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Crispín Velázquez, el general loco de Urquiza

por Pablo Stein    –     

Crispín Velázquez, fue el clásico “patrón de estancia” de una época en la cual no existía una carrera militar y se podía llegar a general con tan solo alistarse al ejercito de su provincia y ser un personaje de cierto prestigio en la vida civil.
Velázquez no tenía instrucción alguna y apenas sabía leer, pero era inmensamente rico y propietario de grandes extensiones de campo que incluían parte de la selva de Montiel en sus pagos de Villaguay.
El origen de su fortuna
Poco o nada explican los escribas oficialistas sobre los orígenes de estos personajes que aparecen en las páginas de nuestra historia.
Lo de Crispín es muy claro y tiene que ver con la invasión a lo que hoy es la provincia de Entre Ríos por los colonizadores que bajando de Asunción de Paraguay arribaron a mediados del siglo XVI al norte entrerriano, desembarcando en Cabayu Cuatia en el actual departamento de la Paz.
Sin embargo, no estaban deshabitados los campos que luego iban a tomar los invasores y así comienzan a fundarse grandes estancias.
El abuelo de Crispín don Bartolomé Velázquez, según el historiador Pérez Colman ya era propietario en 1790 de la estancia “Los Ramblones”, no habiendo respetado para ello a los pueblos originarios, verdaderos dueños de esas tierras.
De estanciero a general
No fue hombre capaz de cultivar y como la mayoría de los poseedores de tierras, lo suyo fue la explotación ganadera y de allí se explica su sociedad con Justo José de Urquiza el mayor estanciero de la provincia y a la vez propietario del Saladero Santa Cándida.
No conforme con eso se enroló como oficial de milicias en 1822, aunque no tenía la menor idea sobre tácticas militares y le valía su capacidad de mando como patrón para ser designado al mando de tropas, las cuales eran formadas mayoritariamente por peones de campo.
El facón de Lavalle
En 1832, el general Lavalle invadió la provincia al mando de tropas unitarias, pero fue completamente derrotado.
Se produjo un episodio singular que tuvo por protagonista a Don Crispín Velázquez. Lavalle que desconocía por completo el terreno se pierde tratando de huir en la selva de Montiel y Crispín que si conocía como pocos a esos montes no tardo´ en atraparlo.
Recordemos que Lavalle en 1828, había fusilado al general Manuel Dorrego y ese crimen debía pagarse de acuerdo a lo decidido por Juan Manuel de Rosas con otro fusilamiento, el de Lavalle mismo.
Sin embargo, Velázquez no solo le perdonó la vida, sino que ordenó a varios jinetes de la partida que lo acompañasen hasta salir de los montes.
Lavalle agradeció el gesto del entrerriano regalándole un facón que supo exhibirse en la ciudad de Villaguay y del cual desconozco el destino actual.
Bajo las ordenes de Urquiza
En 1840, Lavalle vuelve a invadir la provincia.
Velázquez que estaba por entonces en el ejército federal dirigido por Pascual Echague y luego de que este enfrentara en Don Cristóbal a los invasores y ordenara el repliegue de sus fuerzas hacia Paraná, brindándole un triunfo militar a Lavalle, se dirige al sur para unir sus fuerzas a de su socio don Justo José y logran la victoria en la batalla del “animal” sobre Ángel Núñez, un lugarteniente de Lavalle.
Muy poco conocida esta batalla se dio en las cercanías del arroyo del “Animal” un cauce de poca importancia que se encuentra entre los departamentos de Nogoyá y Gualeguaychú, pero las acciones transcurrieron en este departamento. Desde allí en adelante, don Crispín que ya era socio de Urquiza, se va a transformar en uno de los hombres de mayor confianza del caudillo entrerriano.
Patrón de estancia
No existen trabas morales para el patrón que actúa a la usanza de los señores feudales de la edad media europea y Crispín Velázquez tuvo ese comportamiento teniendo hijos naturales y legítimos.
