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LITERATURA, LA HORA DEL CUENTO: EL CLUB

EL CLUB

(por Rodolfo Oscar Negri)

No había sonado el despertador, pero ya estaba arriba y dispuesto a cumplir con la rutina mañanera.

Fue al baño y se detuvo mirando su propio rostro en el espejo del botiquín. Lo vió desmejorado, demacrado. Había dormido muy mal y su mente se había poblado de sueños extraños y aterradores que le habían producido angustia, desasosiego, opresión. Hasta le pareció tener palpitaciones. “Seguramente los tallarines con salsa bolognesa de la noche me cayeron muy mal, debo acostumbrarme a cenar poco para que estas cosas no me vuelvan a pasar”, pensó, mientras recordaba aquel dicho de “Desayunar como un rey, almorzar como un príncipe y cenar como un mendigo”. Y si… no hay con que darle, la sabiduría popular siempre tiene razón, concluyó.

El baño, la higiene, volver al dormitorio y vestirse; para después pasar por la puerta de entrada a buscar el diario y darle un repaso rápido a “La Calle”. Calentar el agua, preparar el té, las pastillas (cada vez son más, de diferentes colores, tamaños y para diferentes cosas), las tostadas y ese escueto desayuno que ya está incorporado al libreto (olvidando la certeza del dicho popular y toda la reflexión anterior).

¡Cuantas veces sabemos que algo nos hace bien, pero por pereza, comodidad, costumbre o vaya a saber qué razón, no lo hacemos! Somos como somos y todo cambio nos cuesta. Es más, con el correr de los años, parece que esos síntomas se agudizan.

Cuando todo estuvo realizado, tomó su maletín y partió –caminando- rumbo a su lugar de trabajo.

El recorrido es –sobre todo en primavera y verano- hermoso. El viento de la mañana todavía es fresco y lo siente sobre el rostro como una palmada amiga que quiere despejarlo, mientras se dispone a cruzar la Plaza Ramírez.

De las tantas cosas bellas que tiene Concepción del Uruguay, la Plaza Ramírez es una de las más destacadas. La frondosa arboleda, los canteros, las fuentes, las flores explotando de color y aroma… y la caminata por ella es un placer… el observar cada detalle, escuchar a los pájaros que no mezquinan su canto, el bordear la histórica pirámide, divisar la Basílica, el Colegio del Uruguay… A esa hora todo es bullicio, en contraposición al resto de la todavía somnolienta ciudad, ya que los empleados municipales están en plena tarea de limpieza.

Pocas cuadras más y llegó al destino. Normalmente y por las características propias de su función, concurre a la oficina una hora antes que el resto. Marcó la tarjeta y comenzó a caminar hacia su puesto de trabajo.

Abrió la puerta y encendió la luz del salón que está antes de su cubículo laboral.

Cuando se dirigía hacía él, le pareció notar algo extraño en su interior, todavía en penumbras. Una figura humana parecía estar sentada frente a su escritorio. Con cautela y algo de preocupación se fue acercando y cuando prendió la luz, vio que aquella sombra no era otra cosa que su compañero de trabajo Eduardo Rodríguez. El tema es que Eduardo había fallecido hacía más de cinco años después de compartir con él más de 25 años en la empresa. Una sensación de sorpresa, miedo y estupor lo invadió, helándole la sangre; hasta que el propio Eduardo, sonriéndole le dijo:

