Por Juan Martín Garay. –
El gobernador Rogelio Frigerio acaba de publicar una columna de opinión para explicar su decisión de cambiar el sistema de alimentación escolar de Entre Ríos. La tituló “Cambiar para alimentar mejor”. Es importante detenerse en esa columna porque, más allá de los argumentos que presenta, expresa una determinada concepción sobre el Estado y sobre la manera en que se gobierna. Y justamente por eso merece una respuesta. No porque cambiar esté mal. Al contrario: si algo funciona mal, hay que cambiarlo. El problema es creer que todo cambio constituye, por sí mismo, una mejora.
Frigerio presenta el nuevo sistema como una superación del anterior. Habla de trazabilidad, controles, igualdad, eficiencia y de la necesidad de saber qué recibe cada gurí. Todo eso es razonable. Pero hay una pregunta que atraviesa toda su columna y que no termina de responder: ¿qué es exactamente lo que vamos a mejorar?
Porque el título elegido por el gobernador ya marca una diferencia de fondo. No debería ser “Cambiar para alimentar mejor”. Debería ser “Cambiar para nutrir mejor”. Y no es una cuestión de palabras. Alimentar no es lo mismo que nutrir. Alimentar es proporcionar comida. Nutrir es garantizar que esa comida sea adecuada para la salud, el crecimiento y el desarrollo de nuestros niños. El Estado no tiene que limitarse a llenar una bandeja. Tiene que cuidar qué pone en ella.
Esa diferencia se vuelve todavía más importante cuando la propia implementación del nuevo sistema terminó siendo objeto de cuestionamientos judiciales vinculados precisamente con los productos que se pretendían distribuir. Ahí aparece una de las contradicciones centrales de la columna del gobernador. Frigerio habla de un sistema que viene a garantizar calidad y mejores estándares, pero la discusión pública y judicial demuestra que todavía estamos discutiendo algo mucho más elemental: ¿qué alimentos reciben nuestros gurises?
Entonces, la pregunta no es solamente si el sistema tiene trazabilidad. La pregunta es qué estamos trazando. Podemos saber quién fabricó un producto, cuánto costó, quién lo transportó y en qué escuela fue entregado. Pero si ese producto no es nutricionalmente adecuado, tendremos una magnífica trazabilidad de una mala decisión.
NO CUESTIONO QUE SE CAMBIE. CUESTIONO QUÉ SE CAMBIA Y PARA QUÉ
Quiero ser muy claro porque esta discusión merece altura política. No estoy defendiendo el sistema anterior por el solo hecho de ser anterior. Si había desorden, había que corregirlo; si había compras que no podían justificarse, había que controlarlas; si faltaba transparencia, había que transparentar; y si existían problemas de calidad, había que resolverlos. Eso no está en discusión.
Lo que sí está en discusión es que el Gobierno haya decidido presentar como única alternativa posible centralizar la compra de los alimentos y concentrarla en un esquema que termina beneficiando a un operador de enorme escala. Porque una cosa es ordenar y otra muy distinta es concentrar. Una cosa es controlar y otra es sacar del circuito a quienes producen en Entre Ríos. Y una cosa es modernizar el Estado y otra es confundir modernización con centralización.
EL GOBERNADOR HABLA DE IGUALDAD. HABLEMOS ENTONCES DE IGUALDAD
En su columna, Frigerio plantea que el nuevo sistema busca terminar con las desigualdades entre lo que recibe un gurí y lo que recibe otro. Es un objetivo correcto. Pero la igualdad que necesitamos no consiste simplemente en que todos reciban exactamente la misma caja. La verdadera igualdad es que todos los gurises tengan derecho a una alimentación de calidad. Y eso significa que la política alimentaria debe estar pensada desde la nutrición y no desde la logística.
Porque si para garantizar que todos reciban lo mismo terminamos entregando productos que no son los mejores desde el punto de vista nutricional, habremos conseguido igualdad en la distribución, pero no necesariamente igualdad en el derecho a una alimentación saludable. Ese es el debate que falta.
Y HAY OTRA CUESTIÓN QUE LA COLUMNA DEL GOBERNADOR NO PUEDE ESQUIVAR
Frigerio sostiene que el nuevo sistema no significa darle la espalda a la producción entrerriana. Entonces, corresponde preguntarle algo muy sencillo: ¿por qué no construir un sistema que, además de controlar mejor, utilice el enorme poder de compra del Estado para desarrollar nuestra propia producción?
