Por Eugenia Delorenzi –
Existe un discurso histórico que impone que para estar ‘bien’ en el verano se debe estar flaca, o flaco; y que además eso es sinónimo de salud. Pero hay profesionales que buscan cambiarlo todo. Una perspectiva de salud en todas las tallas desde la mirada de una nutricionista.
Desde que comienza el mes de septiembre – e incluso antes- la televisión, las redes sociales, las farmacéuticas con productos nuevos y hasta profesionales de la nutrición nos empiezan a bombardear con un mismo mensaje: ‘¿Querés llegar al verano?’, ‘¿Querés bajar esos kilitos de más?’, ‘¿Querés un cuerpo saludable y lindo para el verano?’. Y esto, históricamente ha instalado un discurso de miedo a la gordura, al estar pendiente de ese ‘no llegar’ a cumplir con la expectativa de tener el cuerpo hegemónico que se nos pide – y sobre todo a las mujeres- para estar ‘listas’ para las fotos en la playa.
Pero, ¿de dónde viene? ¿Esto tiene alguna relación con la salud, o simplemente es otra imposición para seguir consumiendo lo que nos quieren vender? En respuesta a estas preguntas, y a un nuevo modo de ver la salud nutricional, hay muchos profesionales que están cuestionando estas premisas, bajo el método HAES (Health at Every Size, o Salud en todas las tallas), que buscan el abordaje de la diversidad de tallas, promoviendo el respeto a todos los cuerpos, independientemente de su tamaño o forma.
¿Qué es esto? El respeto y la igualdad de derechos y oportunidades para todos los tamaños y formas de cuerpos, purgar porque los absurdos estándares de belleza cambien, y que cuerpos de distintos tamaños sean mostrados al mundo como bellos (un cuerpo delgado no es más bello que uno gordo, esto es un mero constructo social).
En esa misma línea, la nutricionista Irene Schvartzman (MP 5173) – de Concepción del Uruguay- usa las redes sociales para difundir de qué trata este tipo de enfoque y en una entrevista profundizó acerca deconstrucción que requiere hablar de la salud y los cuerpos.
Lo que vende, ¿salud?
En primer lugar, utilizando como disparador el “temor” existente a que llegue el verano, Irene Schvartzman destacó: “Hay mucha venta en la corporalidad, en el cuerpo de la mujer sobre todo; en ese mensaje no hay una persona como destinatario, sino que hay un mensaje dirigido a consumidores. Y el laburo de nutricionista no está orientado hacia otro lugar; nos enseñan a ser gordofóbicas, a que el cuerpo de nuestros pacientes puede responder del mismo modo sea el tratamiento que se aplique. Es decir, si yo a una persona que cae en una categoría supuesta de ‘sobrepeso’ y a otra de lo que dentro de lo que se llama ‘normopeso’ les aplico el mismo tipo de dieta espero que respondan del mismo modo. Y eso la verdad es que no es real, todas las personas somos re distintas entre sí”.
“Además, nos enseñan a prescribir conductas que son consideradas dañinas y/o de riesgo para cierta población (delgada y de muy bajo peso) a aquellas personas que no representan el ideal de cuerpo que nuestra cultura promueve (personas de alto peso). Y esto también está basado en una suposición errónea: que el peso alto afecta la salud y todas las personas de talla grande deberían de rebajar”, aclaró.
-¿El problema es la gordofobia?
“Al menos puedo hablar de mi experiencia: había algo que no me cerraba porque yo lo hice, yo fui esa nutricionista que recortaba alimentos y contaba calorías, hasta que empecé a coincidir con profesionales que decían cosas que ya me venían pasando y ahí caí que la gordofobia era efectivamente el problema.
De pronto, después de eso vuelvo a ver el registro de mis pacientes y de 40, a 35 les pasaba lo mismo: miedo a tener sobrepeso, miedo a ser gordo, control de cantidades, control de calorías; acciones purgativas (si como demás el fin de semana no como más en todo el día; etc.). Todas las personas que atendí en algún punto manifestaron alguna de estas cosas y me llamó mucho la atención, cómo puede ser que de repente hablo con tantas personas distintas que no se conocen entre sí y todas estén sufriendo, en menor o mayor medida, lo mismo; las pacientes de 16, lo mismo que las de 30, la que se considera que tiene ‘normopeso’ y quien tiene ‘sobrepeso’.
