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DESPUÉS DEL 17 LA CONSIGNA ES: «HAY QUE MATAR A PERÓN»

 

 

Producido el 17 de octubre, las fuerzas políticas antagónicas se aprestan a la campaña electoral con vistas a las elecciones de febrero de 1946. El 23 de octubre, el grupo más consecuente de sindicalistas que han apoyado al coronel organizan el Partido Laborista. Como presidente de la nueva agrupación es designado Luis F. Gay, del gremio telefónico. Por su parte, también se organiza la Junta Renovadora Radical, en la cual participa el sector más popular del radicalismo, cuyas principales figuras son Armando Antille y Hortensio Quijano. FORJA, por su parte, se disuelve para dar libertad a sus integrantes. Se gesta, asimismo, un partido Independiente, al cual aportan sus esfuerzos algunos nacionalistas , así como Centros Cívicos- algunos organizados por Eduardo Colom- y otras fuerzas que siguen la orientación de Filomeno Velazco. En estas agrupaciones sustenta el coronel su campaña electoral.

 

En noviembre queda organizada la Unión Democrática, alianza de los partidos Radical, Socialista, Demócrata Progresista y Comunista, que lleva una fórmula integrada por dos hombres del Radicalismo y cuenta con el apoyo de las fuerzas conservadoras, aunque éstas no integran formalmente la coalición. En esos días, la Iglesia Católica emite una pastoral que implícitamente significa un aval al coronel Perón pues prohíbe a sus fieles que voten por partidos en cuya plataforma electoral figuren el divorcio, la enseñanza laica o la separación de la Iglesia y el Estado.

En esos fines del año 45, las fuerzas reaccionarias se movilizan para obstaculizar el camino de Perón hacia el poder. Desde Estados Unidos, Braden continúa su lucha: «…Los nazis no han sido eliminados todavía… Acabo de presenciar el sufrimiento de una gran nación… He visto a un pueblo brutalmente escarnecido por alguien que se titula salvador, apoyado por una camarilla que remeda a su prototipo europeo… Los nazis europeos subyugaron a su propio pueblo antes de que intentaran someter a sus vecinos. No se debe permitir que la historia se repita». En esta misma línea, el 22 de noviembre, el canciller uruguayo Eduardo Rodríguez Larreta lanza una propuesta al resto de países latinoamericanos, propiciando, en base a las Actas de Chapultepec, «una cualquiera o todas las medidas colectivas previstas», que deben ser «usadas legítimamente contra un régimen americano totalitario que no haga honor a sus compromisos internacionales y niegue los derechos básicos a sus ciudadanos». Argumenta que ello no violaría el «principio de no intervención» porque no es posible que «ese principio de no intervención sea un escudo tras el cual puedan perpetrarse delitos, se viole la ley, se dé acogida a agentes del Eje y se eludan compromisos obligatorios». El Departamento de Estado norteamericano da inmediato apoyo, pero nueve países americanos se manifiestan en contra, por lo cual el intento se frustra.

El 8 de diciembre, la Unión Democrática lanza su campaña electoral en el barrio del Congreso. Los oradores centran sus críticas al nazifascismo que encarnaría Perón. Tanto en este acto, como en otros desarrollados pocos días después, se producen graves enfrentamientos entre los militantes «democráticos» y peronistas. Con gran beneplácito, informa, desde la embajada yanqui, el agregado cultural Mr. Griffith: «La jornada del 8 ha servido para demostrar que la oposición comienza a mostrar las uñas…Hasta ahora trataron de contener pacíficamente a los peronistas… Ahora saben que la consigna es tirar primero». Agrega Griffith que «el acto de Congreso fue de 200.000 personas”, pero no se halla del todo satisfecho porque «faltó la nota emotiva, romántica o heroica que pusiera a muchos afiliados en la obligación de ir». ¿A qué heroísmo se refiere el agregado cultural de la embajada? El mismo lo aclara, líneas después, planteando lisa y llanamente el asesinato político: » Hasta ahora dos técnicos opositores han rechazado el recurso del crimen político, por inconveniente, por desventajoso y porque trae como consecuencia violentas represiones y luctuosos desquites. Pero la verdad es que muchos piensan y plantean el asesinato de Perón. Esto es difícil, pero no imposible, ya que se podría atentar contra su vida desde alguna ventana de la Avenida 9 de julio. De ahí las dudas y la inseguridad de que Perón hable el día 14″.