Quien fuera su esposa Juana Berón, con la cual tuvo tres hijos, la había raptado cuando aún era la esposa de un señor de apellido Reyes que murió poco después dejándola viuda. Extrañamente después de la muerte de Velázquez, su esposa también muere al ingerir un veneno suministrado por Goyeneche, médico de la familia, que manifestó que se trataba de un calmante y por entonces no existía la posibilidad de demandar a un doctor por “mala praxis” y su muerte quedo en el olvido.
La victoria de Arroyo Grande
El “Manco” Paz desde Corriente y el “Pardejón” Rivera desde el Uruguay habían invadido Entre Ríos en 1842.
Manuel Oribe liquidó definitivamente a Lavalle que murió baleado en Jujuy y se encargó de liberar Entre Ríos al frente del ejército federal que respondía a Juan Manuel de Rosas.
Crispín Velázquez cumplió una tarea fundamental convenciendo a soldados del “Manco Paz” a pasarse a las fuerzas de Urquiza. Su labor fue muy efectiva y cuando al fin se enfrentaron en la Batalla de Arroyo Grande, Urquiza estaba al mando de la caballería y Crispín Velázquez al comando unos 1250 federales en lo que resultó una victoria total de las fuerzas federales.
Su ascenso a General
Cuando Urquiza realiza el famoso “Pronunciamiento” contra su jefe Juan Manuel de Rosas y logra el acuerdo con Brasil, Corrientes y los unitarios nombra a Crispín Velázquez como Jefe del Ejército Aliado Libertador, pomposo nombre que se le da a quienes derrotaron en Caseros a Rosas y que los brasileños reivindican como victoria propia.
Fue esa la batalla que le permitió a don Crispín ascender al rango de “General”, aunque ya daba indicios de llevar consigo una enfermedad mental.
El odio de clase y la crueldad del estanciero
No estaba dentro de la moral y la ética reconocer los derechos de quienes consideraban sus inferiores y quienes por el solo predominio que le daban las armas se apoderaron de las tierras de los pueblos originarios consideraban que todo lo que en ellas había les pertenecía.
Cuando los primeros colonizadores arribaron desde el Paraguay a Entre Ríos dejaron en libertad ganado vacuno que sin depredadores naturales que redujeran significativamente su reproducción se multiplicaron por miles y la matanza de ese ganado cimarrón era tomada con toda naturalidad por gauchos y aborígenes que habitaban la provincia.
Crispín se consideraba propietario de esa hacienda y castigaba con pena de muerte a quien encontrara matando ganado.
Su crueldad lo hizo famoso entre el pueblo y no faltaron quienes justificaron una justicia que no resiste el menor análisis en una sociedad democrática.
Nada justifica la locura
En 1862, Crispín de unos 70 años y habiendo logrado obtener nuevos campos en Villaguay recibió los santos oleos administrados por el que hasta ese momento era el sacerdote de la familia Urquiza, Domingo Ereño y falleció cuando ya estaba definitivamente loco.
Su hijo mayor, Polonio heredo el mando militar y el mismo Justo José de Urquiza estuvo en su velatorio de su amigo y socio, el 16 de abril de 1862.
Polonio había combatido en Caseros e incluso participado contra la invasión porteña de 1852. Estuvo en el triunfo de Cepeda y en la derrota de Pavón.
Apoyó la represión a la revolución de López Jordán, pero nunca le permitieron tener el mando de tropas.
Rescatando una frase de Crispín
Siempre se trata en estos breves artículos de hacer un acercamiento a la personalidad histórica del personaje y nuestro pobre empleo de la dialéctica nos lleva a considerar acciones que han sido omitidas por los escribas oficialistas, sin embargo, se le atribuye a don Velázquez una frase que puede servirnos de guia en estos difíciles tiempos que atravesamos: “Cenizas, solo cenizas deja el tiempo pasado. Pero hay una chispa que no ha muerto y es el gran incendio esperado
Bibliografía consultada:
Benjamín Martínez; “Generales de Urquiza, desfile de valientes”; Ed. Thor; Bs. Aires; 1932
Isidoro Ruiz Moreno; “Campañas militares argentinas” Tomo III; Ed. Emece; Bs. Aires; 2008

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