El sanador
-A mi hijo se le desacomodó el cerebro, pobrecito- dijo la mujer de ojos oscurísimos, humedecidos por lágrimas que ya no querían abandonar el borde de sus párpados. Hacía una semana que había tenido un accidente en la ruta 39 por la que circulaba con un amigo, al amanecer, cuando volvían de escuchar una banda de rock. El choque con un camión partió el auto en dos. El conductor del gran rodado murió en el acto. Su amigo resultó ileso. Con la cabeza abierta y una herida en la espalda desde el hombro a la cintura, el muchacho de veintiséis años, separado y padre de tres hijos, llegó al hospital de zona. Desde ese día deambula por salas de operaciones, tomografías y medicamentos, esperando la vida o la muerte. Sentada entre muchos, en el duro banco de una fría salita, la madre, joven y vieja, espera que la atienda el famoso sanador del lugar. Velas, santos y rezos, el día hace rato que apagó su claridad.
SusyQ 2022