por Gustavo Sirota –
“presenciar un crimen en silencio es cometerlo” – José Martí
“Un niño muere cada 51 minutos en Gaza…más de “20.000 menores sobreviven sin padres y con hambre”. El informe de la Universidad Royal Holloway de Londres, que reproduce el diario israelí Haaretz el viernes 27 de junio, estremece. Sitúa el “número de muertes entre 60.000 y 90.000, más de la mitad de ellas mujeres, niños u hombres mayores de 65 años… entre el 4% y el 5% de la población del territorio antes de la guerra ya ha sido asesinada”. Los judíos, de la Shoáaprendimos que no debía pasarle nunca más a nadie. Lo que está sucediendo vulnera la memoria de las víctimas. Nos obliga a no callar.
Saif Helles tenía cuatro años. Falleció el domingo 10 de agosto en el hospital Asdiqa Almarid de la ciudad de Gaza. La causa de muerte fue desnutrición. Las muertes por desnutrición han aumentado en las últimas semanas. De las 227 reportadas 101 eran menores de edad. Hambruna que las organizaciones humanitarias atribuyenprincipalmente al bloqueo total impuesto por Israel durante 11 semanas – entre el 2 de marzo y el 19 de mayo – que impidió la entrada de alimentos, medicamentos y combustible.
La ONU advierte que Gaza se encuentra al borde de la hambruna. Más de un tercio de la población pasa días sin comer y los indicadores de desnutrición han alcanzado niveles críticos. Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF alertó sobre la “masacre de niños y niñas en el enclave asediado”. De las 61.000 muertes registradas, “más de
Más de 20.000 menores sobreviven sin padres y con hambre reportan organizaciones humanitarias. “Es una catástrofe humanitaria provocada por el hombre. Un resultado directo de las políticas impuestas por Israel”, denuncia la ONU. Organizaciones humanitarias y países como Australia, Canadá, Japón, España y Alemania acusan a Israel de librar deliberadamente una “guerra de hambre”. Desde la Segunda Guerra Mundial no ha habido ningún caso de hambruna “tan minuciosamente diseñada y controlada”.
Un equipo de investigadores coordinado por Michael Spagat, de la Universidad Royal Holloway de Londres, situó el “número de muertes violentas entre 60.000 y 90.000, más de la mitad de ellas mujeres, niños u hombres mayores de 65 años”. Observadores
“Entre el 4% y el 5% de la población del territorio antes de la guerra ya ha sido asesinada” aseguran publicaciones como “The
El impacto demográfico general es difícil de comprender. La esperanza de vida estimada ha disminuido en más de 35 años, a aproximadamente la mitad de la cifra anterior a la guerra. Para los civiles que han sobrevivido, el panorama es desolador.
Podría seguir largamente sumando datos, números, cifras de la destrucción planificada de Gaza. Saif Helles, su muerte por desnutrición a los 4 años, debiera dejarnos mudos, en silencio, sin palabras.
Seguramente hay brutos con iniciativa, necios, obtusos,supremacistas mesiánicos o fascistas que pueden justificar la muerte y el horror. Los judíos, de la Shoá – calamidad o destrucción -, aprendimos que no debía pasarle nunca más a nadie. Lo que está sucediendo vulnera la memoria de lasvíctimas. Nos vulnera a cada uno.
Para aventar dudas o suspicacias, crecí escuchando
Convencido que no habrá paz posible si no es a través del diálogo, del reconocimiento del derecho de autodeterminación del pueblo palestino y la creación de un Estado soberano propio en convivencia armónica con el Estado de Israel. La solución de “dos pueblos, dos estados”. Israel debe retirarse de los territorios ocupados y regresar a las fronteras de 1967. Debe terminar la política de limpieza étnica, ocupación y anexión que llevan adelante los sectores supremacistas y mesiánicos de Israelen Cisjordania y Gaza.
Así como condené la terrible masacre – y el secuestro de más de 250 personas, de los cuales aún quedan 20 rehenes con vida – cometida el 7 de octubre de 2023 por grupos fundamentalistas. Así como pido por el regreso de todos los rehenes con sus familias, también alzo mi palabra para condenar el genocidio que Netanyahu y su gobierno de fanáticos fascistas llevan adelante en Gaza.
Deben rendir cuentas – Netanyahu y su gobierno de supremacistas, mesiánicos y fascistas – por los daños causado a la sociedad israelí, al pueblo palestino y a la humanidad toda.
Desde mi pequeño mundo reivindico uno de los principios rectores del humanismo judío: el de «tikun olam» -reparación o perfección del mundo-; la responsabilidad de contribuir a través de la justicia social, la acción ética y el servicio a la comunidad para el bienestar del hoy, y para que las futuras generaciones vivan en un mundo más justo e igualitario.