Entre Ríos tiene productores, cooperativas, industrias, PYMES, panaderías y comerciantes capaces de formar parte de una política alimentaria provincial. El Estado tiene una herramienta formidable para promoverlos: sus propias compras. Por eso vengo señalando desde hace semanas que esto no es solamente una discusión sobre comedores. Es una discusión sobre el modelo de provincia.
Primero fueron los medicamentos. Ahora son los alimentos. Y aparece un mismo patrón: recursos públicos de los entrerrianos que se concentran y terminan saliendo del circuito económico provincial. Ya lo planteé oportunamente: controlar no es sinónimo de vaciar la economía local. La eficiencia del Estado no debería medirse solamente por su capacidad de comprar más centralizadamente, sino también por su capacidad de utilizar el gasto público para generar producción, trabajo y desarrollo dentro de la provincia.
LA JUSTICIA TAMBIÉN FORMA PARTE DE ESTA DISCUSIÓN
Frigerio habla de cambiar para mejorar. Pero el relato oficial encontró un límite concreto: la Justicia. No porque la Justicia esté gobernando, sino porque, en una democracia, cuando una política pública puede afectar derechos fundamentales de niños y adolescentes, existen controles que el Poder Ejecutivo debe respetar.
Eso fue precisamente lo que señalé cuando escribí que la Justicia le puso un freno al relato. El problema no es que una decisión del Gobierno sea revisada judicialmente. Eso forma parte del funcionamiento institucional de una República. El problema político es otro: si el objetivo era alimentar mejor (y no nutrir mejor), ¿por qué hubo que esperar una decisión judicial para poner límites sobre determinados productos?
Cuando hablamos de la alimentación de nuestros gurises, el Estado debería llegar antes que la Justicia. Debería prevenir, no corregir. Esa debería ser una exigencia elemental para cualquier gobierno, independientemente de quién lo conduzca.
GOBERNADOR: EL DEBATE ES MUCHO MÁS PROFUNDO
Por eso creo que la columna de Frigerio merece ser discutida más allá de la defensa puntual de una decisión administrativa. Porque lo que está en juego es mucho más importante que Teknofood. Está en discusión qué Estado queremos.
Un Estado que administra eficientemente grandes compras desde un centro de decisión, o un Estado que, además de controlar, utiliza sus recursos para fortalecer el entramado productivo de cada comunidad. Un Estado que busca alimentar, o un Estado que entiende que debe nutrir. Un Estado que concentra para controlar, o un Estado que controla sin necesidad de concentrar. Un Estado que mira solamente el precio de una ración, o un Estado que entiende que cada peso público también puede generar trabajo, producción y desarrollo.
Por eso no rechazo el cambio. Reclamo un cambio mejor. No cuestiono que haya que terminar con las malas prácticas; reclamo que no se las reemplace por decisiones que tampoco fueron suficientemente explicadas. No cuestiono la necesidad de controles; reclamo que la transparencia alcance también al nuevo sistema. No cuestiono la búsqueda de eficiencia; pregunto cuánto de esa eficiencia queda realmente en Entre Ríos. Y no cuestiono que haya que alimentar a nuestros gurises. Digo algo mucho más exigente: hay que nutrirlos.
Porque nuestros gurises no son una unidad de consumo, una ración ni una cifra de una planilla presupuestaria. Son el futuro de Entre Ríos (que es presente). Y un Estado que se precie de moderno (o fundacional) no debería conformarse con garantizar que llegue comida. Tiene que garantizar que llegue buena comida. Una política alimentaria no puede medirse solamente por la cantidad de cajas que entrega, sino por la calidad de lo que contienen y por el impacto que produce en la vida de quienes las reciben.
Por eso, frente a la columna del gobernador, la discusión que propongo es otra. No se trata simplemente de cambiar para alimentar mejor. Se trata de cambiar para nutrir mejor. No de centralizar para controlar, sino de controlar para cuidar. No de comprar afuera porque resulta más sencillo (encima 100% más caro), sino de comprar inteligentemente para que los recursos de los entrerrianos también construyan Entre Ríos.
Ese, gobernador, es el debate que todavía tenemos pendiente.
Juan Martín Garay
Abogado y Concejal
Concepción del Uruguay