La concentración peronista se realiza, sin embargo, frente a Cerrito 366 desde donde habla Perón. Según Fermín Chávez, ese día se incorpora el bombo al folklore peronista y también ese día, Perón se quita el saco y declara: «No nos deshonramos por ser descamisados..Nos deshonraríamos por ser fraudulentos, ladrones o pillos… Es para nosotros un honor tener un corazón bien puesto debajo de una camisa y no debajo de una chaqueta lujosa».

El 20 de diciembre, el gobierno lanza el decreto 33.302 que estatuye el sueldo anual complementario. La patronal reacciona declarando la inconstitucionalidad de la medida y declara, como repudio, un lock out, en todo el país, desde al 14 al 16 de enero. Diversas solicitadas impugnan la medida, entre ellas una del Consejo Directivo de la Industria Azucarera. También el Partido Comunista se manifiesta en contra por «tratarse de una medida demagógica… de neto corte fascista, que quiere servir los planes demagógicos del continuismo nazifascista». En idéntico sentido se expresa Codovilla en el Congreso partidario del 22 al 25 de diciembre planteando la necesidad de combatir «al nazi peronismo para abrir una era de libertad y progreso». Allí deposita también su esperanza en que el imperialismo se ocupará de dar a los argentinos esa «libertad» y ese «progreso»: «Creo que se puede afirmar que si el peronismo se atreviera a desatar la guerra civil, no contará en el plano internacional con el apoyo con que contó Franco cuando la desencadenó en España. Es otra época. Aún en el caso problemático de que los peronistas consiguieran triunfar, las Naciones Unidas y su organismo de Seguridad Mundial contra la agresión, no permitirán que se consolide en nuestro país una cabecera de puente del nazifascismo que podría convertirse en un foco de guerra de agresión en el continente… y pondría en peligro la estabilidad de la paz en el mundo».

Esta idea de la posible intervención extranjera recorre todo el espectro político, desde la izquierda a la derecha. Para la misma época, Roberto Levillier le reclama a Braden que publique un documento de denuncia de las vinculaciones del actual elenco gobernante con el nazismo y su divulgación en toda América. «El problema- sostiene Levillier- no es interno de la Argentina sino internacional», pues un posible gobierno peronista constituiría «un riesgo de imperialismo y una vibración extremista en lo social» mientras que «la entronización de los descamisados sería, por otro lado, la decadencia de nuestra cultura y un descenso a un nivel de vulgaridad y materialismo imprevisibles». En conclusión sostiene que «es necesario que los países amantes de la paz formen un plan de acción pues no se trata de fascismo o democracia teórica, sino de paz o de guerra imperialista». En la última parte de este documento, Levillier evidencia que no sólo le preocupa el destino de su patria y el de la humanidad, sino también el suyo propio, especialmente en el terreno de los negocios: «Le ruego atienda a mi amigo Marcelo Moyano… El y yo pertenecemos a una sociedad que desea vender a una compañía de navegación dos cargueros estadounidenses». Braden contesta señalando que «desgraciadamente, la continuada y ciega adhesión a viejos conceptos de soberanía nacional e interpretaciones técnicas de la doctrina de no intervención, motivan que sean trabados los esfuerzos de quienes consideran que una acción colectiva es urgentemente necesaria si, realmente, deseamos vivir en un mundo pacífico y seguro». Luna señala que «entre diciembre y enero, en ciertos círculos opositores, empezó a correr un insólito susurro. Se daba como posible una intervención armada de Estados Unidos en la Argentina que habría de liquidar rápida y eficazmente al régimen de Farrell».

Pero, en el Departamento de Estado no existe criterio unánime al respecto. La posición intervencionista de Braden es controvertida por otros funcionarios que consideran que, en ese caso, el prestigio de Perón aumentaría notablemente en varios países latinoamericanos, con el consiguiente peligro y que, en cambio, resulta preferible apoyar a los opositores. Mientras, en la Argentina, el furor antiperonista aniquila los escrúpulos patrióticos de intelectuales y políticos. Así, el 8 de enero, un grupo de políticos y escritores de nuestro país se dirige a la Primera Asamblea General de las Naciones Unidas sosteniendo que «no es posible invocar el principio de no intervención» contra «la solidaridad democrática» y «que ninguna norma jurídica debe obstar a la extirpación del nazifascismo, ni servir, en caso alguno, a los opresores de los pueblos» . Firman: Borges, Bioy Casares, las hermanas Ocampo, Romero Brest, Petit de Murat, Gerchunoff, Repetto, Sánchez Viamonte, Dickmann, Luciano Molinas, Perete, Peter y Chiaranti.

