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La inteligencia artificial: el nuevo cerebro del siglo XXI

 

por Jorge Héctor Bonvín   –

En la última década, la inteligencia artificial ha experimentado un crecimiento exponencial impulsado por la disponibilidad de grandes volúmenes de datos y el aumento de la capacidad computacional. Sin embargo, este progreso plantea interrogantes fundamentales sobre la transparencia de los modelos, la equidad algorítmica y las implicaciones sociales de su adopción masiva.

Mientras algunas empresas celebran la eficiencia que aportan los algoritmos, otras temen que la automatización reemplace empleos humanos. En medio de esta transformación, la inteligencia artificial se consolida como el eje de una nueva revolución tecnológica que está cambiando la economía, la educación y la cultura.

La ética y la necesidad de asegurar que la IA está alineada con valores humanos (quién controla, cómo se regula) deben ocupar el centro del debate.

El físico teórico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico británico Stephen Hawking resumió así el tema. “El éxito en la creación de una IA eficaz podría ser el acontecimiento más  importante de la historia de la civilización. O el peor. No lo sabemos”

Cuando  en marzo de 2.023 un residente de Chicago, trabajador de la construcción, de 31 años y  drogado con hongos publicó para que lo vean unos pocos amigos una foto del Papa Francisco  con una blanquísima campera acolchada de Balenciaga y otra versión con el escudo de AFA y las tres estrellas, la gente común, para la que la inteligencia artificial era solo una palabra más aunque estaba en diferentes cuestiones de su vida, entendió que además de ser una revolución también entrañaba un peligro.

La broma que Pablo Xavier (tal era su nombre aunque no dio su apellido por razones de seguridad)  hizo para divertirse y mostrárselo a sus amigos, se difundió masiva y rápidamente a través de internet y las redes sociales como si fuera un virus, de tal manera que en poco tiempo fue vista por millones y recién cuando su  creador aclaró que era con IA las personas empezaron a ver que tenía algunos  errores.

En junio de 2024 el Papa Francisco intervino en la sesión de IA del G7 donde manifestó que se trata de “un instrumento extremadamente poderoso” ya que están presente diversas áreas de la actividad humana, desde la medicina hasta el mundo laboral, pasando por la cultura, la comunicación, la educación y la política y todo esto influirá cada vez más en nuestra vida diaria.

Pero también advirtió sobre los riesgos éticos, como la inequidad entre las naciones avanzadas y las que están en desarrollo y entre las clases sociales dominantes y las oprimidas.

“Es precisamente este poderoso avance el que hace de la inteligencia artificial un instrumento tanto fascinante como peligroso, y que requiere una reflexión a la altura de la situación”, dijo.

EL GRAN DESAFIO
La IA está totalmente instalada entre nosotros y cualquier acción que realizamos está influenciada por ella. La IA se equivoca, se escucha decir a algunas personas, y el posible que eso ocurra en algunos aspectos pero lo más notable es la velocidad con que aprende.

Sin embargo es fundamental al acceder a la IA validar las fuentes, hay que utilizar herramientas confiables, corroborar datos específicos, si hay imágenes Google Imágenes ayudan a rastrear el origen de esa imagen.

Considerar que hay riesgos nos permitirá no aceptar sin un análisis críticos, sus respuesta. De cualquier manera hay que hacer frente a esos desafíos éticos para evitar injusticias en su nombre teniendo en cuenta que su reglamentación por parte de los gobiernos viene muy lenta y solo se habla de ello en Europa y algunos estados de EE.UU.

Algunos riesgos éticos:

1.- Sesgos algorítmico
Muchos sistemas de la IA reflejan y amplifican los prejuicios existentes en la sociedad. Esto puede generar discriminación en varios aspectos como candidatos a empleos, concesión de créditos, igualdad del hombre y la mujer. Esto ocurre porque los algoritmos de que se nutre la IA aprenden de base de datos que pueden estar sesgadas y replican desigualdades sociales en la toma de decisiones.

2. Falta de transparencia y explicabilidad
Muchos sistemas de IA funcionan como «cajas negras», lo que significa que sus procesos de toma de decisiones son incomprensibles para los usuarios. Esto plantea problemas de confianza, especialmente en sectores como la salud, donde es muy importante explicar ciertas conclusiones sin las cuales es imposible saber si la IA tiene errores. Las regulaciones –cuando existan- deben exigir a las empresas mayor claridad en el uso de la IA.

3. El empleo y la economía
Son muy variadas las opiniones acerca de las personas que van a quedar al margen en situación de vulnerabilidad económica y de las actividades que pueden desaparecer. Si las advertencias son ciertas y no hay programas de capacitación y reconversión laboral, la diferencia entre países desarrollados y en vías de desarrollo y entre ricos y pobres se puede ampliar aún más.

4.- Privacidad y protección de datos
La IA utiliza toda la información que está a su alcance y los recopila sin consentimiento lo que expone a las personas a que se vulnere su intimidad. Robo de identidad para cometer delitos y discriminación algorítmica basada en información sensible son algunas consecuencias de este manejo indiscriminado de la información.-

Esto son solo algunos de los problemas éticos que nos plantea esta nueve herramienta que a través de los llamados “deepfakes” pueden influir en las elecciones, en manipular a la opinión pública que se manifiesta en la facilidad que tiene la IA en generar imágenes, videos y audios falsos..

REGULACIONES
Hay que tener en cuenta que la IA se está creciendo a un ritmo desenfrenado con regulaciones que han quedado totalmente rezadas. El vacío legal puede ser explotado por empresas y estados para tomar cualquier tipo de acción.

A medida que la IA sigue evolucionando, se hace evidente la necesidad de establecer un marco ético global que regule su desarrollo y uso. Actualmente, cada país maneja sus propias normativas, lo que genera desigualdades en la forma en que se abordan los problemas éticos de la IA. Sin un consenso internacional, los riesgos asociados con esta tecnología seguirán afectando de manera desigual a distintos sectores de la población.

Como ha expresado la Confederación Latinoamericana de Educación Católica, “la inteligencia artificial no debe estar enfocado únicamente en la eficiencia y la rentabilidad sino en el bienestar de la humanidad”.

NR.: La imagen que ilustra la nota se conoció como el Papa Balenciaga generada  por la herramienta de IA Midjourney

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