El cuerpo se percibe como una carta de presentación. Hoy el cuerpo tiene mucho peso en la carta de presentación de la persona, y hay toda una industria que labura a partir del cuerpo de las personas: farmacéuticas, nutricionistas, gimnasios, estética, todos estos laburan con el cuerpo de las personas: ¿entonces vos querés que la persona se sienta más libre, conforme con su cuerpo? No. Quieren que se odien”
-¿Qué asociación hay con la pérdida de peso y el bienestar?
– “Siempre que vienen y me dicen de la forma que quieren bajar de peso les pregunto que quién les dijo que bajar de peso les iba a hacer sentir mejor. Es que eso no depende del cuerpo. Depende de las horas de descanso de una persona, del estrés que viva esa persona, su relación con su cuerpo, su relación con la alimentación.
El cuerpo es muchas cosas: tiene una base genética, una base social, una base cultural; incluso la alimentación puede ser perfecta y puede no tener un cuerpo hegemónico.
Incluso en términos específicos y técnicos el cuerpo no necesita alimentos, sino nutrientes, entonces con satisfacer las necesidades nutricionales ya estaríamos listos para subsistir. Pero los seres humanos como tal es un ser social no comemos únicamente por necesidad fisiológica, sino también por placer. Y tenemos una construcción de lo que es el placer alimentario y cuando no le hacemos lugar o no dejamos que exista suceden otros problemas como los llamados atracones, el miedo a engordar, ansiedad. Y muchas veces esos atracones van de la mano con un sentimiento más allá de lo que esté comiendo. Si una persona come unos fideos con crema y mientras los come piensa: ‘esto me va a engordar, me va a sentir mal’ y lo más probable es que te caiga mal la comida, te de algún dolor; etc. Si los comes tranquila, porque tenés ganas, ya no te hace mal, a menos que haya alguna patología, claro.
-El peso en relación a la salud del cuerpo, ¿existe?
-“Se intentó establecer esa relación en 1990 cuando la OMS empieza a incorporar el IMC que se comienza una medición en una población y él aclarando que no aconsejaba tomar esto como una medición de salud. La OMS agarra el indicador y lo vincula con el desarrollo de patologías como diabetes, enfermedades, etc. Entonces te dice que las personas que caigan a personas con IMC mayores a 30 son propensas a tener enfermedades cardiovascualres. Y eso es un sí y un no.
Es cierto que hay una relación entre enfermedades como diabetes o cardiovasculares con la grasa corporal; pero también es cierto que hay gente que es considerada con ‘sobrepeso’ no lo tiene y gente que no tiene exceso de grasa corporal y la posee.
-¿y por qué el argumento de la salud se usa entonces para criticar todo cuerpo que se salga de la norma estética que impone la sociedad?
– “Porque es lo que nuestra cultura dominante promueve. Es casi generalizada la idea de que todas las personas deberíamos aspirar a ser delgados ya que se cree que las personas de menor tamaño son más saludables.
Lo cierto es que no es posible determinar nada con respecto a la salud de una persona en base solo al tamaño de su cuerpo: así como hay personas con pesos altos y un perfecto estado de salud, hay personas delgadas enfermas.
Además, la salud no solo abarca el área física, sino que involucra también componentes emocionales, psicológicos y sociales (estos son los determinantes sociales de la salud).
Y acá aparece esta pregunta que quiero abrir con mis pacientes siempre; porque el peso no es parámetro de salud; entonces: ¿qué es salud? Consumo de alcohol, consumo de cigarrillo, la gestión del estrés, la actividad física, el descanso nocturno; y eso en disbalance podría generar ese mismo desarrollo de enfermedades.
Una deconstrucción que vino para quedarse
Irene utiliza sus redes sociales para trabajar en la deconstrucción de este mensaje social y cultural que a diario nos bombardea. Ha sumado muchísimas seguidoras y seguidores en búsqueda de poder ser más amables con nuestros cuerpos, lo que denota que hay una necesidad de cambio social relacionado con la aceptación de las personas, independientemente de la forma o el tamaño del cuerpo. Y el movimiento Salud en Todas las Tallas es una de las mejores formas de lograr este cambio.
Alejarse del discurso basado en el peso tiene sentido, particularmente en términos de salud. “El énfasis en mejorar nuestra relación con la comida y con nuestros cuerpos debe ser más importante que llegar a determinado peso”, concluyó Irene.
¿Será difícil cambiar de un modelo de salud centrado en el peso a un modelo que incluya el peso? Seguro. ¿Pero valdrá la pena dejar de torturarnos sobre los ideales corporales creados socialmente? Seguro que sí.
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