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La lucidez de Horacio González descubrió una lengua del ultraje

 

 

Mediante un repaso erudito de textos formales e informales, el sociólogo y ensayista Horacio González descubrió cimientos de maneras de pensar la nación que superan las contingencias epocales. El libro se llamó Lengua del ultraje.

 

Angelina Uzín Olleros / coordinación@eldiario.com.ar

A través de la historia nacional y durante períodos particularmente señalados en el libro “Lengua del ultraje. De la generación del 37 a David Viñas”, Horacio González -desde su magistral erudición- hace un repaso profundo por los recorridos que las palabras fueron tomando para relatar la fundación del país, de la nación, del territorio, y de la patria. No se trata de la madeja de malentendidos a los que nos tiene acostumbrados y acostumbradas el lenguaje en general. González va más allá y desarrolla una formidable clasificación de actos ultrajantes en el universo simbólico del discurso público argentino.

En un trabajo de largo aliento, el autor hace referencia a textos escritos, documentos, relatos ficcionales, expresados de modo epistolar u oral, que fueron vinculándose a tradiciones retóricas, y que organizando una memoria lectora y también auditiva de la nación argentina. “La idea moderna de nación consiste en proceder a un conjunto de decisiones ultrajantes sobre sus miembros, pues esta misma es la definición de grupo: lo que genera una identidad posible (o la posibilidad de una identidad) y lo que por esa misma razón la pone en el umbral de un ultraje. Esto es, exigirle numerosas pruebas de pertenencia, silencio y afección. Siempre, alguna vez, es necesario sentir en sí mismo la notable realidad de que somos expulsados de un reino. Cuando decidimos que el hecho ocurre sin que lo mereciéramos, estamos facultados para llamarlo ultraje. Las historias nacionales, siempre y cuando sean bien narradas, deben acudir a buscar las fuentes de remotas humillaciones colectivas”.

Como ejemplo de ultraje en el presente podemos considerar el término “relato” que se utiliza despectivamente en los medios de comunicación. En la operación, se vincula al “relato” al engaño, a la simulación, o a un artilugio electoral que construye una narración engañosa de las promesas de campaña o la propuesta de un gobierno o en una administración.

Hay un cruce de palabras, que deforma, que insulta, que subestima una figura o una gestión. Construir un relato se ha convertido en la denuncia más frecuente para denostar algo o a alguien. Seguramente esta ha sido la consecuencia de la impronta posmoderna que afirma que han caído los grandes discursos de la modernidad y solamente quedan relatos, fragmentarios, de una totalidad estallada.

En la lectura de este libro podríamos pensar que aquellos discursos sobre los comienzos de la Argentina como nación han caído en relatos esparcidos de razón e imaginación, con criterios de demarcación entre realidad y ficción cada vez más desdibujados.

RECURSOS

Desde Sarmiento pasando por Alberdi, José Hernández, y Mitre repasamos todas las crónicas del cuerpo documental que se aglutina alrededor de textos y figuras que representan la civilización o la barbarie, que describe a los mártires y a los déspotas, que levanta altares y cava tumbas. Al mismo tiempo, lo ficcional y lo real se confunden en un extenso palimpsesto de oraciones fúnebres y paisajes utópicos que -muy a pesar del positivismo reinante en el siglo XIX- dejan huella en la noción de una nacionalidad excluyente, donde no todos pueden ingresar al contrato social, quedando en los márgenes héroes y villanos de la naciente república.

Imposible desandar en este breve artículo toda la información que se despliega en “Lengua del ultraje”. Por ese motivo vamos a detenernos en un personaje que González citaba incluso hace pocos años en sus cursos universitarios. Se trata de Pedro de Angelis, que en 1836 publicó La ciudad encantada de la Patagonia: la leyenda de los Césares, que remite a uno de los mitos más fantásticos de aventureros sumergidos en la magia del nuevo mundo.

Es una leyenda que movilizó enormes esfuerzos, malogrando vidas en campañas de exploración que se armaron para descubrir tesoros y encontrar la llama de la vida eterna.
Esta antología de textos publicados a través de especulaciones delirantes, construyen un imaginario alrededor de la Patagonia colonial. Una mitología con sus fantasmas y sus presencias combativas con capacidad de desarrollar el deseo de querer convertirse en los dueños del lugar, como símbolo y como materialidad.

Rescatamos este formidable pensamiento que hoy mismo podríamos vincular en relación a lo que somos y lo que podríamos llegar a ser:

“No es difícil descubrir que el presente está hecho de muchas tendencias frustradas y de numerosos planes que deben ser abandonados apenas por un pequeño número de conjurados que percibe su imposibilidad. Por otro lado, todo punto crucial de lo que llamamos el presente contiene distintas memorias de su propio pasado y preserva incómodamente los futuros vencidos que cuando comparecen ante el presente que los rememora producen el severo espectáculo de una sigilosa admonición, una ironía sobre la materia misma de lo histórico que permite pensar lo que vendrá mientras sabe que tiene el poder de destruirlo.”

Esta frase contiene la fuerza del desencanto, y también la promesa de lo que todavía podemos realizar; el desencanto de saber que hay futuros vencidos y la promesa de cambiar el rumbo del presente para no destruirlo del todo. En eso estamos, aunque todavía no nos demos cuenta.

En primera persona

Horacio González (1944-2021) fue un sociólogo, docente, investigador, y ensayista. Dictó clases en varias universidades, y dirigió la Biblioteca Nacional entre 2005 y 2015. Publicó numerosas obras de ineludible valor sociológico, político, literario y filosófico, tales como La ética picaresca, Decorados, El filósofo cesante, Las multitudes argentinas, Restos Pampeanos, Filosofía de la conspiración, Historia conjetural del periodismo, Perón, reflejos de una vida, Besar a la muerta, Redacciones cautivas, Paul Groussac: la lengua emigrada, La crisálida. Metamorfosis y dialéctica, Las hojas de la memoria, Un siglo y medio de periodismo obrero y social, Kirchnerismo: una controversia cultural, Genealogías, Violencia y trabajo en la historia argentina.

Armar valijas

El ejercicio fue imaginar que en un futuro impreciso sea descubierta una cápsula en el predelta entrerriano. En su interior los jóvenes exploradores podrían hallar libros, objetos singulares, del ayer, en medio de un mundo evanescente y audiovisual. Qué libros expresarían al menos una parte de las memorias, los relatos aquellos que en alguna medida nos toca actualizar, los versos y estrofas del desencanto y la maravilla de estar vivos. Qué materiales no podrían faltar, entonces, si la idea fuera que ayuden a interpretar el cosmos, el mundo y los dilemas de esta época.

Fuente: El Diario

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