Diez días después, se formula -ahora más descarnadamente aún- otro pedido de intervención: Gregorio Bergman, intelectual ligado al Partido Comunista, en representación de la Liga Internacional por los Derechos del Hombre, «presentó a las Naciones Unidas un memorial en que sostiene que las Naciones Unidas no deben permitir la repetición de tales situaciones como la intervención nazifascita en España». «La Razón» informa que Bergman ha declarado que «en la Argentina se hallan en el poder elementos nazifascistas» y que «Perón permanecerá en el poder a menos que se produzca una intervención. Ellos no se dejarán vencer sin violencia… La carta de las Naciones Unidas autoriza a la ONU a detener al nazifascismo y los artículos 10,11 y 14 dan poderes a la Asamblea para resolver el caso argentino y le permiten discutir los medios para extirpar al nazismo -en este caso, de la Argentina- aún por medio de la fuerza militar. Bergman destacó que representaba a la Liga Internacional por los Derechos del Hombre y no a ningún partido. En el memorial presentado pregunta: «¿Es posible que no se tome una acción oportuna y previsora a tiempo para prevenir una agresión potencial e inminente?».

En ese verano de 1946, los candidatos presidenciales desarrollan giras por el interior del país .La Unión Democrática ha consagrado a dos hombres de la derecha radical: Tamborini y Mosca. Los radicales intransigentes manifiestan su desacuerdo con los dirigentes elegidos, mientras socialistas, demoprogresistas y comunistas asumen la fórmula como propia, manteniendo sus candidatos a diputados. Los conservadores apoyarán la fórmula aunque no integran la Unidad Democrática, al ser rechazados por los radicales. Curiosamente, salen en su defensa, los dirigentes del partido Comunista: «La ausencia del sector conservador es una de las más considerables debilidades de la Unión Democrática- señala Arnedo Alvarez, alto dirigente stalinista. El partido conservador es una fuerza seria que ha gobernado al país durante muchos años y que cuenta con sectores importantes, en muchos lugares del país… Consideramos necesario incorporar a todas las fuerzas antiperonistas en el gran frente antiperonista de la democracia argentina». Por su parte, laboristas y radicales renovadores impulsan al binomio Perón- Quijano.

En esa campaña, la prensa- salvo «La Época» y algún otro diario de escaso tiraje- apoya totalmente a la Unión Democrática. Sólo la radio difunde la voz del coronel. La prensa extranjera, por su parte, adopta una militante posición antiperonista. J. Page, en su biografía de Perón, ataca duramente el comportamiento de la prensa norteamericana por la utilización de muy bajos recursos, pues califica a Perón como «hitler sudamericano» e incluso recurre a trampear fotografías para adjudicarle rasgos de «pervertido sexual». Con relación a los fondos empleados en la campaña electoral, resulta notorio que la Unión Democrática dispone de una importante financiación, expresada en afiches, viajes y actos, mientras que en general la campaña peronista se caracteriza por su modestia recurriendo a menudo a los métodos más populares del carbón y la tiza. En este aspecto, estalla un escándalo cuando el presidente de la Unión Industrial -Raúl Lamuraglia- entrega dos cheques -que suman 500.000 pesos- al Tesorero de la Unión Cívica Radical que, al ser depositados para su acreditación en un Banco, pasan por manos de un militante peronista quien lo hace público, con la consiguiente reacción popular que en más de un acto cantará «che-que», «cheque», aludiendo a este aporte empresario.

En febrero, ante alarmantes versiones de que Perón ganaría las elecciones, el Departamento de Estado decide jugar fuerte en la campaña electoral de la Argentina. Para ello, lanza un documento titulado «Consultas entre las repúblicas americanas sobre la situación de la Argentina», que pasará a la historia como «Libro Azul». En ese informe se intenta probar el carácter nazifascista del gobierno argentino, así como el peligro que implica su consolidación. El propósito es lograr la condena del resto de los países latinoamericanos o por lo menos, de los más importantes, probablemente como paso inmediato a la intervención militar en el caso del triunfo peronista. Su aparición -el 11 de febrero, trece días antes de las elecciones- es saludada por la prensa yanqui con titulares tipo catástrofe: «Argentina acusada. La negra perfidia de la patota fascista de Perón -informa el «New York Times»- y toda su traición desenmascarada por nuestro Departamento de Estado». «Time» publica: «La Argentina fue acusada prácticamente de todos los crímenes contra la democracia. La grave acusación fue expresada en un lenguaje que ninguna nación utiliza normalmente a no ser que esté dispuesta a hacer la guerra».

