Un estudio publicado en la revista Sustainable Development propone un escenario en el que la población mundial deje de crecer y disminuya gradualmente hasta unos 4.000 millones de habitantes hacia 2200.
El trabajo, liderado por Anastasia Pseiridis, no plantea controles obligatorios de natalidad ni medidas coercitivas. La propuesta se apoya en educación, planificación familiar, libertad reproductiva y una reducción paralela del impacto ambiental de cada persona.
Según los autores, una población menor, combinada con un consumo más moderado, podría aliviar la presión sobre los recursos naturales, reducir la contaminación y favorecer la conservación de ecosistemas y especies.
El estudio remarca que el impacto ambiental no depende únicamente de la cantidad de habitantes. Las diferencias en consumo de energía, alimentos y materias primas hacen que algunas poblaciones generen una huella mucho mayor que otras.
Por eso, los investigadores plantean actuar sobre dos variables: reducir progresivamente la población y disminuir el consumo de recursos y energía contaminante.
La cifra de 4.000 millones no representa una supuesta capacidad máxima del planeta, sino un escenario utilizado para analizar una sociedad con menor presión ambiental.
Como antecedentes, los autores mencionan países donde la fecundidad cayó con mejoras en educación, salud y acceso a la planificación familiar. En Irán pasó de 4,08 hijos por mujer en 1992 a 1,94 en 2001; en Corea del Sur, de 4,07 en 1972 a 1,93 en 1984; y en Costa Rica, de 4,16 en 1972 a 1,98 en 2009.
El estudio también reconoce que una reducción sostenida de la población implicaría desafíos, como el envejecimiento demográfico, una menor proporción de personas en edad laboral y mayores presiones sobre los sistemas de salud y jubilaciones.
Los autores concluyen que el debate no debería centrarse solamente en cuántas personas habitan el planeta, sino también en cómo viven y cuánto impacto ambiental genera cada sociedad.
(fuente: https://www.aimdigital.com.ar/)