  • Hola “Ciego” como te va… no tengas miedo que soy yo… ¿no te acordás de mi, acaso?
  • Claro que me acuerdo ¿Pero vos no estás?
  • Sí, yo estoy…
  • ¿Cómo es posible…?
  • Hay algo que vos no sabes y es que tanto yo, como muchos de los compañeros que siguieron el mismo camino, todavía venimos todos los días…
  • ¿Qué…?
  • Si, seguimos viniendo, pero quienes trabajan no nos pueden ver… así que transitamos por aquí y por allá, mirando todo lo que hacen…
  • No entiendo ¿Qué sentido tiene?
  • Observamos lo que hacen bien y lo que hacen mal, vigilamos que no echen a perder lo que tanto esfuerzo nos llevó. Es más, tratamos de avisarles para que no cometan errores…
  • ¿y como lo hacen?
  • Escondemos papeles, impedimos que un aparato funcione y mil cosas más. ¡No sabes como se ríe el Petiso García, cuando les desconecta Internet y no saben que hacer…! ¿Te acordás del Petiso García, no es cierto?
  • ¡Como no me voy a acordar del Petiso García…!
  • No sabés los esfuerzos que hacemos para advertir que no se siga un rumbo equivocado, pero parece que no lo advierten.
  • Pero ¿Cómo saben que está bien o mal, si los sistemas no son los mismos y han cambiado tanto, si la tecnología ha transformado todo?
  • Si te digo que eso nos alegró, te miento. Antes llevábamos el control de las cosas en soportes que manejábamos y controlábamos nosotros y no dependíamos de ninguna tecnología para poder hacer nuestro trabajo. Lo hacíamos más lento, pero jamás fallábamos. Una ficha era una ficha y allí estaba todo. Una ficha era tangible, estaba en un archivo, se podía escribir con comentarios, se actualizaba, si hasta se reconocía la letra de quien había hecho cada anotación, hoy –en cambio- todo está automatizado, parece mágico pero engaña y depende de factores extraños y externos… Tenemos la sensación de que hemos perdido el control de las cosas y de que en lugar de que nosotros manejemos los expedientes, ellos nos manejan a nosotros. Que los sistemas están por encima de las personas. Es más, no sabes que calentura que varios de nosotros se agarraron cuando comenzaron a realizar todas esas –para nosotros- involuciones. Te cuento mas, algunos dejaron de venir, porque se sentían defraudados.
  • Eduardo, no me podés decir eso. Estas parcializando y dejas de lado la eficiencia y rapidez con que se realizan muchas de las tareas. Además –como para certificar lo acertado de los cambios- está el éxito que se ha logrado y lo que ha crecido la empresa. El manejarla como se hacía hace veinte o treinta años, con el volumen que hoy tenemos, demandaría tener miles de empleados…
  • ¿y? ¿Qué de malo tiene tener miles de empleados para hacer lo que hace una máquina? ¿más gente que trabaja? ¿más empleo? ¿eso es malo?
  • El costo Eduardo, los números no cerrarían; por otro lado, el tiempo que se emplearía sería mucho mayor, hay que dar respuestas a los clientes con celeridad porque ellos requieren un servicio desde sus móviles, esperando respuestas rápidas, certeras y efectivas, por otro lado, si no lo hacés se van a la competencia.
  • Eficiencia, efectividad, rapidez, falta de tiempo, el costo, los números que cierran o no, la ansiedad… ¿hasta cuándo? ¿Hasta dónde? ¿Cuál es el límite? ¿el vivir como locos? ¿el no vivir…?
  • Me parece, Eduardo que si bien algo de razón tenés, se me ocurre que te hace falta un cambio de paradigma. No podes seguir analizando las cosas como eran hace tanto tiempo atrás. Hoy se vive distinto, diferente y eso no tiene vuelta atrás. El mundo cambio. Las necesidades cambiaron. La gente cambió… Todo cambio.
  • ¿Yo necesito un cambio de paradigma? Mira Ciego, el cambio de por sí no significa nada porque se puede cambiar para que las cosas sean mejores o sean peores, por eso el cambio de por sí no es lo importante, lo importante es que las personas –todas las personas- tengan una mejor calidad de vida, vivan mejor, sean felices… y no van –justamente- por ese camino ¿y sabes cuál es el problema?
  • ¿Cuál…?
  • Que se olvidan de la parte humana, no se dan cuenta y cuando lo advierten, es tarde y ya están más cerca de este mundo de los muertos, que en el que viven…
  • Sigo creyendo que no se puede analizar una época, fuera del contexto de esa misma época. Es un error y lleva a conclusiones equivocadas.
  • Creo que no, pero también creo que ya vas a comenzar a entenderlo.
  • No creo que cambie de opinión…
  • Eso decís ahora…
  • ¿Te puedo hacer una pregunta?
  • Por supuesto.
  • ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué me contás todo esto?
  • ¿Cómo porque estoy aquí? Ya te lo explique. Venimos todos los días. Me parece que tu pregunta debería ser otra…
  • ¿Por qué te puedo ver yo y no todos los demás?
  • Esa es la correcta…
  • ¿Y…?
  • Bienvenido al Club.

 

Este cuento forma parte del libro “Historias de la Rys y otros cuentitos” de Rodolfo Oscar Negri, editado por UCU en diciembre de 2014 y reeditado en diciembre de 2020.

Esta cuento fue publicado por la revista La Ciudad el 5/5/2022

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