Tenía 68 años. Falleció en el Hospital Español, tras sufrir una grave deshidratación. Publicó varios libros, integró distintas revistas literarias y trabajó muchos años como correctora periodística.
El 25 de diciembre, horas después de la Nochebuena, en plena Navidad, murió Irene Gruss. Había sido internada en el Hospital Español, tras sufrir una grave deshidratación. Tenía 68 años y era, además de poeta, maestra de poesía. Nació en Buenos Aires y cursó estudios universitarios de Medicina, Biología y Letras, todos de forma incompleta. Antes de eso, participó en coros bajo la dirección de Antonio Russo e intentó canto individual supervisada por Susana Naidich. En algún momento decidió que la escritura era lo suyo, y dejó la música a un lado. Quizás la poesía sea el lugar donde se confluyen ambas disciplinas.
Durante los años setenta fundó el grupo de poetas del Taller Mario Jorge De Lellis. Y naufragó por diferentes redacciones: no sólo revistas literarias como El escarabajo de oro, El ornitorrinco y El juguete rabioso sino también en distintos medios como La Opinión, Tiempo argentino, La Nación y Clarín. En este último fue durante muchos años correctora. Publicó varios libros: La luz en la ventana (1982), El mundo incompleto(1987), La calma (1991), Sobre el asma (1995), Solo de contralto(1998), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000), La dicha (2004) y en su carácter de compiladora, la antología Poetas argentinas (1940-1960), del año 2006. El último, La mitad de la verdad, se publicó en 2008 y es su obra reunida.
¿qué se puede decir de su poesía? De todo: que era intimista, sensual, coloquial aunque exquisita. «Si se debiera acudir al epítome de la poesía nacida en los setenta en Buenos Aires y de su despliegue, habría que leer, entre unas pocas opciones, la poesía de Irene Gruss«, escribió Jorge Aulicino, en el prólogo de La pared.
Por su parte, al enterarse de la noticia, el escritor Julián López, posteó en las redes sociales: «Tu oscuridad, tu alegría, tu ternura, tus ganas, tu diversión, el fastidio con el que eras capaz de señalar el verso de un poema que había escrito y decirme ¿qué onda? Por un buen tiempo entré los jueves a tu casa a estar en secreto con las palabras, contra las palabras, con las pruebas del desamor, con tu ternura enmascarada, lóbrega, luminosa. En mi corazón para siempre, para siempre. Qué pena y cuánta fortuna haberte tenido cerca un rato, maestra hermosa.»
Todo escritor tiene sus textos preferidos. Ella tenía muchos, pero había uno, «El jardín», que le gustaba mucho. «Es uno de los poemas más verdaderos que he escrito; lo quiero mucho», dijo en una entrevista. ¿Por qué? Entonces contó la anécdota, el triste hecho que la inspiró.
«Lo escribí de un tirón —dice en diálogo con Página/12—. Un día, me llamaron a las seis de la mañana para contarme que la mujer de un amigo mío había tenido un accidente, había muerto. Había salido en Diario de Poesía una serie de fotos de toda nuestra generación. Yo tenía el Diario… desplegado y justo estaba la foto de Diana Bellessi frente a mí, esa imagen decía las preguntas y yo iba transcribiendo. El poema habla sobre la vida y la muerte, y ese vocativo, el sonido de la palabra Diana y además la expresión que ella tiene en esa foto, me contuvo mucho. Me permitió trabajar esa especie de conversación; ficcioné cosas reales y cosas no reales en ese tire de preguntas que hago en el poema. No es autobiográfico ni biográfico. Ni de Diana ni de mí. Es una figura.»
Aquí reproducimos el mencionado poema, como pequeña muestra de su calidad, de su sensibilidad y de su singular forma de observar el mundo.
«El jardín», del libro Sobre el asma
¿Estás cansada del viaje, Diana?
¿Dejaste las valijas y te asomaste a ver el sol
en tu jardín, fuiste allí
rápidamente, pausadamente?
¿Echaste una ojeada a las plantas
o mirás cada una, sabiéndola,
descubriéndola, cuidás
tu jardín, hablás, cantás con
la regadera en la mano?
¿Estás cansada de vuelta del viaje,
Diana? ¿Estás contenta?
¿Alguien te acarició, jugó otra vez
con tu melena de fénix,
te besó los párpados
como quien desea tocar
una mirada así de azul, de gris
según el tiempo? ¿Fuiste feliz,
Diana? ¿Intenso y duro, el viaje?
¿Acomodaste la cabeza en el asiento del avión?,
¿descansaste?
