Yepes (R), ST 11m. Damián Ariel Álvarez por Marcelo Escudero (R), ST 18m. Martín Alejandro Cardetti por Sebastián Rambert (R), ST 18m. Emiliano Rey por Alfredo Moreno (B), ST 30m. Omar Sebastián Pérez por Julio Marchant (B), ST 34m. Pablo Facundo Bonvín por Emanuel Ruíz (B).
ARBITRO: Daniel Giménez.
AMONESTADOS: Julio Marchant (B), Pedro Sarabia (R), Nicolás Burdisso (B), Alfredo Moreno (B), Cristian Ledesma (R), Juan Pablo Ángel (R).
EXPULSADOS: No hubo.
ESTADIO: José María Minella (Mar del Plata).