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Evita: Un nacimiento que fue milagro 

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Por Sara Liponezky.       –

Hace poco más de cien años nacía en esta tierra una niña que llamaron María Eva. Signándola desde el nombre con un destino inaugural. 
Fue en un pueblo poco conocido de Buenos Aires- Los Toldos- y en una familia plebeya, casi marginal. No por su relación con el trabajo sino por su condición jurídica y social. Fruto de una relación extramatrimonial- en aquel tiempo y según nuestro condigo civil era hija sacrílega- su madre, ella y sus hermanos siempre fueron la “familia ilegítima”. Quienes se animaron a escribir sobre Evita atribuyen a ese origen su actitud avasallante ante los desafíos, rebelde ante la injusticia y la discriminación, fervorosa por la equidad. Cuando observamos su trayectoria, la hipótesis parece confirmada.
Aparece una inteligencia peculiar, poderosa, una percepción del paisaje humano que le permitió compensar la ausencia del saber escolar por un frondoso y muy útil conocimiento empírico. Así detecto capacidades, talento y saberes en otras y otros para sumar voluntades a su proyecto.
Su rumbo era claro e insoslayable, nada la apartaba de su misión reparadora, de su vocación por transformar un orden histórico que se negó a considerar natural.

Detestaba los privilegios y oropeles, pero exigía lujo para los que no conocían de bienestar. Sacudió infinitas verdades inmutables, resistió todas las afrentas (menos la de su enfermedad mortal) con una resolución y entereza nada frecuente en las mujeres de su época, ausentes en la esfera pública. Y fue capaz de incorporarle amor a esa gesta, a pesar de tanta maldad sobre su figura viva y muerta.

Siempre rechace esa manía de identificarla con procesos o ideas que surgieron después de su partida física. “Si Evita viviera seria…” Y más cercana a nuestros días, la de vestirla con un pañuelo verde. Además de contra factico, cuando se trata de seres tan significativos, venerables y trascendentes, lo considero una irreverencia. De algún modo seria manipular su identidad para reforzar una posición o una idea sobre la cual no pudieron expresarse porque excede su espacio temporal.

Sin embargo, me gustaría imaginar a Evita en este tiempo. Cuando nos agravia la injusticia cotidiana, la desprotección sistemática del Estado a los compatriotas más vulnerables, la exaltación del privilegio y la opulencia conviviendo con la miseria y la marginalidad. El desprecio por las políticas sociales y la inercia de la comunidad (no organizada) frente a este cuadro desolador. La imagino enfrentando a los cobardes, interpelando con su voz enérgica a los apoltronados en su “zona de confort”. Convocando a “sus mujeres” a defender a la vida con resiliencia y vocación. Recogiendo a los abandonados por exclusión.

Restaurando derechos y denunciando sin vacilación la corruptela de una justicia ciega. Agitando voluntades para una gran patriada que nos movilice en el entusiasmo por recuperar la confianza en nuestra capacidad nacional y nuestra soberanía esencial. Que reavive la memoria de una épica que nos hizo dignos. Que se nutra de una energía renovada en generaciones creativas, sin renunciar a nuestras huellas, como decía Marti “el vino, de cáñamo… y si sabe agrio, es nuestro vino”.

La imagino implacable en su firmeza para recuperar la potencia de un sueño colectivo. Con pasión, inteligencia, coraje, entrega y patriotismo para que sea realidad. Evita inspira siempre y cada 7 de mayo

Sara Liponezky
Ex Directora MUSEO PROVINCIAL HOGAAR ESCUELA EVA PERON de Parana