La aparición del Libro Azul provoca entusiasmo en la oposición antiperonista y sus argumentos son profusamente utilizados por ella. Un alto dirigente radical, Eduardo Laurencena, le agradece al imperialismo yanqui: «El libro Azul no sólo no es una injerencia en nuestra política sino que es un gesto amistoso y lleno de consideración para el pueblo argentino». Cabot, desde la embajada, informa al Departamento de Estado, «la gran satisfacción de la gran mayoría de la gente con la cual la embajada tiene contacto». Escudé señala que la diplomacia británica lo consideró un documento muy tendencioso, con escasa o nula documentación probatoria. Las denuncias – enarboladas en la polémica por los partidos de la Unión Democrática- resultan muy débiles para un criterio riguroso, de manera tal que Estados Unidos no logra la pretendida declaración conjunta latinoamericana: «Brasil, Chile, Méjico y Ecuador rechazaron el libro Azul». Diez días después, Perón refuta ese documento con otro que sugestivamente titula «el libro Azul y Blanco», ratificando así la defensa de la soberanía argentina. Sostiene Perón que la mayor parte de las denuncias corresponden al gobierno de Castillo, el cual fue precisamente derrocado por el gobierno juniano, descalifica algunas de las imputaciones como «meros infundios» y agrega un apéndice donde diversas personas imputadas rechazan los cargos por faltos de toda veracidad. Asimismo, en el discurso pronunciado frente al obelisco, al día siguiente de la aparición del libro Azul, Perón convierte esa intervención insólita del Departamento de Estado en la campaña electoral argentina, en un instrumento de reafirmación nacional contra el imperialismo: «Lo que en el fondo del drama argentino se debate es un campeonato entre la justicia y la injusticia social… Hermanos, con pensamiento criollo, con sentimiento criollo y valor criollo, estamos abriendo el surco y sembrando la semilla de una patria libre, que no admite regateos de su soberanía… pues queremos que nuestra patria sea socialmente justa y políticamente soberana… ¡Denuncio al pueblo de mi patria que el señor Braden es el inspirador, creador, organizador y jefe verdadero de la Unión Democrática! La disyuntiva en esta hora trascendental, es ésta: Braden o Perón.

El 22 de febrero se cierran las campañas. Tamborini se expresa en estos términos: «Dijérase que una deidad sombría se ha entretenido en destruir en tres años la obra de nuestros mayores…He de ser, antes que nada, el presidente de la Constitución nacional» y dirigiéndose a la concentración partidaria: «Sóis los dignos herederos de las glorias antiguas. Descansad un instante a la sombra protectora de la bandera de la patria». Perón se dirige a los trabajadores: «…Si el patrón de la estancia, como han prometido algunos, le cierra las tranqueras, rompa el candado o la tranquera o corte el alambrado y pase a cumplir con la patria. Si el patrón lo lleva a votar, acepte y luego haga su voluntad en el cuarto oscuro…No ceda ante nada. Desconfíe de todo…Estos comicios han de ser limpios y puros…Que la pureza, la justicia y la rectitud actúen porque, de lo contrario, no habrá valla que nos detenga».

El 24, el pueblo concurre a las urnas. El escrutinio es lento y recién culmina el 6 de abril: Perón – Quijano 1.527.231 votos; Tamborini – Mosca 1.207.155 votos. El peronismo alcanza, además, amplia mayoría en las cámaras de Diputados y Senadores.
El historiador norteamericano Hubert Herring escribe, pocos meses después: «Tenemos una Argentina obstinadamente fuera de alcance, es decir, una Argentina que no va a permitir que le elijamos su presidente». J. Page comentará luego: «Para los Estados Unidos, la victoria de Perón fue una píldora difícil de tragar porque hacía resaltar las limitaciones de la habilidad de Washington para controlar los acontecimientos en América Latina».

(Fuente: Cuadernos de la memoria, Aquellos días de octubre)

Extraído de Pensamiento Discepoleano

Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 16/10/2022