Por Susy Quinteros –
En un mundo de amplio desarrollo tecnológico de las comunicaciones sorprende la emergencia de este fenómeno que incluso se da en personas exitosas. Si analizamos más de cerca este hecho vemos que ese avance desarrolla una mayor dependencia a la televisión, el celular o la computadora y menos a las relaciones con amigos, familiares o vecinos. La cultura del consumo globalizado, la necesidad del mercado destinado a la elección individual del objeto de consumo, sumado a condiciones laborales que no respetan los espacios sociales comunes de descanso, han deteriorado y a menudo eliminado la interacción social. Instituciones como el bar o el club de barrio, donde se establecían lazos de por vida, han dado lugar a relaciones circunstanciales y temporarias. La familia tradicional por su parte, se encuentra inmersa en un profundo de mutación donde los roles sufren vertiginosas transformaciones, y aparecen nuevas modalidades de vínculos de convivencia, no sólo por su relación de familiaridad sino por lazos más débiles y momentáneos. Una muestra actual son los “reality shows televisivos” que adelantan una posible forma de agrupamiento humano.
Frente a tan fuertes determinaciones, la presión apunta al individualismo, la soledad y el aislamiento. Aceptar esa realidad condenaría a las personas a una situación pasiva y totalmente determinada. Desde la salud mental creemos en las posibilidades de cada individuo para asumir una actitud activa y protagonista de sus roles.
De una entrevista que mantuve con el Licenciado en Psicología, Roberto Guzmán de la ciudad de Buenos Aires, rescato estos conceptos:
Aparece en nuestra sociedad actual un malestar cada vez más recurrente: la soledad. Se presenta de diferentes maneras y en las más patológicas puede llegar a desencadenar consecuencias de extrema gravedad, incluso el suicidio. El trabajo clínico muestra con frecuencia que se elige la soledad con el fin de evitar conflictos ya que todo vínculo humano es complejo y toda relación con el otro abre se abre a la confrontación con lo diferente, a historias singulares distintas a la propia donde se ponen en juego afectos, demandas, reconocimientos, frustraciones y miedos. Un trabajo psicoterapeuta aportará un espacio para que cada paciente elabore los conflictos, angustias y malestares generados por la convivencia y le permita enriquecerse y crecer en los distintos tipos de lazos sociales que sostenga en su integración con los demás.