¿Estás repleta de memoria, de sentidos
por el viaje, Diana?
¿Comerías conmigo para contarme?
¿Pasaste hambre en la estadía,
Diana, pasaste hambre?
¿Te embriagaste? ¿En algún momento
llegaste a marearte por el viaje?
¿En algún momento, sentiste
esa nada en la boca
del estómago, ahí donde dicen que
está el alma? ¿Llenaste
con qué esa nada, con la gente,
con las cosas, tuviste
necesidad? ¿Observaste
la vida tranquila? ¿Así, como te veo
ahora, calma
y sabihonda? ¿Conociste
la muerte en el viaje,
Diana? ¿Te asustó, la asustaste?
¿Trajiste fotos, postales,
documentos?, ¿abrazaste a
muchos, te abrazaron?
¿Gozaste, tradujiste el amor
loca de deseo? ¿Hablaste demasiado, callaste
demasiado? ¿Por qué
estás diciéndome
que escribir es lo único
que tenemos? ¿Estás
cansada, es por eso, porque
estás cansada del viaje? ¿Querés
dormir, recostarte en un hombro,
querés reír, llorar un
poco? ¿Acaso el viaje mismo
no te consuela,
Diana? ¿No es como el tacto
de otra mano, no lo es, verdad?
¿Comerías conmigo para
contarme?
¿Ya floreció la rosa
en tu jardín? ¿Es tan bella?
¿Los pétalos reventaron
plenos de vida, la vida es
púrpura después de un viaje,
Diana,
es así?
In Memoriam
Pavesiana
Estoy desnuda.
Quieta y desnuda.
No soy un pájaro sino
este cuerpo.
A veces la desnudez trae el pavor.
A veces el pavor no trae nada.
Yo quisiera poder caminar desnuda
y disolverme.
Astigmatismo
Fuera de foco.
No es neblina.
Tiniebla no es.
Arbol superpuesto al bosque,
memoria borroneada, superpuesta
sobre sí misma.
Espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
Dios no ha separado nada.
Mientras tanto
Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.
I.
La muerte está en casa
La muerte está en casa.
Nos movemos como pedazos descosidos
y ya nadie pregunta qué ha pasado,
qué nos hace mirarnos sin queja.
El cuerpo vacío de la muerte
entró y se desvistió en casa,
a pesar del sol,
a pesar de los nacimientos,
a pesar de los llamados alegres.
Y nadie de nosotros le
pregunta hasta cuándo,
nadie de nosotros la golpea,
nadie vuelve a vestir a la muerte
Jinetes del Apocalipsis
No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas,
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
sueña con llanuras que parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.
CONTÉ CON LOS DEDOS de mi mano
las veces que tuve, no las que amé.
Las yemas de los dedos
se quedaron mirándome, las líneas
de la mano rieron (¿amé
lo que tuve? ¿Quise decir
quiero un poco
de esto o de aquello,
gané, perdí semejante
generosidad?).
Ahora que me aferro
a lo que tengo -como a un poco
de nada-,
veo líneas que una burla desecha,
y lenta, tiernamente abro
el puño, dejo caer
la arena, vuelvo a tomarla.
El mundo incompleto
a mi hijo
El reverso del mundo plagado de
margaritas
ondulantes, iluminadas.
El mundo tal como es
difícilmente pueda completar
la llegada a las
ondulantes margaritas.
¿Quién necesita esas flores
quién se queda en describirlas
tal como están, allá lejos,
quién sabe cómo son esas flores?
¿Y si no son margaritas?
¿Si no se llega
si no se completa el mundo?
Irene Gruss (Buenos Aires-Argentina, 1950 – Buenos Aires-Argentina, 2018). Poeta. Curso estudios de Medicina en la Universidad de La Plata (Argentina) que no concluyó, así como Biología y Letras en la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Fue cofundadora del taller «Mario Jorge De Lellis». Recibió el Premio a obra inédita de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (1975) y el Premio de la Biblioteca Cornelio Saavedra (1986). Dictó talleres de poesía entre los años 1986 y 1994. Publicó en poesía La luz en la ventana (1982), El mundo incompleto (1987), La calma (1991), Sobre el asma(1995), Solo de contralto (1998), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000), La dicha (2004), La mitad de la verdad(2008), Poetas argentinas (1940-1960) (recopilación, selección y prólogo de Irene Gruss, 2006), La pared (2012), Música amable al fin (2012), Notas para una tanza (2012) y Humo (2015); y en narrativa la nouvelle Una letra familiar (2007).
(fuentes: https://www.infobae.com y http://www.vallejoandcompany.com)