por Estefanía Jaen Frank   –     

Aunque había sido fundada en 1869, la Escuela Normal Mariano Moreno de Concepción del Uruguay abrió sus puertas recién en 1873. Imponente por su arquitectura, que ocupa cuatro manzanas, la institución conserva en su plenitud rasgos de la historia local y nacional. Aunque su apariencia sufrió los justos cambios del devenir temporal, puertas adentro aún persisten atisbos de los tiempos pretéritos.

En el centro de Concepción del Uruguay pasado y presente dialogan y se expresan en la arquitectura múltiple del casco histórico. Dispuesto en forma de damero, característico de las planificaciones españolas, el microcentro uruguayense se ramifica por diversas arterias. La calle San Martín, paralela a la plaza General Francisco Ramírez, se extiende hasta 100 metros antes de su intersección con calle Jordana, porque topa con la Escuela Normal Mariano Moreno.

La institución, hermanada con la existente en Paraná, ocupa cuatro amplias manzanas. En ellas se erigen el jardín de infantes sobre la calle principal de la ciudad, 9 de Julio; la entrada a la escuela secundaria sobre calle Jordana; el ingreso a la primaria por Mariano López; y la casa del cuidador de la institución, en la intersección de esta última y Alberdi, en el lateral sur.

La escuela Normal Marianao Moreno, una de las instituciones clave de Concepción del Uruguay.

Custodiadas por árboles de plátano de sombra, las veredas circundantes a la Escuela Normal, como se la conoce popularmente, nunca están totalmente despejadas. El paso del tiempo y la manipulación humana transformaron el espacio exterior para brindar accesibilidad, con rampas y novedad, con la implementación de un código QR en la vereda para escanear y recibir información sobre el edificio.

Los frentes de ingreso a la primaria y a la secundaria son similares. Ambos están antecedidos por un extenso patio de cemento y porciones de césped que dirigen hacia una escalinata de mármol blanca.
En el interior del establecimiento se emplaza una amplia galería de bustos de próceres y personalidades destacadas de la institución. Cuatro patios completan el panorama general y uno de ellos porta el mástil con la bandera nacional. También se destacan las galerías en su perímetro soportadas por distinguidas columnas de fundición.

Disposición

La institución está nucleada y a la vez dividida a la mitad por el salón de actos, una suerte de barrera entre los patios del sector primario y secundario. A su vez, el área de celebraciones se destaca por su longitud, tapizada con pinoteas que crujen al paso. Aún se conservan los asientos plegables de madera, orientados hacia el escenario cubierto con cortinas de color rosa pálido. Quienes tienen un conocimiento exhaustivo de la historia institucional saben que, dentro de los actos llevados a cabo en el salón, se destacó el funeral de la primera rectora Clementina Comte de Alió, en 1916.

La Escuela Normal Mariano Moreno es rica también en relatos populares, orales y escritos, producto de la transmisión de memorias y de un notable patrimonio archivístico, que mantienen presente el sentido de pertenencia entre las promociones de estudiantes graduados allí.

Uno de los mitos más fervientes narra que debajo del escenario del salón de actos y hasta la plaza central, a tres cuadras hacia el oeste, existen túneles de dimensiones capaces de albergar a un jinete montado a caballo. La misma creencia se mantiene para el lateral sur, sobre la vereda de la casa del cuidador, donde hace algunos años se tapó una antigua puerta de metal a la luz de la vía pública. Se divulga que allí estaba el mismísimo ingreso a un portal hacia el pasado.

Cientos de historias y de documentación epistolar son conservadas en una de las aulas de la institución. Desde 2015 funciona allí el Archivo Histórico, área que aviva el sentido de pertenencia del estudiantado a partir del trabajo documental. Allí, entre cuantiosas cajas rotuladas, reposa parte de la trayectoria escrita y retratada de la Escuela Normal. La otra mitad, intangible, persiste en el imaginario de quienes adoptaron el establecimiento como su segunda casa durante prolongados años.

El salón de actos, uno de los orgullos de la escuela Normal que comparten los distintos niveles.

Datos curiosos

Una de las pautas arquitectónicas es que la construcción está retirada en todo el perímetro. Con ese recurso, se dibuja una franja de verde entre la línea municipal y el edificio como tal, lo que le da otra perspectiva desde las cuatro fachadas.

Hay más información llamativa, por cierto. Una de ellas es que el primer edificio, ubicado a escasas cuadras de la sede actual, se construyó en 1869 cuando el General Justo José de Urquiza gestionó la construcción del edificio en las actuales calles Galarza y Supremo Entrerriano.

Las cuatro manzanas que componen el edificio actual, habían sido donadas (dos por el municipio y dos por la provincia) al gobierno nacional para tal fin ya hacia 1889. Lo que se retrasó más de la cuenta fue la construcción, encargada a la empresa Volpe y Gaggero, que se concretaría hacia 1916. Recién en ese año todos los niveles y dependencias del establecimiento, se instalaron definitivamente en el nuevo emplazamiento.

Legiones de uruguayenses se formaron en la escuela Normal.Fuente: El Diario
Esta nota fue publicada por la revista La Ciudad el 12/4/2022

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