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24 de Marzo, medio siglo nos interpela

Por Rubén I. Bourlot.      –

Este 24 de marzo se cumple medio siglo del último golpe de estado que derrocó a un gobierno elegido por el pueblo. En aquel 1976 confluyeron militares, sectores políticos y empresariales para desplazar violentamente al gobierno constitucional de la presidenta María Estela Martínez de Perón e instauró una dictadura que gobernó la Argentina hasta 1983 a través de una Junta Militar encabezada por los comandantes de las tres Fuerzas Armadas. El general Jorge Rafael Videla, nombrado presidente, con delirios fundacionales, declaró clausurado un ciclo histórico. Acto seguido nombró ministro de Economía a Martínez de Hoz.
En Entre Ríos también fueron desplazadas las autoridades constitucionales y asumió, el 25, en carácter de “interventor militar”, el general Juan Carlos Trimarco. El diario El Día titulaba que reinaba una “Jornada de calma en Paraná” y lo ilustraba con imágenes de mujeres de compra en las calles de Paraná, albañiles trabajando y grupos de jóvenes jugando un “picadito” de pelota. El gobernador Enrique Tomás Cresto, el vicegobernador Dardo Pablo Blanc y el presidente municipal de Paraná, Juan Carlos Esparza, fueron detenidos en unidades militares.
Para este grupo de militares que se apropió del poder “de facto”, el general Mosconi, el general Savio y el general Perón no formaban parte de la tradición del ejército argentino del siglo XX, y pretendieron borrarlos de la memoria popular, como ya lo habían intentado luego de 1955.
En realidad se trataba de la puja histórica entre los dos ejércitos que se sucedían históricamente: uno, el sanmartiniano de tradición prusiana, avanzando hacia el porvenir de una nación independiente y soberana y el otro, colonizado por doctrinas liberales probritánicas, desandando el camino hacia el pasado dependiente y oprobioso.
En 1945 el frente nacional planteó la disyuntiva Braden o Perón y triunfó. En el 55 fue derrotado por la patota armada. En 1973 volvió a triunfar y en 1976 se abrió efectivamente un nuevo ciclo de retrocesos. Otra vez el poder de las botas aplastaba al poder de los votos.
Este nuevo ciclo signado por la persecución y represión indiscriminada de todas las expresiones políticas, sindicales y sociales consideradas “subversivas” contra la “pax imperial” mostró su verdadero rostro con la entrega de la economía a grupos monopólicos, la destrucción del estado y el desguace de la industria nacional.

EL ETERNO RETORNO
Hoy, en el contexto de un rebrote virulento de las políticas neoliberales, parece que resurge el discurso que reivindica el terrorismo de estado y a uno de sus principales exponentes, el que fue presidente de facto Jorge Rafael Videla. Añoran, parece, los momentos más violentos que vivió la Argentina ejecutado con las armas del estado, que pagamos todos, que son para la defensa y no para la represión. Son muchos los que hoy tildan de violentos a los que protestan en la calles y piden más violencia desde el estado. Siempre lo mismo. Muchos de los que hablan de “adoctrinamiento” en las escuelas no advierten que son producto del eficaz adoctrinamiento de los tiempos oscuros donde se quemaban libros y cerebros.
Sí, hacen apología del delito. Porque los represores con las armas del estado fueron juzgados y condenado por cometer delitos. Videla y sus acólitos fueron condenados por delincuentes. Dirán que las organizaciones armadas cometían actos de terrorismo y es verdad. Pero aquí no hay equivalencias. Durante el “proceso” fueron combatidos, encarcelados, fusilados, desaparecidos pero no fueron catalogados como delincuentes desde el momento que no fueron sometidos a un proceso judicial y condenados como mandan la constitución y las leyes. Recién con la recuperación de las instituciones del estado de derecho se los juzgó y condenó (a los que quedaron vivos).

PROCESO Y LATROCINIO
Esas personas que exclaman por ahí “Videla, volvé” tal vez son de su misma condición.
Añoran los tiempos de Videla y acusan de jueces “garantistas” a los que fallan según los derechos y garantían consagrados por la Constitución. Para ellos nuestra ley suprema es un rollo de papel higiénico, como esa Biblia junto al calefón de la canción. ¡La constitución sancionada en 1853! la que pergeñó Alberdi, de quién dicen que es el modelo a seguir.
El discurso providela se centra únicamente en su aspecto represivo de los violentos, y de cualquiera que significara un riesgo de resistencia a los golpistas. Pero nada dicen sobre que ese discurso no era más que la cobertura de los “topos” que venían a destruir el estado, sus instituciones, sus empresas, el aparato productivo y a endeudarnos para beneficiar a la especulación financiera. Es decir, a robarnos.
Pero les gusta Videla. Y les gusta la mano dura como la que agitaba una ministra de ¿seguridad? Sí, la misma que en su pasado militó en la gloriosa JP que miraba con cariño a la violencia de Montoneros. Sí, esa misma a quién el actual presidente calificó de “terrorista que ponía bombas en jardines de infantes” algo que no era cierto.
Les gusta Videla. No aprendieron nada. Solo fueron “adoctrinados”.

LA DESMEMORIA ADOCTRINA
Tributarios de la desmemoria piden más Videla y eso significa pedir el retorno de un Martínez de Hoz que representaba a los verdaderos depositarios del poder, detrás de la máscara del combate a la subversión. Esa desmemoria trágica fue la que hizo posible que se repliquen una década después las políticas especulativas y antiindustriales y, luego de un cuarto de siglo, presenciemos una nueva embestida en contra del estado promotor de políticas sociales y productivas a partir de una industria próspera para poner a trabajar a todos los argentinos de bien. Por el contrario vuelve, en una especie de eterno retorno, el modelo de especulación financiera de la mano del endeudamiento del país.
Borrar la memoria histórica, la capacidad de reflexionar y de razonar, es el modo más eficaz de “adoctrinar”.

LAS TAREAS INCONCLUSAS
En 1983, con la restauración democrática, formalmente terminaba el ciclo, pero el daño provocado no podría ser reparado rápidamente. Los desaparecidos no aparecían, muchos nunca aparecieron. Pero mientras clamaban por los desaparecidos intentaban desaparecer, a menos de dos años, la gesta de Malvinas tras un manto de neblina. Para que la democracia fuera perfecta había cosas que debían olvidarse. De las Malvinas solo se hablaba para soldarla al Proceso y enterrar la causa junto a los heroicos combatientes.
Y con Malvinas también pasaba al olvido el modelo económico de especulación y destrucción del aparato del estado, las industrias nacionales, y vergonzosamente se legalizaba la fraudulenta deuda externa.
Por eso hoy hay muchas tareas que aún resta por hacer, las que los gobiernos constitucionales que se sucedieron no lo hicieron:
Eliminar la matriz económica de dependencia instaurada por Martínez de Hoz y sus continuadores enquistados en el poder en tiempos democráticos. Entre otras tareas es clave la abolición de la aún vigente ley de entidades financieras.
Revertir definitivamente el penoso silenciamiento de la causa de Malvinas.
Frenar las políticas que se fueron implementando desde la década del ’90 y recrudecen en estos momentos orientadas a destruir el papel del estado, desarticular la industria nacional y retrotraer las conquistas de derechos de trabajadores en general, de mujeres, discapacitados y otros sectores vulnerables.
Construir un pensamiento nacional sólido que sirva de trinchera para combatir el colonialismo cultural, pedagógico y político.

(fuente: Muro de Facebook de Ruben Bourlot)