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La última carta de Miguel de Cervantes Saavedra antes de morir

Cervantes nace el 29 de septiembre de 1547 en la ciudad de Alcalá de Henares España, si bien la fecha exacta de su nacimiento no está documentada, se estima esa fecha pues su registro de bautizo fue el 9 de octubre de ese mismo año, es decir a los pocos días, lo que era muy común en los niños que acababan de nacer. 
A lo largo de su vida pasó una serie calamidades que relato en este artículo. Pero hoy conoceremos más acerca de sus últimas horas.

LAS ÚLTIMAS HORAS DE CERVANTES
Existe un libro de Luis Astrana Martín, periodista, ensayista y traductor español considerado el biógrafo oficial de Cervantes. Astrana escribió «Vida ejemplar y heróica de Miguel de Cervantes Saavedra». En el podemos conocer detalles de los últimos días antes de su muerte.

Uno de ellos es que el escritor profesó en la Orden Tercera de San Francisco, para «ahorrar a su mujer los gastos de un presentido entierro».
El mal de Cervantes era una avanzada diabetes, una enfermedad que para la época no tenía cura. A pesar de ello, el doctor le recomendó viajar a la localidad toledana de Esquivias (pueblo de su esposa), con la esperanza de que tras un cambio de aires pueda mejorar. Sin embargo, regresó peor a los pocos días.

LA ÚLTIMA VOLUNTAD
Como bien cristiano, Cervantes se levantó y otorgó su última voluntad, además el 18 de abril de 1616 se le administró la extremaunción. Según Astrana «se moría a chorros», no obstante tuvo fuerzas y ánimo al final de su lecho para tomar la pluma y escribir, el martes 19, una carta a don Pedro Fernández Castro a modo de agradecimiento y despedida. 

Esa carta es la que leeremos este día. Del mismo modo, pudo escribir el prólogo del Persiles, la última de sus obras que fue publicada póstuma en 1617.
El padre confesor fue Francisco Martínez, quien también se encargó de ayudarle a bien morir y negociar todo lo pertinente para su sepultura en el monasterio de Trinitarias, donde trabajaba como capellán.

MOMENTOS FINALES
Siguiendo el relato de Astrana, el enfermo Miguel de Cervantes iba cayendo en un coma letal. «Toda la casa de los a casa de los Martínez asistiría en aquellas horas a la habitación del moribundo y velaría después el cadáver: Gabriel y su esposa, con sus dos hijas doña Juana Ximénez y doña Isabel Martínez, y sus dos hijos sacerdotes».

Si bien Cervantes no murió solo, no existe una constancia documental de que estuviera también acompañado de su hija bastarda doña Isabel, quien según Astrana «Vivía en opulencia sin acordarse para nada de él». 
 
Así, Miguel de Cervantes Saavedra murió el viernes 22 de abril, no el 23 como erróneamente se creía. Astrana dice que lo llevaron a hombres en un ataúd muy pobre «con la cara descubierta, como a Tercero que era» y vestido con hábito, desde la casa donde falleció hasta el monasterio de las Trinitarias. Encima de su ataúd se puso un paño de San Francisco, era sábado, con «un día raso de sol espléndido».

LA CARTA
Lo que leerás a continuación lector, es un documento valioso que nos acerca al espíritu inmortal del autor del Quijote. Está dirigida a Don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos.

A D. Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, etc. Aquellas coplas antiguas que fueron en su tiempo celebradas, que comienzan:
 
Puesto ya un pié en el estribo; quisiera yo no vinieran tan á pelo en esta mi epístola, porque casi con las mismas palabras la puedo comenzar diciendo:
Puesto ya el pie en el estribo,
Con las ansias de la muerte, 
Gran señor, ésta te escribo.
Ayer me dieron la extrema-unción, y hoy escribo esto; el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo eso llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir y quisiera yo ponerle coto hasta besar los piés á V. E. que podía ser fuese tanto el contento de ver a V. E. bueno en España, que me volviese á dar la vida; pero si está decretado que la haya de perder, cúmplase la voluntad de los cielos, y por lo menos sepa V. E. este mi deseo, y sepa que tuvo en mí un tan aficionado criado de servirle, que quiso pasar aun más hallá de la muerte, mostrando su intención. Con todo esto, como en profecía me alegro de la llegada de V. E. regocíjome de verle señalado con el dedo, y realégrome de que salieran verdaderas mis esperanzas dilatadas en la fama de las bondades de V. E. todavía me quedan en el alma ciertas reliquias y asomos de las Semanas del jardín del famoso Bernardo, sea dicho, por buena ventura mía, que ya no sería sino milagro, me diese el cielo vida, los verá y con ellos al fin de la Galatea de quien se está aficionando V. E. y con estas obras continuando mi deseo. Guarde Dios la de V. E. como puede.
 
De Madrid á 19 de Abril de mil seiscientos y diez y seis años.
MIGUEL DE CERVANTES.

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