Por Sara Liponezky. –
Detestaba los privilegios y oropeles, pero exigía lujo para los que no conocían de bienestar. Sacudió infinitas verdades inmutables, resistió todas las afrentas (menos la de su enfermedad mortal) con una resolución y entereza nada frecuente en las mujeres de su época, ausentes en la esfera pública. Y fue capaz de incorporarle amor a esa gesta, a pesar de tanta maldad sobre su figura viva y muerta.
Siempre rechace esa manía de identificarla con procesos o ideas que surgieron después de su partida física. “Si Evita viviera seria…” Y más cercana a nuestros días, la de vestirla con un pañuelo verde. Además de contra factico, cuando se trata de seres tan significativos, venerables y trascendentes, lo considero una irreverencia. De algún modo seria manipular su identidad para reforzar una posición o una idea sobre la cual no pudieron expresarse porque excede su espacio temporal.
Restaurando derechos y denunciando sin vacilación la corruptela de una justicia ciega. Agitando voluntades para una gran patriada que nos movilice en el entusiasmo por recuperar la confianza en nuestra capacidad nacional y nuestra soberanía esencial. Que reavive la memoria de una épica que nos hizo dignos. Que se nutra de una energía renovada en generaciones creativas, sin renunciar a nuestras huellas, como decía Marti “el vino, de cáñamo… y si sabe agrio, es nuestro vino”.
La imagino implacable en su firmeza para recuperar la potencia de un sueño colectivo. Con pasión, inteligencia, coraje, entrega y patriotismo para que sea realidad. Evita inspira siempre y cada 7 de mayo
Ex Directora MUSEO PROVINCIAL HOGAAR ESCUELA EVA PERON de Parana