Por Roque José Giovenale –
Tras 92 años de una vida hermosa, se produjo ayer, 28 de febrero, la partida de Manuela Tejedor de Santángelo.
Invariablemente hubo y habrá para identificarla, un apelativo con un modo especial de pronunciarlo, ¡Manuca!!!, dicho con admiración y cariño.
Su calificado recorrido artístico, que le generó numerosos reconocimientos, se sumó a una personalidad de modos sencillos y queribles.
A raíz de su fallecimiento, desde el seno de Casa de la Cultura, se compartieron en las redes sociales estas expresiones:
“Hoy es un día muy particular para el Teatro, MANUCA SANTANGELO destacada y querida actriz uruguayense, se nos fue de gira, “te fuiste, pero seguirás viva en nuestros corazones, ¡porque los artistas NUNCA MUEREN!» Te despedimos cálidamente, pero serás eterna en nuestros corazones, en nuestras mentes y por sobre todo en nuestro andar diario en las tablas. Tu tránsito imborrable, será nuestro ejemplo, energía y fuerza para seguir peleando por ese amor infinito que nos unirá siempre y es el TEATRO»
HASTA SIEMPRE –MANUCA-, HOY Y SIEMPRE PRESENTE”
Durante el año 2017 se presentó el libro titulado «Desde el Ayer hacia el Futuro MUJERES Pasión y Trascendencia» gestada desde la Comisión de Educación y Cultura del Concejo Deliberante de nuestra ciudad, junto al Espacio Editorial Institucional UCU, como una forma de homenaje a mujeres con destacada trayectoria en diversas facetas de la vida uruguayense. Una de ellas fue «Manuca», a la que se le dedicó el texto que seguidamente reproducimos:
MANUELA VICTORIANA TEJEDOR DE SANTANGELO «MANUCA»
Artista de circo y de teatro
12-01-1926
Manuela Victoriana Tejedor de Santángelo nació en Victoria, Entre Ríos, el 12 de enero de 1926 y se hizo conocida en el ámbito del radioteatro como «Manuca Montes».
Es hija del fundador del circo Hermanos Tejedor. Creció bajo el influjo artístico de su padre y sus hermanos mayores, y, por eso, tan naturalmente como aprendió a caminar, se hizo contorsionista a los seis años.
Las compañías circenses eran, fundamentalmente, de familias prolíficas. La prole Tejedor era de once jóvenes artistas, que viajó por buena parte de la Argentina y por países vecinos, en tiempos de escaso desarrollo de rutas. En la gira por Paraguay, por ejemplo, los baqueanos debían abrir picadas en el monte para que pudieran viajar de pueblo en pueblo.
La vida del circo carecía de comodidades. Una casilla rodante era un lujo que pocos se podían dar y la mayoría tenía que conformarse con vivir en camarines de lona o alquilar una habitación en casas particulares.
La educación de los más jóvenes era siempre incompleta. Manuca apenas alcanzó a cursar la mitad del ciclo primario y decidió terminar su séptimo grado cuando cumplió 50 años.
No obstante, por insistencia de su padre, los hermanos Tejedor fueron personas ilustradas, gracias a la lectura constante de libros y de obras de teatro. También adquirieron conocimientos de música, canto, baile, oratoria y declamación, necesarios para ser dignos artistas bajo la carpa.
Entonces, los circos completaban su presentación con una segunda parte teatral, y Manuca, a los quince años, ya interpretaba los papeles de damita como protagonista femenina en las obras.
En 1945 se casó con Raúl Santángelo, actor del circo de su padre, con quien se transformaría en cabeza de compañía de radioteatro con sus nombres artísticos, Raúl Jordán y Manuca Montes, a principios de la década del 50.
En 1952 trabajó en LT2, de Rosario, y en 1953 inauguró las trasmisiones de obras de radioteatro en LT14, de Paraná, participando en la compañía teatral de su suegro Felipe Santángelo, hermano de Héctor Santángelo, referente cultural de entonces, que hoy le da nombre al anfiteatro del Parque Urquiza de Paraná.
Con su hija, Zaída del Rosario, Bucky, ya nacida, llegó a Concepción del Uruguay, Entre Ríos, en 1959, atraída por la creciente referencia de LT11, inaugurada en 1951, como radio regional.
Durante los siguientes 15 años hicieron las obras del radioteatro en la otrora filial uruguayense de Radio Splendid, además de transmitir distintas temporadas en LT15, de Concordia, y en CW 35, de Paysandú, República Oriental del Uruguay. El trabajo la llevó, trashumante, a las ciudades correntinas de Goya y Paso de los Libres, y nuevamente a la provincia de Santa Fe, a la capital y a Rosario.
Los años 70, habiendo nacido su hijo Abelardo, encontraron a Manuca integrando las compañías de Jorge de Torres, Rolando Acosta y Luis Roberto Volpi, en LT11, aunque también viajó a Trenque Lauquen, Buenos Aires, a transmitir por Radio LU 11, a Córdoba, y a Roque Sáenz Peña, Chaco.
En 1975 abandonó el radioteatro, que ya perdía audiencia, se estableció definitivamente en Concepción del Uruguay y comenzó su etapa de participación en el teatro independiente, dirigida por Eugenia Orlegui, Cecilia Elicabe, Enrique De Michele, Héctor Ferrari, Mario Lorán y Carlos Zelayeta.
En 1991 participó del Taller Latinoamericano de Teatro que se realizó en Concepción del Uruguay, y meses después viajó a Barquisimeto a presentar una obra en el Taller Latinoamericano de Venezuela.
En 1992 le otorgaron, en Buenos Aires, el premio Podestá a la trayectoria teatral, instituido por la Asociación Argentina de Actores y avalado por el Senado de la Nación.
En 2005, la Muestra Anual de Teatro Uruguayense, organizada por la Municipalidad de Concepción del Uruguay, llevó su nombre, y recibió el Premio Cimarrón, que otorga la provincia de Entre Ríos a los artistas destacados.
En 2007, en La Rioja, el Instituto Nacional de Teatro le entregó el Premio a la Trayectoria, durante el desarrollo de la Fiesta Nacional de Teatro.
A fines de esa década hizo sus últimas presentaciones actorales.